
Milei aprieta con fondos: gobernadores negocian votos

Presupuesto 2026
En la Rosada, donde las reuniones se miden en dólares y no en minutos, Diego Santilli se planta con la carpeta bajo el brazo. No es un turista: es el emisario de Milei, el peronista reciclado que habla el idioma de los gobernadores como si fuera el suyo. Hoy llega a Corrientes, el primero de una gira que huele a trueque. Gustavo Valdés, el radical saliente, lo espera con la lista lista: deudas pendientes de la Nación, obras que se trabaron en el río Paraná y competitividad para un distrito que vive de la soja y el turismo. Santilli no va con promesas vacías: lleva refinanciamientos de deudas provinciales, un guiño que el Gobierno empezó a soltar para endulzar el Presupuesto 2026. Pero Valdés, como sus pares, quiere más: fondos frescos vía ATN, esa caja chica que siempre salva gestiones en apuros.
La rosca es clara y cruda. Milei, que ganó con el grito de "no negociar con la casta", ahora sabe que el Congreso violeta no basta. Para que el Presupuesto salga antes de Navidad -el sueño oficialista-, necesita los votos de los bloques provinciales. Y esos votos no caen del cielo: se compran con plata concreta, la que financia rutas, hospitales y changas en el interior. En noviembre, las transferencias a provincias cayeron 5,4% real interanual por la recaudación flaca, y gobernadores como Pullaro en Santa Fe o Sáenz en Salta ya largaron indirectas. Santilli, con su pragmatismo de ex legislador, traduce: "Diálogo sí, pero con resultados". Es el lenguaje que entiende Valdés, que deja el cargo a su hermano el 10 de diciembre y necesita cerrar con la frente alta. El ministro cumple la orden de Milei: lograr respaldo para el Presupuesto y las leyes extras, como la de Glaciares o la que multa a legisladores por aprobar sin financiamiento.
Mirá la jugada: el Gobierno acelera porque el calendario aprieta. Quieren el dictamen listo para después del recambio, pero nadie sesiona después del 18 -Navidad manda-. Santilli visita a Macri en CABA el jueves y a Ziliotto en La Pampa el viernes; Pullaro y Poggi quedan para última hora. Cuatro gobernadores peronistas -Buenos Aires, La Rioja, Formosa, Tierra del Fuego- siguen fuera de la mesa, fieles al Pacto de Mayo que no firmaron. El resto, dialoguistas de turno, piden lo mismo: efectividades para sus provincias, obras que sostengan la gestión local. Milei lo sabe: sin eso, las reformas laborales o tributarias se traban en comisiones. Santilli, con su olfato peronista, es el puente perfecto -habla de "soluciones" sin prometer el oro y el moro, pero deja caer ATN que llegan como lluvia fina.
La era del "Milei loco" terminó. Ahora es el animal político que mide cada paso. Sabe que los gobernadores no son caprichosos: necesitan fondos para mantener la maquinaria provincial, donde un puente roto o un hospital sin insumos pierden elecciones. El Presupuesto 2026, con sus 480 mil millones estimados, es el anzuelo: el 80% de libre disponibilidad se negocia en estas mesas. Pullaro, el moderado, y Sáenz, el salteño con olfato federal, ya mandaron señales: diálogo con Santilli, pero plata ya. En la Rosada descuentan cambios al dictamen de noviembre -más fondos para servicios, salud, obras-, pero el malestar crece. Si no cierran antes del 10, el verano legislativo se complica.
Al final, en este ajedrez donde las provincias son peones y la Nación el rey, Milei juega con cartas marcadas. Santilli negocia como un viejo zorro, y los gobernadores saben que el Presupuesto no es solo números: es supervivencia. Porque en Argentina, la política siempre pasa por la guita -y cuando la guita fluye, las reformas salen solas. O casi.


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