
Cerró DIN tras 56 años en Escobar: importaciones chinas golpean Corredor Norte
Durante 56 años, desde Escobar salieron estructuras de acero que terminaron convertidas en fábricas, puentes, hangares, centros logísticos y grandes obras energéticas en distintos puntos de la Argentina. Esa historia industrial llegó a su fin. DIN SA cerró su planta del Corredor Norte bonaerense en medio de un escenario marcado por la baja actividad, la falta de nuevos proyectos y una presión cada vez mayor de productos importados, particularmente desde China.
La empresa había nacido en 1970 y logró convertirse en un actor importante dentro de la industria de grandes estructuras metálicas. Su especialidad no era fabricar productos para una góndola: trabajaba detrás de proyectos que requieren toneladas de acero, ingeniería, soldadores, montadores y personal técnico especializado.
Por eso su cierre tiene otra dimensión para Escobar. Cuando desaparece una industria de estas características no solamente se pierde una razón social. También queda en riesgo una cadena de conocimientos y oficios construida durante décadas, junto con proveedores y servicios que se desarrollan alrededor de una fábrica.
DIN había participado en más de 600 proyectos. Entre ellos estuvo el Hangar 5 de Aerolíneas Argentinas en Ezeiza, cuya estructura demandó más de 2.000 toneladas de acero. También intervino en la nueva terminal de partidas del aeropuerto internacional, conocida por su particular forma como el "Zeppelin".
Su recorrido llegó mucho más lejos que el Conurbano. La compañía trabajó para proyectos mineros como Veladero y Pascua Lama y desarrolló estructuras destinadas a emprendimientos energéticos y petroleros. Era, en definitiva, una de esas empresas industriales bonaerenses que casi nunca llegan al consumidor con una marca visible, pero aparecen cuando el país construye infraestructura.
Desde mediados de 2024 formaba parte del Grupo Govan. La incorporación había estado vinculada, entre otras expectativas, a la posibilidad de captar nuevos negocios relacionados con el desarrollo minero. El volumen esperado, sin embargo, no llegó.
El grupo decidió ahora concentrar sus recursos en otras compañías y discontinuar la actividad de DIN.
Menos proyectos y una industria que mira con preocupación a China
El cierre de la planta de Escobar ocurre en un momento particularmente delicado para la cadena del acero argentina. El problema combina dos movimientos que golpean al mismo tiempo: sectores que continúan con bajos niveles de actividad dentro del país y una competencia importada que gana espacio.
La Cámara Argentina del Acero viene advirtiendo que energía y agro son actualmente los principales motores de la actividad, mientras la minería comienza a aportar demanda de manera todavía incipiente. Del otro lado aparecen construcción, industria automotriz y línea blanca con niveles deprimidos y capacidad instalada sin utilizar.
Para una empresa como DIN, esa combinación resulta especialmente sensible. Su negocio necesita inversión, ampliaciones industriales y grandes obras capaces de demandar estructuras de acero. Cuando esos proyectos escasean, una planta preparada para producir a gran escala comienza a tener dificultades para sostener sus costos.
A ese escenario se suma China.
La industria siderúrgica y metalúrgica argentina observa con preocupación el ingreso de productos chinos a precios difíciles de igualar. La propia Cámara Argentina del Acero atribuye esa presión a la enorme capacidad productiva disponible en China y advierte que el fenómeno está generando disputas comerciales y acusaciones de dumping en distintos mercados.
No se trata solamente de una discusión entre empresarios. El Corredor Norte bonaerense concentra uno de los entramados fabriles y logísticos más importantes del país. Escobar, Pilar, Campana, Zárate y Tigre forman parte de una geografía donde industria, parques productivos, autopistas y empleo calificado crecieron durante décadas de manera conjunta.
Cada fábrica que baja definitivamente la persiana deja entonces una señal que va más allá de sus propios portones.
En el caso de DIN existe al menos una salida para parte de su personal. El Grupo Govan inició un proceso para incorporar trabajadores a otras compañías y plantas de su estructura, buscando conservar experiencia técnica que sería difícil recuperar una vez perdida. Para quienes no pudieron ser reubicados se establecieron esquemas de retiro voluntario.
Es una diferencia importante para las familias involucradas, aunque no borra el dato central: Escobar pierde una fábrica que llevaba allí más de medio siglo.
Detrás de cada una de las estructuras que DIN levantó hubo proyectistas, técnicos, soldadores, operarios y montadores que aprendieron un oficio y después se lo enseñaron a otros. Ese conocimiento también forma parte del patrimonio productivo de una comunidad.
El desafío para el Corredor Norte será que el cierre quede como la historia particular de una empresa y no como otra pieza de un proceso más amplio. Porque las máquinas pueden reemplazarse y los galpones pueden volver a ocuparse. Lo más difícil de reconstruir, cuando una industria desaparece, son los equipos humanos y los saberes que tardaron décadas en formarse.


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