El talento no genera personalidades seguras

Se dice que no hay peor defecto que la ignorancia soberbia. Los sesgos cognitivos son un fenómeno curioso que despierta gran interés en la psicología social. Como se explica que a veces optemos por ignorar inconsistentemente evidencias obvias en nuestras interpretaciones sobre los hechos.

Actualidad 22/04/2024
NOTA

Esto condiciona nuestra toma de decisiones y nuestras acciones subsecuentes.

¿A qué se debe el exceso de confianza o la sensación autosuficiencia en ciertas personas que no tienen la menor idea sobre un tema o no poseen las habilidades necesarias para desempeñarse exitosamente una actividad? ¿Y por qué las personas talentosas y con conocimientos pueden ser por igual, conscientes de sus propios límites, y compulsivamente inseguras?

Estas dos tendencias de sobrestimación y subestimación son los extremos del sesgo cognitivo conocido como “efecto Dunning-Krueger, basada en una anécdota de la vida real:

El atraco a dos bancos de la ciudad de Pittsburg, Pensilvania, Estados Unidos, un verano de 1995, llamó la atención de la policía por el desinterés del asaltante de ocultar su rostro o disfrazar su apariencia, a pesar de que debía ser consciente de las números cámaras de seguridad en las instalaciones. No se trataba de un novato, pero tras su rápido arresto, McArthur Wheeler no entendía cómo es que las autoridades lo reconocieron si ¡se había rociado jugo de limón!

El hombre estaba seguro de que rociarse de pies a cabeza con este líquido ácido, que efectivamente se utiliza como tinta simpática, lo haría invisible en los videos de seguridad. De hecho, Wheeler había dado por hecho que esto era efectivo tras realizar una prueba, tomándose una selfie con una cámara polaroid, no sin antes quemarse la piel y los ojos con jugo de limón. Esto provocó carcajadas en la estación de policía. Probablemente descartó la posibilidad de que la película estuviera defectuosa, o solo no había utilizado la cámara correctamente debido a no poder ver.

Charles Darwin sostenía que “es más probable que la ignorancia genere confianza que el conocimiento". El caso de Wheeler inspiró a David Dunning y Justin Kruger, profesores de psicología social en la Universidad de Cornell, para llevar a cabo estudios con grupos de control que pudieran explicar ese vínculo entre incompetencia ignorante y una impresión de superioridad de criterio. Sería más apropiado decir que este tipo de sesgos son “metacognitivos”, porque, hasta cierto punto, no se basan en un aprendizaje que se vuelve errado, o en un excedente ideológico, moral o emotivo en el juicio, sino en una hiatus cognoscitivo que impide aprender a ser mejores.      

Se trata de un círculo vicioso. Como indica el concepto de efecto Dunning-Kruger, las personas con bajas calificaciones en conocimientos y habilidades llegan fácilmente a conclusiones equivocadas, pero precisamente esta baja calificación les impide notarlo, dándose mucho más crédito a sí mismas. En cambio, aquellos mejor calificados para todo tipo de cosas, por ejemplo, ajedrez, medicina, literatura, fútbol o el uso de armas de fuego, pueden tomarse menos en serio e incluso desanimarse debido a esa conciencia de complejidad. Como decía el filósofo Bertrand Russell, vivimos en un tiempo desagradable donde aquellos que tienen confianza resultan ser estúpidos, y aquellos con imaginación y comprensión se muestran llenos de dudas e indecisión.

La mayéutica de Sócrates implica dejar de dar las cosas por ciertas y parir ideas desde la humildad “solo sé que nada sé nada”. Esta autoevaluación es el mejor camino para el autocuidado y el desempeño creativo, pero si no se conjuga con una resiliencia valiente, puede convertirse en otro tipo de sesgo que personalice la dificultad objetiva de retos y problemas.

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