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title: "Tarjetas al límite: solo un tercio paga el resumen y crece la deuda para cancelar otras deudas"
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description: "Un relevamiento de Inteligencia Analítica muestra que apenas el 36% pudo cancelar el último resumen y el 77,2% tomó nueva deuda para pagar obligaciones anteriores. El deterioro abre otra pregunta: cuánto pueden soportar bancos, fintech, financieras y comercios si la mora sigue creciendo."
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date_published: "2026-09-03T22:52:00-03:00"
date_modified: "2026-09-03T22:53:46-03:00"
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# Tarjetas al límite: solo un tercio paga el resumen y crece la deuda para cancelar otras deudas

![NOTA ECONOMIA](/download/multimedia.normal.8e90cbbbb7c02ccc.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)La tarjeta de crédito dejó de ser para muchas familias argentinas una herramienta para adelantar consumo y pasó a funcionar como extensión de un ingreso que ya no alcanza. Apenas el 36% de los relevados pudo cancelar por completo el último resumen. Cuando el crédito financia la vida cotidiana y después hace falta otra deuda para pagar la anterior, la discusión ya no es cuánto consumen los hogares, sino cuánto tiempo pueden sostener la rueda.

Los datos pertenecen a un relevamiento de Inteligencia Analítica sobre 2.252 casos efectivos. El 48,2% señaló a la tarjeta como su principal deuda. El 62,1% mantiene algún pago atrasado y el 77,2% recurrió en los últimos meses a una deuda nueva para cancelar otra.

El mecanismo es muy feroz. Si una familia cobra menos de lo necesario para alimentos, servicios, alquiler y otros gastos corrientes, la tarjeta cubre inicialmente el agujero. Al mes siguiente llegan cuotas más nuevos consumos. Si se paga parcialmente, queda un saldo que genera intereses, disminuye el límite disponible y una porción creciente del ingreso siguiente queda comprometida antes de cobrarlo.

Del crédito como puente al crédito como trampa

El 27,6% pagó más que el mínimo pero menos que el total, el 18,4% abonó solamente el mínimo y otro 11,8% ni siquiera llegó a esa cifra. El mínimo no cancela la deuda: posterga capital y carga intereses sobre el futuro.

La simulación de Inteligencia Analítica muestra la velocidad del deterioro. Para una tarjeta con $2 millones de límite, consumos mensuales de $500.000 en un pago y otros $600.000 financiados en seis cuotas, sostener únicamente el mínimo lleva ese pago a $337.653 en el segundo mes, $771.540 en el tercero y $1.102.369 en el cuarto. Hacia el sexto y séptimo mes, el mínimo ronda el 65% del saldo. El crédito que debía resolver un faltante termina apropiándose de buena parte del ingreso.

La deuda familiar tampoco es solamente un problema del deudor. Bancos, fintech, financieras, comercios y hasta el fiado de barrio pueden ampliar crédito mientras esperan cobrar. Pero ninguna cartera soporta indefinidamente que aumenten juntos atrasos, refinanciaciones y clientes que toman deuda para cancelar deuda.

El dato decisivo es ese 77,2%. Endeudarse para pagar otra obligación significa que muchos hogares ya no financian consumo futuro: compran tiempo. Entre quienes no recurrieron a ese mecanismo, el 62,3% no tiene atrasos. Entre quienes lo hicieron varias veces, los que permanecen al día caen al 25,7%.

Por eso, mirar solamente ventas con tarjeta puede producir una ilusión. Una compra no demuestra capacidad de consumo. Puede también revelar lo contrario: que el salario perdió capacidad para pagar aquello que el hogar igualmente necesita.

La pregunta incómoda es hasta dónde puede ajustarse una familia antes de dejar de pagar. Y detrás aparece otra: ¿hasta dónde puede crecer la mora antes de convertirse en un problema para quienes prestan?

Cuando tres de cada cuatro endeudados necesitan una deuda para cancelar otra, ya no alcanza con celebrar que todavía existe crédito. El crédito sano anticipa ingresos. El crédito de emergencia reemplaza ingresos que faltan. Y cuando las familias financian alimentos y vivienda mientras los intereses corren más rápido que sus salarios, la tarjeta deja de ser una comodidad: se convierte en el último puente antes de que el presupuesto doméstico caiga al agua.

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