
Pilar golpeado por la ola de cierres industriales: 1500 despidos en este año 2025

La situación se agravó a mediados de junio, cuando la multinacional Kimberly-Clark cerró sin previo aviso su planta de producción de toallitas húmedas y protectores diarios, trasladando la actividad a San Luis. Allí, 220 trabajadores fueron despedidos, aunque lograron negociar indemnizaciones y el pago de aportes a la obra social por seis meses.
Un camino similar siguió Kenvue, ex Johnson & Johnson, que decidió dejar de fabricar productos en su planta de Fátima y anunció la importación desde Brasil. La medida implicó la cesantía de 130 empleados y redujo a apenas 30 el personal de una compañía que supo tener 1.600 operarios en Pilar.
La fábrica de porcelanatos ILVA también cerró sus puertas en septiembre, dejando a 300 trabajadores en la calle. Desde entonces, los empleados mantienen un acampe en reclamo de soluciones y del pago de indemnizaciones. A esto se sumó la salida de Magnera, firma estadounidense de insumos industriales, que cesanteó a 160 personas y dejó de abastecer a fábricas de pañales y toallitas higiénicas.
La sucesión de cierres y despidos en Pilar refleja un fenómeno más complejo: la pérdida de competitividad de la industria local frente a la importación y la falta de políticas industriales sostenidas. El distrito, que supo ser un polo industrial clave en el conurbano norte, enfrenta hoy un escenario de desindustrialización que impacta directamente en el empleo y en la economía de la región.
La pregunta que se instala es si el Estado y los actores empresariales podrán articular una estrategia que evite que la crisis se convierta en estructural y termine debilitando el perfil productivo de Pilar. Todo parece indicar que, en lo inmediato, esa tendencia será difícil de revertir, lo que preocupa al peronismo local de Achával.














