
La cifra fue dada a conocer por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). A causa del cierre de empresas, más de 260.000 trabajadores fueron despedidos en ese período. Estos son los rubros más afectados.


El Gobierno designó a un militar para conducir Defensa y generó un revuelo como si hubieran resucitado a la Junta. Pero la voz que incomodó no fue la de organismos ni la de opositores ruidosos, sino la de César Milani: celebró la decisión, criticó el perfil liberal del designado y le marcó al peronismo su propia cobardía estratégica.
Actualidad24/11/2025
El Gobierno tiró una piedra grande al avispero político: designó a un militar al frente del Ministerio de Defensa. Nada nuevo bajo el sol de cualquier país normal, pero en Argentina la reacción fue automática, casi pavloviana. Desde cierta progresía con reflejos de archivo saltaron a gritar “dictadura” como si Videla estuviera esperando en el hall del ministerio para cortar la cinta. Un disparate funcional a Milei, que vive de esos contrastes. Pero el dato político no estuvo ahí: estuvo en la aparición de César Milani, el exjefe del Ejército, diciendo lo que pocos en el peronismo se animan a admitir.
“Es totalmente coherente”, dijo. Y agregó algo todavía más disruptivo: “El peronismo debió tomar esta decisión hace muchos años”. Una bomba para el mundo K, que suele leer al Ejército como una institución con la que no se puede ni rozar un expediente. Pero Milani, militar peronista hasta el hueso, sabe bien que el problema no es la institución, sino qué proyecto político la conduce.
Y ahí mete el dedo en la llaga: el tema no es nombrar a un militar, sino nombrar a un militar liberal. “No estoy de acuerdo para nada con que la persona que va a asumir el cargo sea un militar liberal”, dijo sin rodeos. Si se pudiera traducir la frase al dialecto PJ, sería algo así como: “El sillón de Defensa podía ser nuestro, pero tuvimos miedo. Ahora lo ocupa la derecha”.
Milei capitaliza los miedos que otros abandonan
La jugada del Gobierno funciona en varios niveles. Primero, porque rompe un tabú. Segundo, porque lo hace en un área donde el peronismo, movimiento creado por un Teniente General, decidió no avanzar para no “generar ruido”. Y tercero, porque pisa un terreno donde hay un imaginario muy instalado: el de la “seguridad fuerte”. Milei entendió que nombrar a un militar no es un gesto técnico, es un gesto simbólico. Habla a ese electorado que cree que “alguien tiene que poner orden”, aunque no pueda explicar orden de qué.
Milani, sin quererlo, le dio argumentos. Sostuvo que “impedir que un militar acceda al puesto no es bueno para el país”. Criticó la idea de excluir uniformados por principio y habló de idoneidad, palabra que ya no abunda en la política argentina. Pero también aprovechó para pegarle al Gobierno: cuestionó la orientación liberal del designado, habló de un área militar donde “el ala liberal está predominando” y, de yapa, dijo que el ministro saliente “iba en la misma línea”. No es un elogio, es una advertencia.
El exjefe del Ejército fue más allá: señaló la crisis salarial del sector, dijo que “los sueldos están 60% por debajo de la línea de pobreza” y que “la situación es crítica”. Esa parte no entra en los posteos épicos del oficialismo, pero es el corazón del problema. Milei puede jugar con símbolos, pero los militares comen todos los días. El deterioro salarial erosiona cualquier intento de profesionalización real.
El peronismo y la parálisis
Si hubo un dato político relevante en medio del ruido, fue que Milani golpeó más al peronismo que al Gobierno. Dijo que “su momento va a llegar cuando este modelo fracase”, pero también dejó claro que el peronismo no ofreció conducción clara ni propuestas sobre defensa en veinte años. Todo lo que no ocupó, Milei lo está ocupando. Y no por virtud propia, sino por omisión ajena.
Mientras tanto, el Gobierno avanza con su narrativa de reformas profundas y satura la agenda con temas que no son prioritarios pero que generan efecto inmediato: migraciones, defensa, orden, disciplina. No necesariamente resuelven nada, pero producen clima político. El peronismo mira, critica en bloque, pero no formula alternativa. La escena es simple: Milei juega al ajedrez y el PJ juega al Jenga.

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