Leonardo Oyola lleva las historias del Conurbano Oeste a la Feria del Libro de Tandil

El autor de “Kryptonita” presenta “Érase una vez en el Oeste”, un libro de crónicas construido con recuerdos, fotografías, música y escenas de una infancia bonaerense que convierte la memoria personal en relato colectivo.
Región 11/08/2026

NOTA 3Hay lugares que cambian tanto que llega un momento en que sólo pueden reconstruirse contando historias. Leonardo Oyola hace ese ejercicio con el Conurbano Oeste en “Érase una vez en el Oeste”, su nuevo libro, que este jueves 13 de agosto llegará a la Feria del Libro de Tandil. No se propone levantar un monumento a un barrio perdido ni fabricar una postal nostálgica. Busca algo más difícil: contar qué queda de un territorio cuando los años modificaron sus calles, sus personajes y también a quienes crecieron allí.

Oyola conoce ese universo desde adentro. El escritor, autor de “Kryptonita”, novela que luego llegó al cine y al cómic, vuelve esta vez sobre materiales mucho más cercanos a su propia biografía. Fotografías, recuerdos familiares, amigos, viajes y canciones funcionan como puntos de partida para una serie de crónicas donde la experiencia individual empieza a confundirse con la memoria de una generación.

La presentación será a las 20:15 en la sala A de la Cámara Empresaria de Tandil y contará con la participación de Diego Rosake. Será una de las actividades de la Feria del Libro de Tandil 2026, que tendrá lugar entre el jueves 13 y el domingo 16 de agosto.

Pero la particularidad del libro está menos en el calendario de su presentación que en el territorio que Oyola decidió poner en palabras.

 

Contar el Oeste sin convertirlo en una postal

El Conurbano tiene una dificultad adicional para quien intenta narrarlo: carga con décadas de representaciones ajenas. Puede aparecer como periferia peligrosa, territorio pintoresco, reservorio de épica popular o simple decorado para historias sobre marginalidad. Oyola intenta correrse precisamente de esa mitología.

“Intenté despojar cierta mitología conurbana para transmitir ese querer por un lugar y un tiempo que ya no son los mismos. Agarrar un recuerdo, una fotografía y contarlo”, explicó sobre el sentido de estas crónicas.

Ahí aparece una de las claves de “Érase una vez en el Oeste”. El territorio no funciona solamente como escenario. Es parte de los personajes. Está en las amistades, las familias, los sacrificios cotidianos, los viajes y especialmente en la música que acompañó aquellos años. Una canción puede conservar una época con tanta precisión como una fotografía porque también guarda dónde se escuchaba, con quién y quién era uno entonces.

El propio Oyola juega con una definición que amplía esa búsqueda. El libro, sostiene, podría haberse llamado “Las venas abiertas del conurbano”, en evidente diálogo con Eduardo Galeano. La referencia permite entender que la historia particular del Oeste pretende abrirse hacia experiencias reconocibles mucho más allá de sus límites geográficos.

Porque quien haya crecido en Morón, Hurlingham, Ituzaingó, Merlo o cualquier otro rincón bonaerense probablemente conozca esa sensación: regresar a una esquina que continúa en el mismo lugar y descubrir que, sin embargo, ya no existe exactamente como uno la recuerda.

Eso convierte al libro en algo más interesante que un inventario de recuerdos. La memoria territorial nunca es completamente individual. Las fotos familiares terminan registrando también veredas, comercios, autos, formas de vestirse y maneras de encontrarse. Lo íntimo conserva, casi sin proponérselo, una pequeña parte de la historia social.

Que esas crónicas viajen ahora desde el Oeste bonaerense hasta Tandil completa de algún modo ese recorrido. Un territorio se vuelve literatura cuando consigue que alguien que jamás vivió allí pueda reconocer algo propio en sus historias. El barrio cambia, los amigos toman otros caminos y algunas canciones dejan de sonar. Contarlo es una manera sencilla y poderosa de impedir que todo eso desaparezca del todo.

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