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title: "Caseros: un chico armado asaltó a un vecino y puso en crisis la seguridad municipal"
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description: "El asalto ocurrió a plena luz del día en Caseros. Un menor de alrededor de 12 años apuntó a un vecino, le robó dinero y celular y escapó con otros jóvenes tras sustraer un auto. No hay detenidos y el caso vuelve a exponer la distancia entre el discurso de seguridad municipal y lo que viven los barrios."
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date_published: "2026-08-13T08:12:00-03:00"
date_modified: "2026-08-13T08:13:07-03:00"
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# Caseros: un chico armado asaltó a un vecino y puso en crisis la seguridad municipal

![NOTA 3](/download/multimedia.normal.81a397eaf32f9f9a.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)Eran casi las dos de la tarde en Caseros cuando Roberto bajó de su casa para acercarse a su camioneta. No había oscuridad, calle desierta ni madrugada para alimentar explicaciones cómodas. Había sol, movimiento y una esquina de Tres de Febrero. Entonces apareció un Nissan circulando a contramano, frenó y bajaron varios jóvenes. Uno parecía no tener más de 12 años. Llevaba un arma en la mano.

El chico fue directamente hacia Roberto, lo apuntó y le exigió sus pertenencias. Se llevó el celular, revisó sus bolsillos y tomó el dinero que tenía encima. También buscó cadenas de oro. Roberto abrió la campera para mostrarle que no llevaba ninguna.

La escena ocurrió en Juan de Garay y Caseros y quedó registrada por una cámara de seguridad. Allí se observa también uno de los momentos más inquietantes: cuando la víctima intenta alejarse corriendo, el menor vuelve sobre él, lo alcanza y, siempre con el arma, le exige que desbloquee el teléfono.

El grupo intentó además llevarse la camioneta de Roberto. Al no conseguirlo, cambió rápidamente de objetivo. A pocos metros había un Citroën C3 perteneciente a un cliente del taller mecánico ubicado debajo de la vivienda. Se lo llevaron y escaparon. Otro vecino alcanzó a filmar parte de la fuga.

La Policía llegó después. Intervino personal de la Comisaría Primera de Tres de Febrero y comenzó la búsqueda de los responsables. Hasta el momento no fueron informadas detenciones.

**Una cámara registra el delito, pero no lo evita**

Roberto no hablaba como quien acababa de conocer la inseguridad. Ya había sufrido otro robo en su propia casa. En aquella oportunidad le forzaron una entrada, permanecieron dentro durante un largo período y se llevaron buena parte de sus pertenencias. Esta vez podía agradecer estar vivo, pero también estaba cansado.

Ese cansancio es el dato político que las imágenes de seguridad no alcanzan a registrar.

Tres de Febrero lleva años promocionando cámaras, tecnología, centros de monitoreo y dispositivos de prevención. Diego Valenzuela construyó buena parte de su comunicación de gestión alrededor de esa estética y Sebastián Aybar heredó una administración donde la seguridad sigue ocupando un lugar central en el discurso oficial. El problema aparece cuando la secuencia concreta sucede frente a una cámara, en pleno día, con un chico armado persiguiendo a un vecino por una calle de Caseros.

La tecnología es necesaria. Puede reconstruir recorridos, identificar vehículos, aportar pruebas y facilitar una investigación. Pero una cámara que filma un robo sigue siendo, antes que nada, una cámara que llegó tarde.

Y el episodio obliga a mirar algo todavía más delicado: la edad aparente del agresor. Si efectivamente se trata de un chico de alrededor de 12 años, el problema excede largamente una discusión sobre patrulleros. Hay una trama social y criminal capaz de poner un arma en manos de un menor y hacerlo participar de un robo organizado junto a otros jóvenes. Convertir eso simplemente en material para reclamar mano dura sería tan pobre como fingir que la seguridad municipal no tiene ninguna responsabilidad preventiva.

Caseros, Ciudadela, Villa Bosch y otros barrios de Tres de Febrero no necesitan una guerra de consignas. Necesitan presencia policial eficaz, investigación criminal, trabajo sobre vehículos robados, armas ilegales, reincidencia y redes que incorporan menores, además de políticas sociales capaces de intervenir antes de que un chico termine empuñando un arma.

La gestión Valenzuela-Aybar puede seguir mostrando pantallas, domos y mapas digitales. Todo eso sirve. Pero gobernar la seguridad no consiste en demostrar cuántos ojos electrónicos miran una esquina después del robo.

El verdadero éxito sería que Roberto pudiera bajar de su casa a las dos de la tarde sin convertirse otra vez en protagonista involuntario de una filmación policial.

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