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title: "El 44% de los jóvenes sigue viviendo con sus padres porque independizarse cuesta más que un sueldo"
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description: "El costo de alquilar, las expensas, los servicios y los gastos iniciales para mudarse empujan a miles de jóvenes argentinos a postergar la salida del hogar familiar. Un estudio de la UADE revela que independizarse demanda un ingreso muy superior al salario promedio de esa generación."
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date_published: "2026-07-30T00:26:00-03:00"
date_modified: "2026-07-30T00:27:37-03:00"
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# El 44% de los jóvenes sigue viviendo con sus padres porque independizarse cuesta más que un sueldo

![NOTA JOVENES VIVIENDAS](/download/multimedia.normal.aca56fb4ad42f9d8.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)La imagen se repite en miles de hogares argentinos. Jóvenes que trabajan, estudian, terminan una carrera o incluso desarrollan una profesión continúan viviendo con sus padres. No porque hayan renunciado al deseo de construir un proyecto propio, sino porque el costo de hacerlo quedó muy por encima de sus posibilidades económicas. La independencia dejó de ser un paso natural hacia la adultez para convertirse en una meta que depende, cada vez más, de la capacidad de llegar a fin de mes.

El fenómeno quedó reflejado en un relevamiento del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Según el estudio, el 44 por ciento de los jóvenes argentinos todavía reside con su madre o su padre, mientras que apenas el 26 por ciento vive solo y un 21 por ciento comparte vivienda con amigos o compañeros.

Cuando el alquiler vale más que el proyecto de vida

La principal explicación aparece en los números. La denominada canasta de emancipación -que contempla alquiler, servicios, expensas y gastos básicos para sostener una vivienda- alcanza los 1.321.651 pesos mensuales. La cifra representa un monto 47 por ciento superior al salario promedio de un trabajador joven, estimado en alrededor de 900.000 pesos.

La distancia entre ingresos y costo de vida modifica decisiones personales que antes parecían inevitables. Formar un hogar, alquilar un departamento o simplemente vivir solo dejaron de depender únicamente de la voluntad. Hoy también exigen una estabilidad económica que buena parte de los jóvenes todavía no consigue.

La investigación también muestra que permanecer en la casa familiar no siempre se vive de la misma manera. Mientras el 27 por ciento de los consultados asocia esa convivencia con tranquilidad y apoyo, otro grupo reconoce experimentar frustración o una sensación de estancamiento por no poder alcanzar la autonomía habitacional.

Los especialistas de la UADE advierten que la adultez ya no puede medirse únicamente por el lugar donde se vive. Muchos jóvenes trabajan, toman decisiones, continúan estudiando, viajan o desarrollan proyectos personales, aunque todavía dependan del hogar familiar para resolver una cuestión tan básica como la vivienda.

A esa realidad se suman otros obstáculos que exceden el precio mensual del alquiler. Garantías, mudanzas, equipamiento inicial, ingresos demostrables y la incertidumbre sobre la evolución del salario convierten el acceso a una vivienda en un desafío mucho más amplio que firmar un contrato.

El estudio también refleja un fenómeno que comienza a repetirse: uno de cada siete jóvenes volvió a vivir con sus padres después de haberse independizado, ya sea por una separación, el regreso desde el exterior o porque el costo de sostener un alquiler terminó siendo imposible.

Mientras el acceso a la vivienda propia continúa lejos para gran parte de esta generación y el alquiler absorbe una porción creciente de los ingresos, la casa familiar vuelve a ocupar un lugar central como red de contención. No responde a una elección generacional ni a una supuesta falta de voluntad para independizarse. Es, sobre todo, la expresión de una realidad económica que empuja a miles de jóvenes a prolongar una convivencia que, en muchos casos, imaginaban mucho más breve.

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