
Trabajo en crisis: informalidad récord y empleo en caída
La investigadora del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA-CONICET, Roxana Maurizio, habló con Canal E y analizó que el mercado laboral argentino atraviesa un escenario crítico, con altos niveles de informalidad, caída del empleo formal y deterioro del poder adquisitivo.
“El 43% total de los ocupados lo hacen en situación de informalidad laboral”, afirmó Roxana Maurizio, en base a la última información disponible de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC. Este dato no solo es elevado, sino que además muestra un deterioro reciente: “Representa un punto más de lo que teníamos en el cuarto trimestre de 2024”.
Asimismo, explicó que el principal problema es estructural: “Hay una condición básica fundamental para que se creen más empleos formales, que es que el país definitivamente entre en un sendero de crecimiento con real estabilidad macroeconómica”.
Además, Maurizio señaló que la incertidumbre desalienta la contratación. “Ningún empleador contrata a alguien para despedirlo”, planteó, lo que refuerza la idea de que sin previsibilidad no habrá expansión del empleo formal.
Incluso advirtió que algunas medidas podrían tener el efecto contrario: “La dirección a la que van muchas de las reformas creemos incluso que incentiva más la informalidad que la propia informalidad”.
El deterioro no se limita al empleo informal. Según datos de la seguridad social, también se observa una fuerte pérdida de puestos registrados. “Hay una caída de casi 300.000 puestos de trabajo cuando uno compara diciembre del 2025 contra noviembre del 2023”, detalló la entrevistada.
Los sectores más afectados son clave para la economía: “Los grandes perdedores en materia de sectores productivos han sido la industria y el comercio”. Este contexto refleja una contracción general del mercado laboral: “Hay una situación muy crítica en el empleo en general y en particular referido a la reducción de puestos de trabajo asalariados formales”.
En este escenario, el deterioro del mercado laboral deja de ser una variable más para convertirse en el corazón de la crisis social. La expansión de la informalidad, la caída del empleo registrado y la pérdida sostenida del poder adquisitivo configuran un cuadro donde trabajar ya no garantiza estabilidad ni proyección. Lo que se rompe no es solo el vínculo contractual, sino la promesa misma de movilidad social. Sin crecimiento sostenido y sin reglas claras, la economía empieza a organizarse en torno a la precariedad como norma. Y ahí, el problema deja de ser coyuntural para volverse estructural: más trabajadores fuera del sistema, menos derechos, menor recaudación y un Estado con menos capacidad de respuesta. En ese círculo, la informalidad no es una excepción, es el nuevo piso. Por eso, el desafío no pasa únicamente por recuperar puestos de trabajo, sino por reconstruir un esquema productivo que vuelva a integrar, porque sin empleo de calidad no hay consumo, sin consumo no hay crecimiento y sin crecimiento, la desigualdad deja de ser un riesgo para convertirse en destino.



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