El Gobierno consiguió durante el primer semestre una combinación cómoda: inflación en descenso, dólar contenido y tasas en pesos bajas. Ese equilibrio empezó a mostrar una grieta. Los rendimientos volvieron a subir porque hay menos pesos disponibles. Cuando el tipo de cambio deja de estar holgado, la estabilidad cambiaria exige retirar liquidez. Y si eso dura, el costo empieza a pagarlo la economía real.