
Dos bandas se enfrentaron a tiros en San Martín y hallaron ametralladoras tumberas en los allanamientos

La madrugada del viernes dejó una escena poco habitual incluso para una zona acostumbrada a conflictos vinculados al narcomenudeo. Dos grupos se enfrentaron a tiros entre La Catanga y Villa Tranquila, en San Martín, dispararon contra policías y terminaron dejando detrás algo que encendió una alarma adicional: dos ametralladoras artesanales, municiones y equipamiento capaz de aumentar notablemente la potencia de fuego de armas cortas.
El primer llamado llevó al Comando de Patrullas hasta el asentamiento conocido como La Catanga. Los efectivos escucharon disparos y vieron a tres hombres que escapaban corriendo. Cuando advirtieron la presencia policial, los sospechosos abrieron fuego para cubrir la fuga. Una suboficial respondió con su arma reglamentaria y, después del intercambio, fue detenido un adolescente de 16 años. Los otros dos lograron escapar.
Dentro del barrio, la Policía encontró además a dos jóvenes de 23 años heridos de bala. Uno tenía un impacto en el tórax. El otro presentaba lesiones en un brazo, el rostro y el cuello. Ambos fueron trasladados al Hospital Castex y quedaron internados con pronóstico reservado.
La hipótesis que manejan los investigadores es que habían participado de una disputa entre un grupo de La Catanga y otro vinculado a la cercana Villa Tranquila. Los dos hombres que habían logrado escapar del primer enfrentamiento corrieron justamente en esa dirección.
El dato que preocupa: apareció fuego automático
Hacia Villa Tranquila fueron enviados efectivos de la Fuerza de Prevención Barrial de San Martín. Allí volvió a repetirse la escena: disparos contra los policías y respuesta de los uniformados. En ese segundo intercambio no se informaron heridos.
Después llegaron los allanamientos. En una vivienda encontraron una pistola calibre .380, municiones y dos armas conocidas como ametralladoras tumberas. Son dispositivos construidos artesanalmente con distintas piezas y preparados para efectuar disparos automáticos.
El detalle cambia la dimensión del caso. Una tumbera puede parecer rudimentaria, pero para convertir piezas dispersas en un arma capaz de disparar en ráfaga se necesita conocimiento técnico. La aparición de dos ejemplares abre entonces una pregunta que excede a los participantes de aquella madrugada: quién las fabricó y hasta dónde circulan ese tipo de capacidades dentro de las redes criminales del Conurbano.
Durante los procedimientos también fueron encontrados tres kits utilizados para mejorar el apoyo y control de pistolas semiautomáticas, además de un cargador circular con capacidad aproximada para 50 proyectiles. Por sí solos esos accesorios no convierten necesariamente una pistola en automática, pero su presencia junto a armas artesanales de ráfaga obliga a investigar la existencia de personas capaces de modificar armamento.
Ese es el punto que más inquieta a quienes siguen la evolución del delito organizado. En Argentina, los grupos dedicados al narcomenudeo todavía no exhiben de manera habitual el volumen de fuego automático que alcanzaron organizaciones criminales de otros países de la región. En Brasil, particularmente en ciudades atravesadas por disputas territoriales entre bandas, fusiles y armas automáticas cambiaron hace tiempo la escala de los enfrentamientos.
La comparación no significa que San Martín se haya convertido en Río de Janeiro. Sería una exageración y además impediría entender el problema real. La tasa de homicidios más alta mencionada para el Conurbano ronda los 8 cada 100.000 habitantes en La Matanza, muy lejos de los niveles señalados para Río de Janeiro o Bahía. Precisamente por esa diferencia preocupa detectar señales que puedan anticipar una escalada.
El adolescente detenido y los dos jóvenes heridos registraban antecedentes en investigaciones vinculadas con infracciones a la Ley 23.737, relacionada con drogas. La Justicia deberá establecer ahora qué lugar ocupaba cada uno, quiénes fueron los demás participantes y de dónde salió el armamento secuestrado.
Porque los tiros de una madrugada terminan cuando las calles vuelven a quedar en silencio. El problema empieza si detrás de esos disparos aparece una infraestructura capaz de fabricar armas más potentes. Allí ya no se investiga solamente una pelea entre bandas: se intenta impedir que el próximo enfrentamiento llegue con mucha más munición.







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