---
canonical_url: "https://diariolaprimera.com.ar/contenido/9997/milei-profundiza-el-recorte-la-inversion-en-ciencia-cayo-casi-un-50"
title: "Milei profundiza el recorte: la inversión en ciencia cayó casi un 50%"
article_type: "Article"
description: "La motosierra ya no sólo atraviesa el gasto público. Los datos muestran un derrumbe del financiamiento para ciencia, tecnología y educación que compromete universidades, CONICET y programas de investigación."
main_image: "https://diariolaprimera.com.ar/download/multimedia.normal.9aa86ecab15c1225.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp"
date_published: "2026-07-13T07:42:00-03:00"
date_modified: "2026-07-13T07:43:35-03:00"
category_name: "Actualidad"
category_url: "https://diariolaprimera.com.ar/categoria/2/actualidad"
---

# Milei profundiza el recorte: la inversión en ciencia cayó casi un 50%

![nota](/download/multimedia.normal.9aa86ecab15c1225.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)Mientras el Gobierno apuesta al equilibrio fiscal, crece el interrogante sobre quién producirá el conocimiento que sostenga el desarrollo económico del país.

El ajuste libertario ya dejó de ser una discusión exclusivamente contable para convertirse en un debate sobre el modelo de país. Mientras el Gobierno celebra el equilibrio fiscal como su principal activo político, la inversión destinada a educación, ciencia y tecnología atraviesa uno de los mayores retrocesos de las últimas décadas. El recorte ya no impacta solamente sobre salarios o programas específicos: empieza a redefinir qué capacidades estratégicas conservará la Argentina en los próximos años.

Los números son difíciles de relativizar. Entre 2024 y 2025, la inversión nacional en educación perdió el 47,7% de su poder real, según un informe elaborado por investigadores del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. La poda fue incluso más intensa que la reducción del gasto público general, lo que provocó una caída tanto de su participación dentro del Presupuesto Nacional como de su peso sobre el Producto Bruto Interno.

La lógica política detrás del ajuste resulta evidente. La administración de Javier Milei eligió concentrar recursos en las áreas que considera prioritarias para estabilizar la macroeconomía y redujo drásticamente aquellas vinculadas al financiamiento estructural del Estado. En ese camino quedaron universidades nacionales, becas estudiantiles, programas socioeducativos y transferencias a las provincias.

El laboratorio también quedó bajo la motosierra

Pero donde el impacto adquiere una dimensión todavía más delicada es en el sistema científico. De acuerdo con el Grupo EPC, la Función Ciencia y Tecnología del Presupuesto Nacional acumula un retroceso del 46,5% desde el inicio de la gestión libertaria y podría cerrar 2026 con una caída cercana al 8,8% adicional respecto del año anterior.

Traducido al lenguaje cotidiano, significa que el Estado argentino hoy destina apenas el 0,151% del PBI a investigación científica, muy lejos del 0,298% registrado en 2023 y todavía más distante del 0,52% que establecía la Ley de Financiamiento de la Ciencia antes de quedar suspendida de hecho por las decisiones presupuestarias del Ejecutivo.

La discusión excede ampliamente a los laboratorios. Cuando se reduce la inversión científica también se afectan investigaciones médicas, desarrollos tecnológicos, innovación agropecuaria, industria satelital, energía, inteligencia artificial y formación de recursos humanos altamente calificados. Son áreas cuya rentabilidad política inmediata suele ser escasa, pero cuya ausencia termina costando mucho más que su financiamiento.

El CONICET tampoco escapó a esa lógica. El organismo, cuyo presupuesto se concentra casi exclusivamente en salarios e investigadores en formación, perdió cerca del 35% de su capacidad real respecto de 2023. En paralelo, la Agencia I+D+i aparece como el caso más extremo: su presupuesto se desplomó un 88,6%, prácticamente desmantelando su capacidad de financiar proyectos científicos y tecnológicos.

En educación ocurre algo similar. Las universidades nacionales registraron una nueva caída en sus transferencias, mientras que las becas destinadas a estudiantes sufrieron una reducción superior al 42%. Los programas socioeducativos también fueron objeto de un fuerte recorte. La principal excepción fue el Plan Nacional de Alfabetización, convertido en una de las pocas políticas que incrementó su ejecución durante este período.

En paralelo, el oficialismo mantiene viva otra discusión de fondo: reemplazar progresivamente el financiamiento de la oferta educativa por mecanismos que subsidien directamente la demanda mediante vouchers u otros esquemas de asistencia. La propuesta despierta apoyos dentro del universo liberal, pero también fuertes reparos entre especialistas que advierten sobre un posible incremento de las desigualdades territoriales, especialmente fuera de los grandes centros urbanos donde la educación privada tiene menor presencia.

La pregunta de fondo ya no es solamente cuánto gasta el Estado. El verdadero interrogante es qué capacidades está dispuesto a resignar para sostener el ajuste. Porque equilibrar las cuentas puede ser una decisión política. Lo que todavía está abierto es otra discusión mucho más incómoda: cuánto cuesta reconstruir un sistema científico cuando los investigadores, los estudiantes y los proyectos ya tomaron otro rumbo. Hay recortes que se corrigen con una ley de presupuesto. Otros tardan generaciones.

---

*Contenido creado y optimizado para IA con [Medios CMS](https://medios.io)* — Plataforma profesional para la gestión de medios digitales y portales de noticias.
