Milei recibió una trompada de realidad a atacar a las universidades

Como alguna vez dijo el astro, filósofo y alma argentina, Diego Armando Maradona: “El que se inventa un Frankenstein, que se lo banque”. Eso hizo la tozudes del presidente Javier Milei y la impericia política de su equipo gubernamental.

Política 25/04/2024
NOTA 1 ANALISIS

Por Nicolás Fernández Rivas "Cervantes"

 

Como alguna vez dijo el astro, filósofo y alma argentina, Diego Armando Maradona: “El que se inventa un Frankenstein, que se lo banque”. Eso hizo la tozudez del presidente Javier Milei y la impericia política de su equipo gubernamental.

 Al lastimar a las universidades y al sistema científico argentino con una licuación del presupuesto con aumentos de apenas el 70% contra una inflación del 380% acumulada en el último año, también le clavó un puñal -otro más- a una importante columna de la clase media argentina, que siempre busca la movilidad social ascendente y que forma parte del electorado que lo eligió. Incluso una buena porción de los jóvenes que allí estaban marchando lo habían preferido en las últimas elecciones.

Argentina no es Burkina Faso, ni un país de opereta del Caribe, con todo respeto a ellos. Es un país poderoso, es cierto que, con problemas estructurales para fortalecer su economía, pero cuyo capital intelectual y cultural es de un valor muy marcado y señero a nivel hemisférico. No es necesario mencionar los hitos científicos, ni la capacidad nuclear, ni satelital, ni de valor agregado, ni de ciencia agropecuaria, sanitaria, demás aspectos donde nuestro país se destaca. España tiene 2 premios nobel en ciencias, Argentina tiene 3. Punto.

 El pilar de ese sistema es la universidad pública, alrededor de ella giran las privadas, porque de sus docentes se abastecen para desarrollar su currículo académico.  Y no hay vuelta que darle a eso. El corazón de la educación superior y científica argentina es público. Mal que le pese, a quien le pese tocar eso es meterse un escopetazo en el pie.

En víspera de la multitudinaria marcha, Milei anunció “éxitos” económicos, algunos de los cuales tan exiguos que se atrevió a llamarlos “históricos”, un relato buscando desmantelar y desmovilizar, lo que terminó generando el efecto contrario: una marcha que según el sector va de 300 mil a 1 millón de personas. Sin contar el interior del país. En lo que es indiscutible, la manifestación más importante de la última década. Esta mañana sus adláteres aseguraron que “no hay vuelta atrás, que es caso cerrado y que el presupuesto es el enviado”. No es tan así.

En este momento, el Gobierno está en caos, no es que alguna vez haya tenido la calle a su favor, ya que nunca hubo una marcha de magnitud a su favor y solo se dedicó a militarizar la protesta, con protocolos de dudosa aplicabilidad. Hoy brilló con su ausencia. Lo que se vio fue oficiales retirándose para que los chicos pasen. Nadie es pelotudo. Ningún oficial o comisario, quiere la foto de que sus subalternos le rompan la cabeza a un adolescente porque sabe que el poder político en algún momento lo va a dejar como tarzán en la selva, “en bolas y a los gritos” y pagando con el fin de su carrera o cárcel un acto de estupidez institucional. Protocolo de Bullrich, no hubo.

Antes de la marcha, hubo dos renuncias: el segundo de Pettovello y también un miembro clave de su equipo. Capital humano está en la mira. Jaqueado por la crisis social y educativa. Ambos alfiles alegaron stress y ataques de ansiedad. No es para menos. Tenes que contener una lluvia de meteoritos con un paraguas. Y son gente sin espalda política. Técnicos, gerentes medios de empresas, fintecheros sin calle, sin capacidad de poner el cuerpo ante una crisis, termina siempre en neurosis. Lógico. Si no te da la nafta no podés arrancar. Eligieron irse antes de quemarse.

La otra figura que está en crisis es la de Alejandro “Gallego” Álvarez, hijo del histórico dirigente de Guardia de Hierro, quien hoy ejerce el cargo de la secretaría de Políticas Universitarias, a quien todos sindican como el cerebro del ajuste a las universidades y que tiene una obsesión casi patológica con las casas de estudio del Gran Buenos Aires.

Es que este personaje, que en 2002 fue un ultrakirchnerista fanático “del 2%” que devino en este papel radicalizado de libertario reconvertido. Es que en su vida política universitaria siempre le fue mal. Ninguna de sus agrupaciones, con epicentro en la UBA logró desarrollo alguno o una propuesta que le permitiera tener poder a nivel de los centros de estudiantes de la principal casa de estudios del país. Algunos que lo conocen bien aseguran que toda esta situación de fracasos continuos mal procesados le generaron un profundo resentimiento contra el sistema universitario. Según la Ley de Occan, la explicación más sencilla es la más factible. Si algo te sale mal permanentemente no es culpa de un sistema, es que algo hiciste pésimo. Y si ahora, impulsás una abolición del sistema donde fracasaste, es muy difícil que alguien lo interprete por fuera de esta psicología compleja. En términos políticos, está en la picota. Fue el padre del monstruito y ahora provocó que le den una trompada tremenda al presidente en la calle, con cientos de miles de personas que no tuvieron miedo a salir a expresarse en todo el país, en lo que bien puede llamarse un plebiscito anarquista: la democracia directa de la calle dijo “No al recorte”.

Al “Galleguito” se le asigna un llamado al presidente tranquilizándolo horas antes de que empiece la movilización: “quédate, tranquilo Javi, solo vas a ver a gordos sindicalistas y cachivaches impresentables que cuanto más se muestren mejor”.

Un rato después, cuando la plaza se llenó de chicos estudiantes con libros en la mano fue el receptor de un llamado complicado. La voz de una mujer cagándolo a puteadas. Era “El Jefe” en persona, reclamándole no haber cuidado al presidente. Y le cortaron. Está nominado.

La cosa no termina ahí.

Si algo hizo está marcha es unir a un montón de sectores que se mostraban absolutamente heterogéneos. La comunidad educativa en su conjunto: directivos, docentes, alumnos, padres. Estos fueron la mayoría. También hubo kircheristas, peronistas duros, izquierdistas, radicales y hasta muchos libertarios que salieron por la TV a pedirle al presidente “que baje un cambio” y dialogue, al menos con lo que tiene que ver con la educación.

 

 

Es que al tocar esta fibra tan sensible, irritó a un sector que viene castigadísimo desde que asumió Milei. Casi se podría decir que fue el sector que más lo apoyó y que más fue azotado: la clase media. Esa pequeña burguesía aspiracional que odia acercarse a la clase trabajadora pero que nunca llega a ser clase alta y que está perdiendo todos sus elementos de identidad: obras sociales, tarifazos en sus negocios, comercios y ahora la educación universitaria de calidad. “¿Dónde piensa que vamos a mandar a nuestros hijos? ¿A una privada que vale 600 lucas por mes y que no puedo pagar?, lloró un comerciante amargamente ante las cámaras, casi en un remake del secuestro de los ahorros del 2001, cuando terminaron juntándose con piqueteros. Todo eso terminó en un bloque transversal de lucha, que en esta jornada Milei logro amalgamar con su alquimia obcecada de intentar construir una realidad que se asemeje a lo que imagina en su estructura psíquica. No funciona así. Por eso ya se habla de inminentes expulsiones de funcionarios del Gobierno.

Tampoco aporta mucho sus apelaciones a las fuerzas del cielo, al Dios de los JudíoS o cualquier otra figura del Antiguo Testamento, ese Dios vengativo, de los Ejércitos, que poco aportan a la realidad efectiva de los argentinos, preocupados por cuestiones mucho menos talmúdicas (o quizá más talmúdicas depende como se mire). Quizá así sea su respuesta. Lo mismo, pero más duro y así será la reacción.

No, Javi. Te inventaste un monstruo. Ahora anda a pararlo.

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