Peabody cerró La Tablada, mudó producción a Paraguay y pasó de fabricante a importador

La histórica marca desmanteló su planta de La Matanza, redujo su personal y trasladó la maquinaria a San Martín. La apertura importadora y la caída del mercado interno convirtieron un caso industrial exitoso en otro símbolo del retroceso productivo.
 
Región 07/08/2026

NOTA 1Peabody ya no fabrica en la Argentina. La planta de La Tablada, en La Matanza, quedó sin capacidad instalada, la maquinaria fue trasladada a un depósito en San Martín y la empresa abandonó el modelo industrial que durante años la convirtió en una referencia del mercado de electrodomésticos. Ahora vende productos importados, mantiene parte de la producción en Paraguay y administra una deuda cercana a los $40.000 millones con más de 350 acreedores. La transformación es completa: de fabricante nacional a importador.

El expediente del concurso preventivo de Goldmund S.A., controlante de la marca, confirma que el cierre industrial no fue una amenaza sino un hecho consumado. Las oficinas administrativas también dejaron el predio fabril y se mudaron a avenida Cabildo, en la Ciudad de Buenos Aires. En La Tablada ya no quedan líneas de producción. Quedan paredes, un vacío operativo y el recuerdo de una empresa que en 2023 llegó a emplear a unas 350 personas.

Cuando se abrió el concurso, la dotación ya había caído a 158 trabajadores. En mayo hubo otras 10 desvinculaciones, principalmente bajo convenio de la UOM, y en junio se sumaron 12 retiros voluntarios por cerca de $89 millones. La compañía cerró ese mes con 111 empleados, 47 menos que al comenzar el proceso judicial. Desde octubre de 2025 no incorpora personal.

 

De producir en La Matanza a importar desde Paraguay

El giro empezó antes del concurso. Durante 2025, Peabody vendió más de 700.000 unidades, pero menos de la mitad salió de sus propias líneas. En 2026, al momento de presentarse ante la Justicia, llevaba comercializadas 83.676 unidades y más de la mitad eran importadas. La reconversión ya estaba en marcha: cada caja que llegaba del exterior reemplazaba horas de trabajo, compras a proveedores y actividad industrial dentro del país.

La producción fue derivada en parte hacia Paraguay, donde la empresa calcula que fabricar cuesta entre 30% y 35% menos gracias a menores cargas laborales, beneficios fiscales y una presión tributaria inferior. Su presidente, Dante Choi, ya había advertido que no proyectaba volver a producir en la Argentina mientras esas condiciones no cambiaran. También cuestionó el ingreso de mercadería con presunta subfacturación, el crecimiento del circuito informal y una apertura comercial que dejó a la industria local compitiendo contra precios difíciles de explicar desde los costos reales.

La crisis, sin embargo, no se limita a la competencia importada. También está el derrumbe del mercado interno. En junio, las ventas cayeron de $2.813,7 millones a $1.335,9 millones, una baja superior al 52% en apenas un mes. La facturación pasó de $3.439,6 millones a $1.634,6 millones. La propia empresa reconoció que en seis meses el precio promedio de los productos se redujo a la mitad por presión del mercado. Vendió menos y, además, tuvo que hacerlo más barato.

Las compras de mercadería también se ajustaron: bajaron de $2.579,3 millones en mayo a $1.830,3 millones en junio. El esquema actual ya no necesita una planta activa ni cientos de operarios. Necesita depósitos, logística, importación, oficinas comerciales y servicio posventa. Es una empresa más liviana para sus balances y mucho más pobre para el entramado productivo.

El impacto excede a Peabody. La Tablada forma parte del cordón industrial del oeste bonaerense, donde cada cierre golpea talleres, transportistas, metalúrgicas, comercios y familias. San Martín recibe las máquinas, pero no una nueva fábrica: recibe un depósito. Paraguay recibe una porción del trabajo productivo. La Ciudad concentra la administración. La Matanza conserva el desempleo.

Ese mapa resume el modelo. La apertura indiscriminada puede abaratar algunos productos en el corto plazo, pero también destruye la escala que permite producir, aprender y sostener empleos industriales. Una vez desmontada una planta, recuperarla no depende de apretar un botón. Se pierden equipos, proveedores, oficios y conocimiento acumulado.

Peabody fue durante años un caso de expansión industrial argentina. Hoy negocia su supervivencia como comercializadora. No cayó por una sola causa, pero encontró en la combinación de recesión, apertura importadora y pérdida de competitividad el golpe final. El Gobierno podrá exhibir góndolas con más productos extranjeros. En La Tablada, mientras tanto, la modernización llegó con una imagen bastante menos glamorosa: las máquinas apagadas, los trabajadores afuera y la industria guardada en un depósito.

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