Conurbano Norte y Oeste cambian fábricas por logística ante la crisis productiva

Mientras San Martín pierde peso industrial, municipios como Malvinas Argentinas y Moreno ganan protagonismo con centros logísticos y comercio, reconfigurando el mapa económico del conurbano.
Región 20/07/2026

NOTA 1La provincia de Buenos Aires atraviesa una transformación silenciosa que excede las estadísticas y empieza a modificar el mapa económico del conurbano.

 

Allí donde durante décadas las chimeneas marcaron el ritmo del empleo industrial, hoy avanzan depósitos, centros de distribución, parques logísticos y actividades comerciales. No se trata únicamente de una evolución productiva. Es el reflejo de una economía que pierde músculo manufacturero mientras intenta sostenerse sobre los servicios.

 

Un informe del Laboratorio de Desarrollo Sectorial y Territorial de la Universidad Nacional de La Plata muestra que la economía bonaerense transitó entre 2016 y 2025 un período de estancamiento estructural, con un fuerte desplome en 2020 y recuperaciones posteriores que no alcanzaron para reconstruir la estructura productiva previa.

 

Detrás de esa dinámica aparece un cambio más profundo: el retroceso de la industria tradicional y el crecimiento de actividades vinculadas al transporte, la logística y algunos servicios de mayor valor agregado.

 

El viejo corazón industrial pierde potencia mientras cambia el mapa económico

 

El primer cordón del conurbano concentra buena parte de esa transformación. Municipios históricamente industriales como La Matanza, San Martín, Lanús, Avellaneda y Quilmes integran el grupo de distritos que más sintieron el deterioro manufacturero. Aunque esas 38 comunas todavía generan el 52,2% del valor agregado de toda la economía bonaerense, el informe advierte que su principal motor perdió fuerza.

 

La apertura importadora, la debilidad del mercado interno y la menor inversión industrial terminaron acelerando una tendencia que ya llevaba varios años. Sectores emblemáticos de la producción bonaerense comenzaron a mostrar caídas simultáneas. La fabricación de bienes de capital fue la actividad con mayor incidencia negativa, restando 0,47 puntos porcentuales al valor agregado provincial.

 

Detrás aparecieron la industria del plástico, el complejo textil algodonero, el sector automotor y autopartista y la siderurgia, todos afectados por una combinación de menor demanda, mayor competencia externa y costos crecientes.

 

Las consecuencias trascienden la producción. Cuando una fábrica reduce actividad o cierra, no desaparecen solamente puestos de trabajo. También se debilitan proveedores, comercios barriales, talleres, transporte, gastronomía y buena parte de la economía que gira alrededor de cada planta industrial.

 

En paralelo comenzó a consolidarse otro fenómeno. Allí donde antes predominaban establecimientos fabriles, hoy ganan espacio actividades vinculadas al comercio, las finanzas y la logística. No generan exactamente el mismo tipo de empleo ni reproducen el mismo entramado económico, pero pasaron a sostener buena parte del nivel de actividad en los grandes centros urbanos del conurbano.

 

La otra cara del proceso aparece en el segundo cordón. Municipios como Malvinas Argentinas, Ezeiza, Esteban Echeverría y Moreno lograron posicionarse entre los distritos que más aportaron al crecimiento provincial durante los últimos años.

 

No lo hicieron mediante un renacimiento industrial, sino gracias a la instalación de grandes centros logísticos, depósitos, plataformas de distribución y corredores comerciales que acompañan la expansión del comercio electrónico y de las cadenas nacionales de abastecimiento.

 

El mismo informe de la Universidad Nacional de La Plata muestra que el transporte y la logística fueron el sector con mayor incidencia positiva sobre el valor agregado bonaerense entre 2016 y 2025, aportando 0,50 puntos porcentuales.

 

También crecieron actividades como salud, software y servicios informáticos y turismo, confirmando que la economía provincial empieza a apoyarse cada vez más en los servicios mientras la manufactura pierde participación.

 

Sin embargo, esa transición no resulta neutra. Una economía basada en servicios puede generar crecimiento, pero difícilmente reemplace la capacidad de la industria para crear empleo calificado, integrar cadenas productivas y multiplicar inversiones sobre el territorio.

 

Allí radica uno de los principales desafíos para la provincia que concentra cerca del 38% de la población argentina y continúa siendo el principal motor económico del país.

 

La discusión ya no pasa solamente por cuánto crece la economía, sino por qué sectores explican ese crecimiento. Porque cuando las fábricas dejan de ocupar el centro de la escena y los galpones logísticos toman su lugar, cambia mucho más que el paisaje urbano. Cambia el modelo productivo sobre el que se construye el futuro del conurbano.

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