Buscar trabajo se volvió una carrera de fondo: cae el empleo formal y crece la precariedad laboral

La desocupación subió, se perdieron más de 340 mil puestos registrados y casi un tercio de quienes buscan empleo tarda más de un año en conseguirlo. El Conurbano aparece entre las zonas más golpeadas.
 
Actualidad09/08/2026

NOTA TRABAJOConseguir trabajo en la Argentina se volvió una carrera de resistencia. Mandar currículums, esperar respuestas que no llegan, aceptar empleos por debajo de la experiencia previa o terminar refugiado en aplicaciones y changas forma parte de una escena cada vez más extendida. Detrás de esa sensación cotidiana hay números concretos: desde noviembre de 2023 se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados, según datos del CEPA elaborados a partir de información oficial de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

La desocupación trepó al 7,8% en el primer trimestre de 2026, frente al 5,7% de fines de 2023. Al mismo tiempo, la informalidad pasó del 35,7% al 44,2%. El dato muestra algo más profundo que una suba del desempleo: también se deterioró la calidad del trabajo disponible.

El Conurbano bonaerense siente ese proceso con particular crudeza. Allí la desocupación llegó al 9,7%, empujada por el cierre de pymes, comercios, la caída de la obra pública y un mercado interno que perdió fuerza. En San Nicolás-Villa Constitución, uno de los corredores industriales más sensibles del país, el desempleo alcanzó el 10,4%.

La industria explica buena parte del golpe. Según el Centro de Estudios de la UIA, el sector perdió 52 mil empleos en el último año y casi 90 mil desde agosto de 2023. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 también cerraron 28.262 empresas, unas 30 por día, de acuerdo con CEPA.

 

Menos empleo formal y más estrategias de supervivencia

El problema no termina en la cantidad de puestos destruidos. También está en cuánto tarda una persona en volver a insertarse. El INDEC registró que el 30,9% de quienes buscan empleo lleva más de un año intentando conseguirlo. Otro 13,7% tarda entre seis meses y un año. Para una familia que depende de un solo ingreso, ese tiempo puede significar consumir ahorros, endeudarse o aceptar cualquier actividad disponible.

Los jóvenes aparecen entre los más golpeados: representan el 51% de los desocupados. Para muchos, el primer contacto con el mercado laboral ya no es un empleo registrado sino una aplicación de reparto, un viaje en auto, una venta por redes o una tarea independiente sin vacaciones, aguinaldo ni cobertura social.

Ese “empleo refugio” también empieza a mostrar límites. En abril, el monotributo perdió 11 mil puestos. Al mismo tiempo, cerca de un millón de personas trabaja en plataformas y una parte importante combina esas tareas con otro empleo. Un tercio de los trabajadores de apps tiene además un puesto en relación de dependencia y más de la mitad suma otros ingresos por fuera de las plataformas, según un estudio de investigadores del CONICET y el Instituto Gino Germani.

 

La señal es clara: mucha gente no trabaja menos, trabaja más y en peores condiciones. El problema ya no es únicamente conseguir un puesto, sino conseguir uno que alcance para sostener una vida.

La estructura productiva también condiciona la salida. Los sectores que el Gobierno presenta como motores del futuro -minería, petróleo, agroindustria y economía del conocimiento- pueden generar divisas, pero tienen una capacidad limitada para absorber en poco tiempo a cientos de miles de trabajadores expulsados de la industria, el comercio o la construcción.

Eso deja una contradicción difícil de esconder. La macroeconomía puede mostrar orden en algunas variables mientras el mercado laboral pierde densidad, estabilidad y derechos. Y cuando buscar trabajo tarda un año, aceptar menos salario se vuelve normal y manejar doce horas para completar ingresos parece una solución, la crisis deja de ser una estadística. Se transforma en una forma de vida.

 

Te puede interesar
Lo más visto