
Milei resiste en el norte, pero Kicillof avanza en Pilar y domina el oeste del conurbano
El mapa del conurbano bonaerense volvió a recordarle a Javier Milei una verdad bastante menos simpática que un algoritmo: el territorio no se gobierna solamente desde las redes.
Según un relevamiento de CB Global Data, Axel Kicillof supera al Presidente en imagen positiva en 21 de los 24 municipios del Gran Buenos Aires. Milei apenas consigue imponerse en San Isidro, Vicente López y Tigre, tres distritos con perfiles sociales y electorales muy distintos del corazón popular del conurbano.
El dato no expresa una ventaja pareja ni una simple diferencia estadística. Revela una fractura territorial. Allí donde el ajuste pega con más fuerza sobre salarios, jubilaciones, transporte, consumo y empleo, la imagen presidencial retrocede. Allí donde la estructura social es más acomodada y existe mayor tolerancia a un programa económico de largo plazo, Milei conserva mejores registros.
La mayor distancia a favor de Kicillof aparece en Florencio Varela, donde el gobernador alcanza 54,4% de imagen positiva y supera al Presidente por 31 puntos. Milei obtiene allí apenas 23,4%, uno de sus peores números en todo el relevamiento. El contraste es demasiado amplio como para reducirlo a una diferencia de estilos.
Expresa dos experiencias económicas distintas: una discutida en los estudios de televisión y otra padecida en el changuito, la parada del colectivo y la búsqueda de trabajo.
Kicillof también cruza el 50% en Almirante Brown, con 50,7%, y en Avellaneda, con 50,5%. Sus registros más bajos aparecen en San Isidro, donde logra 25,3%; Vicente López, con 30,8%; y Tigre, con 34,6%. Es decir, su fortaleza se concentra precisamente en los municipios donde el peronismo conserva intendencias, organización territorial y una red de vínculos sociales que el mileísmo todavía no consiguió reemplazar con comunicación digital.
El conurbano marca los límites del experimento libertario
Milei consigue sus mejores desempeños en Vicente López, con 43,5%; San Isidro, con 42,8%; y San Fernando, con 39,1%. Pero incluso en el norte más favorable aparecen señales de desgaste. En Pilar, por ejemplo, el Presidente registra 38,8% de imagen positiva y 55,7% negativa.
Kicillof lo supera por apenas medio punto, con 39,3% de aprobación y 55,6% de rechazo. No es una victoria cómoda para el gobernador, pero sí un dato político: Milei no logra convertir automáticamente el crecimiento inmobiliario, los barrios privados y la expansión de sectores medios en adhesión sólida.
La mayor ventaja presidencial se observa en San Isidro, donde supera a Kicillof por 17,5 puntos. Allí funciona mejor el discurso del ajuste, la reducción del Estado y la promesa de estabilidad. Sin embargo, esa lógica pierde fuerza apenas se atraviesan determinadas fronteras sociales. En La Matanza, Milei cae al 21,4%; en Florencio Varela, al 23,4%; y en Merlo, al 24,5%. Son municipios donde el deterioro del ingreso no es una abstracción, sino una experiencia diaria.
La encuesta dibuja así un conurbano dividido, pero no equilibrado. Milei conserva islas de respaldo en el corredor norte, mientras Kicillof domina una extensión mucho más amplia y poblada. El gobernador capitaliza además una ventaja institucional: hospitales provinciales, escuelas, rutas, policías, programas sociales e intendentes que funcionan como intermediarios concretos entre el Estado y la vida cotidiana. La Casa Rosada puede denunciar esa estructura como aparato. El votante, en cambio, suele llamarla ambulancia, patrullero, salita o comedor.
Eso no significa que Kicillof tenga resuelto su futuro electoral. En varios municipios su rechazo también es alto y una imagen positiva superior a la de Milei no equivale automáticamente a intención de voto. Pero el relevamiento confirma que el Presidente encuentra en el Gran Buenos Aires su frontera política más dura. El discurso libertario puede mantener adhesión en sectores medios y altos, pero pierde capacidad de persuasión allí donde la promesa de estabilización convive con una economía doméstica cada vez más frágil.
La batalla que viene no será solamente ideológica. Será por el control del malestar. Kicillof intentará convertir su ventaja territorial en una alternativa nacional. Milei buscará responsabilizar a la Provincia y a los intendentes por cada problema que su programa no resuelva. El conurbano, como siempre, escuchará los discursos y después mirará la heladera. Y en esa urna sin fiscales, por ahora, el Presidente viene perdiendo por amplia diferencia.


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