
Crece el malestar con Milei, pero la oposición sigue sin encontrar quién cobre la factura
El malestar social crece, la imagen del presidente Javier Milei muestra señales de desgaste y el pesimismo sobre el rumbo económico gana terreno. Sin embargo, la oposición continúa sin transformar ese descontento en una alternativa política capaz de disputar el liderazgo nacional. Una encuesta de la consultora equipo_mide, elaborada sobre 2.348 casos en todo el país, revela que la crisis de expectativas ya no alcanza únicamente al Gobierno: también expone el vacío de representación que atraviesa a la oposición.
El relevamiento indica que el 58% de los argentinos cree que dentro de los próximos seis meses el país estará igual de mal o peor, mientras que el 60% considera que la Argentina avanza en la dirección equivocada. Aun así, ese deterioro del humor social no encuentra un canal político claro. En la realpolitik, el problema del oficialismo ya no es solamente el desgaste de gestión: el dato decisivo es que, por ahora, nadie parece estar en condiciones de capitalizarlo.
Hay un dato que en la política vale tanto como una elección: quién consigue apropiarse del descontento cuando un gobierno empieza a desgastarse. Y, por ahora, esa batalla está en pausa. Mientras el oficialismo atraviesa semanas marcadas por polémicas, internas y costos económicos, la oposición sigue sin convertir el malhumor social en una alternativa con volumen propio. La bronca existe, pero todavía no encontró dueño.
El último estudio nacional de la consultora equipo_mide, realizado entre el 20 y el 26 de junio sobre 2.348 casos de todo el país, dibuja precisamente ese escenario. La percepción sobre el presente económico y político empeora, la imagen presidencial pierde terreno y las expectativas futuras se enfrían. Pero del otro lado tampoco aparece un actor que logre ordenar la oferta opositora.
Mucho desgaste, poco reemplazo
Los números hablan por sí solos. El relevamiento muestra que el 58% de los consultados cree que dentro de seis meses el país estará igual de mal o peor, mientras apenas un 30% imagina un escenario mejor o, al menos, no más negativo. La expectativa dejó de jugar exclusivamente a favor del Gobierno.
El mismo trabajo agrega otro dato difícil de ignorar: el 60% considera que la Argentina marcha en la dirección equivocada desde el inicio de la gestión libertaria. Son cifras que reflejan un deterioro del humor social en un contexto donde la discusión ya no gira únicamente alrededor de la inflación, sino también sobre salarios, empleo, consumo y la sensación cotidiana de incertidumbre.
La administración de Javier Milei conserva un núcleo de apoyo sólido. Buena parte de quienes lo votaron en 2023 continúa interpretando el ajuste como un costo inevitable de una transformación más profunda. Sin embargo, la política nunca vive únicamente de sus convencidos. Gobernar también implica administrar expectativas, y ese es el terreno donde comenzaron a aparecer las primeras grietas.
La crisis política derivada del caso Manuel Adorni, sumada al desgaste natural de una gestión que dejó atrás la etapa de las promesas para entrar en la de los resultados, aceleró un cambio de clima que empieza a reflejarse en distintos estudios de opinión. Pero aquí aparece la verdadera paradoja del momento político argentino.
La oposición tiene razón... pero todavía no tiene conductor
En cualquier sistema democrático consolidado, un oficialismo que acumula desgaste suele transferir parte de ese costo a la oposición. En Argentina eso no está ocurriendo.
El mismo estudio revela que un 33% sostiene que hoy la oposición no tiene un líder definido, mientras que al consultar quién posee las mejores ideas para resolver los problemas del país, el 35% respondió "ninguno". El Gobierno quedó apenas un punto detrás con el 34%, mientras la oposición reunió solamente el 23%.
Ese dato probablemente sea el más relevante de toda la encuesta. Porque el problema del oficialismo ya dejó de ser exclusivamente económico. Empieza a ser político. Pero el problema opositor sigue siendo anterior: todavía no logró construir una referencia que sintetice el malestar existente.
Axel Kicillof continúa apareciendo como el dirigente opositor con mayor nivel de menciones, aunque incluso él retrocedió respecto del mes anterior. El peronismo continúa atravesado por disputas internas, mientras el PRO acelera una transferencia de identidad hacia La Libertad Avanza que dejó a muchos de sus dirigentes navegando en tierra de nadie.
Paradójicamente, Javier Milei sigue siendo el principal ordenador del sistema político incluso cuando las encuestas muestran señales de desgaste. La oposición todavía discute quién debe conducir el barco mientras el oficialismo, aun golpeado, conserva la capacidad de fijar el eje de la conversación pública.
En política existe una vieja máxima: los gobiernos no caen solamente porque la gente se enoje; también necesitan que alguien aparezca ofreciendo una salida creíble. Hoy el humor social se deteriora, las expectativas se enfrían y la paciencia se acorta. Pero entre el desencanto y la construcción de una nueva mayoría todavía hay un largo trecho.
Ese vacío explica buena parte del presente argentino. El oficialismo pierde oxígeno, pero la oposición todavía no consigue aprender a respirar.



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