
GBA Norte y Oeste: anegamientos y cortes de luz con El Niño
Calles anegadas, agua dentro de las casas y cortes de electricidad marcaron el paso del temporal por el Conurbano. Las lluvias y el viento afectaron distintos municipios durante el miércoles y dejaron problemas que exceden el pronóstico de las próximas horas: cómo reducir los daños durante una primavera con El Niño activo.
En el oeste se reportaron anegamientos en La Matanza y Merlo. En Caseros, partido de Tres de Febrero, un árbol cayó sobre una vivienda y provocó daños materiales. Pilar apareció entre los distritos afectados del norte.
En el sur, los reportes incluyeron Lanús, Avellaneda, Berazategui, Lomas de Zamora, Quilmes y Esteban Echeverría. En algunas zonas el agua ingresó a las viviendas, mientras las interrupciones eléctricas sumaron dificultades a la emergencia.
El Servicio Meteorológico Nacional había emitido una alerta naranja y anticipado precipitaciones de hasta 80 milímetros en algunas áreas. La cifra describe lo previsto para el episodio, no un registro de lluvia idéntico en cada localidad.
El cuadro coincide con una temporada atravesada por El Niño. El informe de septiembre del SMN confirmó la fase cálida del fenómeno y previó su continuidad durante el trimestre que comprende septiembre, octubre y noviembre de 2026.
Para el Gran Buenos Aires, el dato importa por la posibilidad de lluvias abundantes en la región.
Lo que cambia entre una tormenta y otra
El Niño se origina en la interacción entre el océano Pacífico ecuatorial y la atmósfera. El calentamiento del agua modifica la circulación atmosférica y puede favorecer precipitaciones superiores a las habituales en sectores del centro y este argentino.
Su influencia tampoco es igual en todos los lugares. Especialistas del INTA explican que los efectos dependen de la región, la época del año y otros procesos atmosféricos. La intensidad del fenómeno no determina, por sí sola, cuánta lluvia recibirá un municipio.
En los barrios, además, el resultado depende de qué pasa con el agua después de caer. Un desagüe debe conducirla, los cursos de agua necesitan capacidad para recibirla y las zonas bajas pueden acumularla. La cantidad de lluvia y el tiempo en que se concentra hacen diferencia.
Si varios episodios se suceden, las condiciones previas también importan. Un territorio que conserva exceso de agua enfrenta la siguiente lluvia desde una situación distinta de otro que pudo drenar.
La cercanía del Río de la Plata incorpora otra variable. Durante una sudestada, el aumento del nivel del río puede dificultar la descarga de los sistemas de drenaje metropolitanos. Es un mecanismo de riesgo que debe monitorearse, sin atribuirle automáticamente los anegamientos de este temporal.
La preparación necesita atender esas diferencias. La limpieza de desagües, el seguimiento de cursos de agua y las obras hidráulicas cumplen funciones complementarias. A esa tarea se suma la organización de la asistencia para los sectores que pueden quedar afectados.
El episodio deja información que los municipios deberían reunir: qué calles se anegaron, cuánto tardó en bajar el agua y dónde entró a las viviendas. Identificar esos puntos permite revisar intervenciones y priorizar medidas antes de otra emergencia.
Con El Niño instalado, la atención no termina cuando mejora el tiempo. Para los barrios que recibieron agua dentro de sus casas, la pregunta es qué estará preparado cuando llegue la próxima tormenta.






Carpinchos de Nordelta: la Defensoría anunció una denuncia penal y pidió peritar el arma
Región 07/10/2026







