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title: "Inflación en CABA: bajó al 1,7% y abre el debate entre estabilidad y depresión económica"
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description: "El IPC porteño marcó en agosto su menor variación en un año y anticipa un posible dato nacional debajo del 2%. Pero la inflación núcleo quedó en 2,1% y servicios, tarifas y vivienda siguen presionando. El interrogante es cuánto hay de estabilización y cuánto de una demanda exhausta."
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date_published: "2026-09-09T06:54:00-03:00"
date_modified: "2026-09-09T06:56:05-03:00"
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# Inflación en CABA: bajó al 1,7% y abre el debate entre estabilidad y depresión económica

![NOTA INFLACIÓN](/download/multimedia.normal.8b8f3fff9173b8bd.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)La inflación porteña volvió a ubicarse debajo del 2% y le entregó al Gobierno una señal favorable antes del dato nacional. El IPC de la Ciudad de Buenos Aires aumentó 1,7% en agosto, según el Instituto de Estadística y Censos porteño (IDECBA), contra 2,9% de julio. El resultado es el menor en un año y refuerza la expectativa de que el INDEC informe el jueves una variación nacional también inferior al 2%. La discusión empieza al preguntar por qué bajan los precios, y qué ocurre con la actividad.

En los primeros ocho meses de 2026, la inflación de CABA acumuló 21,5% y alcanzó 33,3% interanual. La desaceleración mensual es evidente, pero debajo del promedio aparecen movimientos que impiden hablar de una victoria completa. La inflación núcleo, que intenta mostrar la dinámica menos volátil de los precios, fue de 2,1%. Quedó por encima del índice general.

También ayudó un factor difícil de presentar como permanente: los estacionales cayeron 2,9%, empujados por menores precios de hoteles y paquetes turísticos. Cuando esa baja desaparezca, el índice necesitará otros anclajes para mantenerse en estos niveles.

Precios más lentos, bolsillos bajo presión

La composición del IPC porteño muestra dónde continúa la tensión. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentaron 2,6%, por alquileres y gastos comunes. Alimentos y bebidas subieron 1,8%, con un salto de 12,5% en frutas, 2,3% en pan y cereales y 1,6% en leche, lácteos y huevos. Salud y transporte también estuvieron entre las divisiones que más empujaron el índice.

Hay otra diferencia importante. Los bienes avanzaron 1,6% y acumulan 17,2% en el año. Los servicios aumentaron 1,8% en el mes y ya suman 24%. En doce meses, la brecha resulta todavía más visible: 28,5% para bienes frente a 36,2% para servicios. Los regulados acumulan una suba interanual de 41,6%.

El Gobierno puede exhibir la desaceleración como uno de los resultados centrales de su programa. Después de años de inflación alta, conseguir meses cercanos o inferiores al 2% modifica expectativas, contratos y decisiones económicas. Negarlo sería reemplazar análisis por militancia.

Pero existe otra pregunta que una cifra de inflación no responde: cuánto de esa estabilidad proviene de una economía con demanda debilitada. Si las familias restringen compras, las empresas encuentran menos margen para remarcar. Eso ayuda a desacelerar precios, aunque también puede convivir con menor consumo, actividad débil y capacidad productiva ociosa.

Allí aparece la frontera entre estabilización y depresión. Una economía sana necesita precios previsibles, pero también salarios capaces de comprar, empresas que vendan, inversión y empleo. Si la inflación baja mientras el ingreso disponible queda comprimido por alquileres, tarifas, servicios y deuda, el éxito nominal puede sentirse bastante menos extraordinario cuando llega la cuenta a fin de mes.

El 1,7% porteño anticipa que septiembre político probablemente encuentre al Gobierno celebrando otro dato de inflación favorable. Y tendrá motivos. Pero la segunda mitad de la discusión ya no pasa únicamente por cuánto aumentan los precios, sino por cuánto puede comprar una familia con lo que gana. Bajar la inflación era indispensable. Convertir esa estabilidad en crecimiento es la prueba que falta. Porque una economía también puede dejar de tener fiebre cuando está demasiado débil para correr.

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