SMOR: música, introspección y una búsqueda constante de nuevos sonidos

El proyecto encabezado por Sebastián Oriani atraviesa una nueva etapa artística con el lanzamiento de “Todo se puede apagar”, un álbum conceptual que recorre distintas sonoridades y profundiza en la exploración de las emociones y los vínculos humanos.
Cultura 01/10/2026

hhhhhhhhhhhhhPor Florencia Belén Mogno.

 

La música puede convertirse en un espacio de exploración personal, donde las experiencias, emociones y preguntas que atraviesan a una persona encuentran distintas formas de expresión. A través de las canciones, los artistas construyen relatos que permiten abordar tanto las vivencias individuales como aquellas sensaciones que forman parte de experiencias compartidas.

 

En ese recorrido, la búsqueda de nuevas sonoridades también puede funcionar como una manera de transformar las propias experiencias y abrir diferentes etapas creativas. Los cambios de perspectiva, las pausas y las reinvenciones forman parte de procesos artísticos en los que cada producción puede representar un momento particular dentro de una trayectoria.

 

En ese marco se encuentra SMOR, el proyecto musical de Sebastián Oriani, que atraviesa una nueva etapa de su trayectoria con “Todo se puede apagar”, un álbum conceptual de nueve canciones que combina elementos del rock alternativo y el pop introspectivo.

 

En ese sentido, Grupo Mediatres dialogó con Oriani para conocer más detalles sobre este proyecto como así también sobre la historia de la banda, su trayectoria y los planes que tienen para el futuro. SMOR es una banda argentina integrada por Sebastián Oriani (voz y guitarras),

Albert Martin (guitarra eléctrica), Marcelo Mangiantini (batería) y Paul Slomi (bajo).

 

Una conexión musical y emocional

 

Después de tu recorrido por otros proyectos, ¿cómo fue evolucionando tu vínculo con la música hasta llegar a la creación de SMOR?

 

S.O: Siento que la evolución se dio de forma muy natural y positiva. Haber pasado por otros proyectos me dejó un bagaje enorme en cuanto a composición, preproducción, grabación y mezcla. Pero, más allá de lo técnico, a nivel musical experimenté un giro hacia un lugar mucho más íntimo. Hoy busqué volcar esa experiencia en interpretaciones y composiciones más personales, haciendo exactamente la música que quiero hacer y sin ningún tipo de restricciones.

 

SMOR nació como un proyecto muy ligado a tu búsqueda personal y creativa. ¿Qué encontraste en este espacio que quizás no habías podido desarrollar en tus experiencias anteriores?

 

S.O: En mis experiencias anteriores, la composición era siempre un trabajo en conjunto y las decisiones se tomaban por consenso. Con SMOR, tanto la composición como el compromiso y el rumbo artístico dependen exclusivamente de mí. Eso me da la libertad absoluta de volcar vivencias muy personales sin necesidad de filtros ni aprobaciones previas. Aunque hoy SMOR funciona con formato de banda, el proyecto nació en solitario, y esa raíz íntima sigue estando intacta en el origen de cada canción.

 

En cuanto a tu trabajo artístico, ¿de qué manera describirías tu proceso compositivo?

 

S.O: Es difícil encasillar el proceso creativo en una estructura lineal. Las ideas rara vez nacen solo por sentarme con la guitarra y la computadora; por lo general surgen en momentos cotidianos: cuando entreno, cuando salgo a correr, mientras camino o incluso en la ducha. En esos instantes, si aparece un groove o una melodía, agarro el celular y grabo notas de voz haciendo beatbox o tarareando ritmos. Después me siento a desarrollarlas. Suelo armar una estructura base con una estrofa y un estribillo, y a partir de ahí arranca la canción. De hecho, muchas de las tomas que quedaron en el álbum son One Take para preservar esa cuota de espontaneidad con la que nacieron.

 

A lo largo de tu trayectoria también asumiste distintas tareas dentro de tus producciones, ¿qué significa para vos involucrarte en las diferentes etapas de construcción de una obra?

 

S.O: Soy bastante obsesivo y ansioso con lo que hago, y le pongo más del cien por ciento a cada proyecto. Aunque a veces eso genere un pequeño caos, trato de canalizarlo siendo muy prolijo. Como soy muy visual, suelo diseñar el arte de tapa o de los sencillos cuando apenas tengo una melodía inicial; eso me ayuda a visualizar el concepto global del álbum o de la canción. Me gusta tener el control integral de la propuesta estética de SMOR —desde la música y la producción hasta cómo se va a comunicar en redes, prensa, videoclips, shorts o los canvas de Spotify— para asegurarme de que nada quede librado al azar.

 

Por otra parte, ¿qué lugar ocupan las experiencias personales y las emociones en tu manera de escribir canciones? ¿Hay temas que aparecen recurrentemente en tu obra aunque no los busques de manera consciente?

 

S.O: Si bien muchas letras parten de vivencias estrictamente personales, a veces también me pongo en el rol de un personaje que está atravesando determinado proceso interno. Me atrae mucho componer desde la introspección y la reflexión, con la idea de que las canciones puedan acompañar a quien las esté necesitando al otro lado. Siento que cada vez que escribo un tema, ese mensaje va a encontrar a la persona indicada en el momento justo, y ese es un poco mi motor.

Todo se puede apagar llega después de tiempo de trabajo, distintos lanzamientos y diferentes etapas de SMOR. ¿Qué sentís que cambió en vos como músico y compositor durante ese recorrido?

 

S.O: Principalmente, la madurez y la experiencia. El haberme nutrido de todas esas etapas anteriores y haber incorporado herramientas nuevas potenció mi crecimiento como músico. Siento que cada canción o álbum que publico es la consecuencia lógica de ese camino: de saber escuchar, de aprender tanto de los aciertos como de los errores, y de mantenerme siempre abierto a lo nuevo.

 

Mirando hacia adelante, ¿qué nuevos desafíos o proyectos te gustaría encarar con SMOR?

 

S.O: Ya estamos enfocados en ensayar la presentación del álbum en vivo y armando la agenda para el año que viene. A nivel artístico, me encantaría concretar colaboraciones con otros músicos —tanto componiendo a la par como compartiendo escenario— y empezar a tocar en festivales. Sueños hay muchos, y la realidad es que ya tengo canciones guardadas en el tintero para un próximo disco, pero esa ya es otra historia.

 

Fuente fotografías: prensa SMOR Nancy Hougham

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