
Milei mantiene imagen, pero el rumbo del país preocupa

La fotografía política del segundo año de Javier Milei no es un elogio ni una condena. Es una tensión. La consultora Equipo_Mide revela que el Presidente conserva un 53 por ciento de imagen positiva, un capital nada despreciable en medio de un ajuste feroz. Pero esa adhesión personal convive con un diagnóstico alarmante: para el 52 por ciento de la población, el país va por el camino equivocado. Y para el 61 por ciento, las decisiones económicas del Gobierno lo afectan directamente de manera negativa. La Argentina de Milei es, según los datos, un país donde el apoyo al líder convive con el rechazo a su obra, un fenómeno clásico en gobiernos con narrativa potente y resultados magros.
La encuesta también desarma un mito que el oficialismo repite como mantra: que la inflación es la obsesión nacional. Hoy, las angustias se llaman pobreza, desempleo, inseguridad y corrupción. Recién después aparece la inflación. Milei ganó la batalla del relato antiinflacionario, pero perdió el territorio donde se define la vida cotidiana: el empleo, el bolsillo, la calle. El 32 por ciento de los encuestados dice que ya no llega a fin de mes. El 16 por ciento debe endeudarse. El 13 por ciento usa ahorros. El ajuste dejó de ser discurso sobre la herencia para convertirse en experiencia doméstica.
Un país emocionalmente dividido
Cuando se evalúa el estado emocional, el mapa es simétrico y desangelado. Un 38 por ciento expresa sentimientos positivos como esperanza o confianza. Un 36 por ciento cae en bronca, enojo, miedo o desilusión. Es un empate técnico entre quienes todavía creen y quienes ya no toleran el desgaste. Apenas un 2 por ciento declara sentir alegría. Si la Argentina fuera una serie, nadie diría que estamos en temporada de comedia.
Ese clima se refleja en las expectativas: solo el 34 por ciento piensa que en seis meses estará mejor. Un porcentaje prácticamente idéntico cree que estará peor. La sociedad no proyecta mejoras rápidas ni despliegues épicos. Lo que domina es la resignación: un 16 por ciento cree que seguirá “igual de mal”. La épica del shock, que Milei ensalza como cambio cultural, se enfrenta con el cálculo frío de una ciudadanía agotada.Aun así, el Presidente conserva su núcleo. El 36 por ciento se declara oficialista, una cifra significativa para un gobierno que tensiona todos los frentes a la vez. Ese núcleo duro explica por qué Milei mantiene oxígeno político incluso cuando la dirección económica genera más rechazo que entusiasmo. Pero la encuesta también exhibe el costo de su estilo: el 59 por ciento desaprueba sus formas. La motosierra, la hostilidad y el show permanente funcionan para su base, pero cansan al votante moderado que pide eficacia antes que estridencia.
El ajuste dejó de golpear “a la casta
La brecha entre el relato mileísta y la percepción social aparece con claridad en un dato: el 40 por ciento cree que las medidas del Gobierno afectan sobre todo a los que menos tienen. Apenas un 13 por ciento sostiene que golpean a “la casta política”. La promesa fundacional del proyecto libertario se debilitó. La sociedad siente que el esfuerzo recae sobre trabajadores, jubilados y clase media, no sobre los privilegiados del sistema.
El 24 por ciento identifica a la clase media como uno de los sectores más perjudicados. Es un indicador sensible: es la franja que definió elecciones en las últimas dos décadas y la que Milei necesita conservar para sostener gobernabilidad. El mensaje de “ajuste heroico” pierde brillo cuando las familias deben endeudarse para comprar alimentos o pagar tarifas pero con una oposición que no aparece.














