El PBI caería hasta 1% y los sectores de enclave no alcanzan para sostener la economía argentina

Cinco consultoras privadas corrigieron sus proyecciones y anticipan una contracción durante el segundo trimestre. Agro, minería y energía mantienen su dinamismo, pero no compensan el deterioro de la industria, la construcción, el comercio, el consumo y el empleo formal.
 
Actualidad05/08/2026

NOTA

La economía argentina volvió a mostrar que los brotes verdes duran menos que los discursos oficiales. Después de crecer 0,7% en el primer trimestre, el PBI habría caído entre 0,5% y 1% durante el segundo, según proyecciones de Invecq, FMyA, Romano Group, Equilibra y EcoGo. El dato contradice el 0,6% que esperaba el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central y confirma que la recuperación sigue siendo parcial y frágil.

El retroceso no sorprende como sugiere la narrativa del mercado. Agro, minería y energía mantienen un desempeño dinámico, pero funcionan como enclaves que mejoran exportaciones sin arrastrar al conjunto de la economía. Fuera de esos sectores, industria, construcción, comercio y servicios muestran una actividad apagada, con menor consumo, menos inversión y pérdida de empleo formal.

 

Una economía a dos velocidades

Las estimaciones coinciden en el sentido, aunque difieren en la magnitud. Invecq y EcoGo proyectan una baja trimestral del 0,6%; Romano Group calcula un retroceso del 0,5%; Equilibra lo ubica en 0,8%; y FMyA estima una contracción del 1%. Si se confirma el escenario más duro, la economía habrá borrado buena parte del avance conseguido entre enero y marzo.

Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra, advirtió que la actividad volvería a niveles cercanos a los observados durante buena parte de 2025. Con ese resultado, el crecimiento del primer semestre apenas superaría el 1,5%, lejos del 3% anual que el REM proyectaba a comienzos de julio.

El problema central está en la composición. Las exportaciones crecieron 19,6% interanual durante el trimestre y fueron el único componente que sostuvo la actividad. Del otro lado, consumo e inversión retrocedieron, mientras la caída de las importaciones ayudó contablemente a evitar un descenso mayor. El PBI se sostiene más por lo que Argentina vende afuera y deja de comprar que por una economía interna en expansión.

Ese patrón explica por qué las cifras agregadas conviven con una percepción social pesimista. La minería puede crecer 15% y los hidrocarburos multiplicar exportaciones, pero esas actividades generan pocos empleos una vez superada la etapa inicial de inversión. No reemplazan la ocupación perdida en una fábrica, una obra o un comercio.

El empleo privado registrado continúa reduciéndose. En su lugar aparecen monotributistas, empleos informales y trabajos de menor ingreso. La desocupación podría ubicarse en 7,7% durante el segundo trimestre, según el REM, pero ese porcentaje no describe el deterioro de la calidad laboral ni la pérdida salarial.

La economía de enclave puede aportar dólares, mejorar la balanza comercial y sostener provincias. Lo que no puede hacer por sí sola es reconstruir el mercado interno. Sin consumo, crédito, construcción e industria, el crecimiento queda encerrado en sectores rentables pero con escasa capacidad para distribuir actividad.

El Gobierno puede celebrar que petróleo, gas, minería y agro siguen funcionando. Pero cuando casi todo lo demás permanece estancado, el problema ya no es de comunicación. Es de estructura. Una economía no se recupera porque tres sectores vuelen mientras el resto mira desde tierra. Se recupera cuando esa potencia se transforma en empleo, inversión y demanda. Hasta entonces, el supuesto despegue seguirá pareciéndose a un avión que acelera en la pista, hace ruido y nunca termina de levantar vuelo. Por ahora.

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