¿Qué hay detrás del acuerdo entre los evangelistas y el gobierno de Milei?

El convenio firmado entre la ministra de Capital Humano Pettovello y los templos evangélicos por 177 millones de pesos para asistencia alimentaria fue un reconocimiento a las redes territoriales que estos últimos han construido a lo largo de décadas. Ante el riesgo de ser considerados libertarios, aprovechan la oportunidad para exigir derechos que les han sido negados por el Estado.

Política 15/05/2024
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Por Rodrigo Lescano 

 

Más allá de la caridad

 

La última semana de abril no fue nada fácil para el pastor Héctor Gómez. Con decenas de planillas en sus manos, recorrió las más de sesenta iglesias evangélicas presentes en José C. Paz y Malvinas Argentinas para constatar cuántas personas recibían en sus comedores. Con la precisión de un censista, anotaba cuántos niños tomaban leche en el merendero, cuántos jóvenes en tratamiento por adicciones almorzaban guiso de fideos y cuántos jubilados pisaban por primera vez un templo para buscar una vianda.

Su cansancio fue simétrico a la cantidad de veces que tuvo que ir a un locutorio a sacar fotocopias de las planillas: en cada visita se enteraba que, por la crisis económica, varios ministerios habían abierto comedores en barrios donde antes no estaban y debía ir a registrarlos. Se había metido en un “lindo lío”, confesó.

Mientras Gómez recorría las barriadas de estos dos partidos del noroeste del Gran Buenos Aires, cientos de pastores de todas partes del país hicieron lo mismo en sus territorios. El tiempo se les escapaba de sus manos: debían auditar todos los espacios comunitarios que están bajo la órbita de la Alianza de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA) para que el Ministerio de Capital Humano les entregase 177 millones de pesos destinados a la compra de alimentos.

En un contexto donde la cartera dirigida por Sandra Pettovello decidió recortar las partidas presupuestarias a las organizaciones sociales con el pretexto de “sacar los intermediarios de la política alimentaria”, ACIERA fue elegida por los libertarios como una de los agentes (al igual que la Iglesia Católica) para tercerizar la ayuda social en un país donde, según el último informe del INDEC, 3,5 millones de argentinos se encuentran bajo la línea de indigencia.

A través de un acuerdo entre ambas partes firmado el pasado 5 de febrero, los pastores de las más de 1500 congregaciones que reúne ACIERA encontraron no sólo un alivio para las 36 mil personas que asisten a sus comedores, sino también una oportunidad para mostrar su trabajo territorial y exigir al Estado que les permita ingresar a lugares que les han sido negados por décadas.

 

 No todo son tareas de culto

El convenio firmado entre el gobierno y ACIERA permite reflejar una vasta red de comedores instalados por los evangelistas a lo largo y ancho del país. Los 177.600.000 de pesos -provenientes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI)- serán repartidos entre los más de 1800 comedores organizados en la institución presidida por el pastor Christian Hooft. Cada punto de entrega recibe una cantidad de alimentos según la cantidad de beneficiarios.

Es la primera vez que un gobierno convoca a ACIERA para un acuerdo de este tipo. Los evangelistas sienten que es un reconocimiento a su trabajo social.  Ligia Wurfel, integrante de la Comisión Directiva de esta asociación, comentó para este medio que hace años vienen realizando tareas sociales como iglesia, pero nunca fueron visibilizadas. “Ante la necesidad de la gente, nosotros aceptamos la propuesta (del gobierno) porque le hace bien a los ciudadanos y nos fortalece como institución”, aclaró.

Ese fortalecimiento institucional se refiere a las redes de espacios comunitarios que funcionan alrededor de la congregación. Para dar un ejemplo de cómo funcionan, se puede tomar el caso de la Fundación Promesa Eterna, encabezada por el pastor Héctor Gómez. Ubicada en el barrio de Los Troncos, José C. Paz, tiene un comedor que asiste a más de 120 paceños y trabaja en coordinación con otros centros comunitarios de la zona para realizar roperos comunitarios, ferias, celebraciones como el Día del niño y campañas solidarias.

Esta fundación realiza proyectos con universidades, organismos gubernamentales locales y organizaciones seculares a través de la Mesa de Niñez de José C. Paz. A su vez, a través de la red Creciendo Juntos, lleva a cabo otras ayudas sociales con espacios nucleados en la red Mil Cuadras Culturales, presidida por la pastora Beatriz Maciel.

Estos espacios trabajan en conjunto no solo para compartir alimentos entre comedores, sino también para conseguir medicaciones, coordinar hogares para niños y adolescentes en riesgo, y proporcionar asistencia y capacitación a familias vulnerables.

Esa solidaridad entre redes se expande más ahora que recibieron los fondos del Ministerio de Capital Humano, ya que consideran que es solo un “refuerzo” para sus actividades diarias. “Ahora tenemos un alivio, pero no va alcanzar. Vamos a sumarle los aportes de cada iglesia y voluntarios, pero hay que conseguir más y es allí donde nos fortalecemos para llegar a más gente”, reflexionó Wurfel.

Cada red puede estar formada por iglesias y organizaciones seculares, y se financia así misma. En ese sentido, la pastora Maciel recalcó que son autogestivos: “Hacemos compras comunitarias, contamos con emprendedores y realizamos ferias. La luz y el gas lo pagamos. No tenemos subsidios ni nos financia ninguna empresa”.

Ella mencionó que la partida presupuestaria fue “una bendición de Dios” para hacerlos visibles en un trabajo territorial que se percibía como inexistente: “Creían (las personas) que las iglesias solo se dedicaban a salir a evangelizar o a las tareas de culto, pero no es así”.

 

Solidaridad y fe van de la mano

Para entender por qué el gobierno libertario eligió a las redes agrupadas alrededor de ACIERA como uno de sus preferidos para administrar la ayuda social, se debe poner la lupa en el crecimiento exponencial de esta comunidad y sus dinámicas para expandirse territorialmente, así como también la concepción que tienen los pastores de la labor comunitaria.

Por un lado, los grupos evangélicos pasaron de ser un 9% de la población a más del 15% entre 2008 y 2019. Así lo demuestra una encuesta nacional realizada por el CONICET en 2021. Ese mismo estudio demostró que, durante ese mismo período, la población católica bajó: pasó de 76,2% a 62,9%.

Por otro lado, las formas organizativas laxas dentro de sus templos permiten una inserción territorial más profunda que la Iglesia Católica. Pablo Semán -sociólogo, antropólogo y profesor de la Universidad Nacional de San Martín-  señaló en un artículo de RedAcción que el crecimiento de estos grupos en las barriadas de las grandes metrópolis de Argentina se debe a su “su agilidad organizativa”: “Cada creyente puede ser pastor, lo que contrasta con la torpeza organizativa del catolicismo, que cada vez que tiene que designar un sacerdote, tiene que hacer un circuito, que va desde el barrio que pide una capilla adicional, al nuncio, del nuncio al Vaticano, de vuelta, y además no hay tantas vocaciones sacerdotales en el mundo, por lo cual el catolicismo siempre tiene escasez de recursos humanos, y esos recursos humanos suelen llegar tarde, y son extranjeros a los barrios, mientras que los pentecostales son locales en los barrios”.

Los pastores Maciel y Gómez reconocen que llegan a lugares donde el Estado ha cultivado el olvido y el abandono de derechos sociales. Lo que los diferencia de otras organizaciones que también actúan en esas zonas, es que sus prácticas caritativas están englobadas dentro de una militancia por la Fe.

Para la pastora, “el comedor, la huerta y la búsqueda de medicamentos son solo herramientas para estar con el otro siguiendo el ejemplo de Cristo, quien fue el primer multiplicador de panes y peces para los hambrientos”. En la misma sintonía, el pastor Goméz aclaró que “desde el punto de vista de la fe cristiana, cambiaríamos la palabra social por la expresión del amor, ya que la solidaridad es una de las formas de mostrar el amor de Cristo hacia el otro”.

Para ellos, lo espiritual va ligado a lo social. “Se logra mucho más puertas abiertas trabajando en el territorio que en un púlpito con un micrófono”, aseguró Gómez. Ante la consulta de este medio sobre cuál es el trasfondo de esta forma de intervención, Marcos Carbonelli, Doctor en Ciencias Sociales por la UBA, explicó que la práctica religiosa de los templos se prolonga en una práctica social porque sus pastores están atravesados por las dinámicas barriales.

Esa pertenencia local de los difusores del protestantismo es un hándicap para llevar “un mensaje de restauración material y espiritual hacia sus creyentes” según el investigador adjunto del CONICET. A través de un lenguaje religioso crítico a las formas del mundo católico y con principios de horizontalidad (donde un pastor es tan igual a un devoto), Carbonelli remarcó que la actividad evangélica en lo social revierte ciertos modos clásicos de ver la religión en el espacio territorial.

 

Trabajar con todos, cumplir un propósito

El convenio entre Pettovello y ACIERA abrió la pregunta en los medios de comunicación sobre si esta asociación de templos había forjado una alianza con Nación. Para el diario digital La Política Online, ACIERA tiene una conexión anterior con La Libertad Avanza, “ya que la organización religiosa trabajó de manera cercana al partido fundado con Javier Milei en la campaña electoral”. Detalla que algunos de sus miembros ocupan cargos legislativos como Lourdes Arrieta, diputada en Mendoza; Santiago Pauli legislador en Tierra del Fuego y la diputada neuquina, Nadia Márquez, hija del pastor Hugo Márquez y vicepresidente de ACIERA.

Esta hipótesis es alimentada por la falta de convocatoria a la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE) en la distribución de los alimentos. Este agrupamiento conducido por la Iglesia Metodista lanzó fuertes críticas a los libertarios durante la pasada campaña electoral por su propuesta de libre portación de armas. Consultado por este medio, Leonardo Schindler, presidente de la FAIE, explicó que, al ser muchas las iglesias agrupadas en ACIERA, los gobiernos consideran a ésta como la única interlocutora válida para esa comunidad.

Sin embargo, opinó que la exclusión también se debe a diferencias ideológicas: “Quizás el perfil de FAIE con un mayor involucramiento con los derechos humanos, los sectores sociales que reclaman igualdad y ampliación de derechos no resulte demasiado atractivo para algunas líneas políticas, pero quiero imaginar que los posicionamientos críticos no deberían ser un impedimento a la hora de articular la ayuda social”.

Este debate sobre un posible apoyo evangélico a MIlei no fue esquivado por los representantes de ACIERA. En una reciente entrevista al canal televisivo LUZ, el presidente de esa entidad, Christian Hoof, sostuvo, desde el principio de que las autoridades gubernamentales son “colocadas por Dios”, que ellos deben intercambiar con todos los gobiernos de turno, sea cual sea su color político, y que siempre han tenido una posición neutral.

Carbonelli detalló que, dentro del fenómeno habitual de que las iglesias evangélicas se reúnan con gobiernos, este acuerdo tiene la particularidad de que cruza dos aspectos. Por un lado, un antagonismo muy marcado entre Estado y organizaciones sociales, donde el primero querría convertir a las iglesias en un actor de reemplazo de los segundos para la administración de las políticas alimentarias. Por el otro, una exigencia de derechos negados a las iglesias por parte del Estado.

Para el autor del libro “Los evangélicos en la política argentina. Crecimiento en los barrios y derrotas en las urnas”, ACIERA accedió a trabajar con el Ministerio de Capital Humano porque vieron, en el reconocimiento libertario, una “ventana” para reclamar la personería jurídica religiosa. Si pudieran acceder a este estatus, las iglesias podrían entrar a diferentes espacios de la sociedad civil que hoy son ocupados solo por la Iglesia Católica. Tal es el caso de las capellanías en las cárceles y hospitales, lugares donde los voluntarios evangelistas son discriminados.

Desde ACIERA consideran que” no presionan” al gobierno para que les dé este derecho, sino más bien que el trabajo social que realizarán con el acuerdo servirá como “testimonio” para mostrar su presencia territorial. “Esperemos que,  con este gobierno,  se pueda concretar”, dijo esperanzada Wurfel.  Esa esperanza se alimenta con la reciente votación unánime en el Senado de la ley que dictamina que el 31 de octubre sea el “Día Nacional de las Iglesias Evangélicas y Protestantes” en Argentina.

 

Esperanzas

La Alianza de Iglesias Evangelistas es consciente de que el dinero recibido en el marco del programa alimentario de las Naciones Unidas puede renovarse como no. Eso no es impedimento para suspender sus proyectos a mediano y largo plazo.

Carbonelli destaca dos proyectos dentro de ACIERA. Uno interno ligado a convertirse en la entidad que tenga  la voz de los evangélicos en nuestro país y, de esta manera,  representar a la totalidad de redes ministeriales que se manejan independientemente de una autoridad central.  El otro externo, el más publicitado, estaría enfocado en conquistar, a través de la personería jurídica, el reconocimiento de la sociedad política y civil: “No quieren ser tratados como como clubes de barrio ni sociedades de fomento, sino como entidades específicas reglamentadas en el Código Civil”.

Esos planes no están separados de la ampliación de las redes comentadas anteriormente. Desde el 2022, el pastor Héctor Gómez se encuentra construyendo con otras congregaciones “Esperanza al Cielo”, un proyecto que tiene como fin transformar material y espiritualmente todas las áreas de la sociedad en José C. Paz en un plazo de diez años.

A través de reuniones con sociedades de fomento, fuerzas de seguridad, bomberos voluntarios, centros de salud y partidos políticos, esta red busca no solo profesar su culto en estos sectores, sino también atender las problemáticas sociales de cada uno.

Esperanza al Cielo donó sillones oncológicos y una heladera al Hospital Mercante. Este año lanzó una campaña solidaria para entregar mochilas para estudiantes y se prepara para realizar refacciones de mantenimiento en la Comisaría de la Mujer.

 

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