
Importaciones sin freno a beneficio del Partido Comunista de China

Compras récord
El salto de las compras de argentinos al exterior no es un fenómeno anecdótico ni un simple cambio de hábitos de consumo. Es un dato macroeconómico con implicancias productivas. En lo que va de 2025, las importaciones de particulares vía courier crecieron cerca de 300% interanual y ya totalizan US$694 millones. Desde julio, el ingreso mensual de bienes por esta vía se estabilizó alrededor de los US$100 millones, una cifra que, lejos de ser un techo, parece consolidarse como nuevo piso.
El telón de fondo es conocido. Un dólar planchado en términos reales funciona como subsidio implícito a la producción extranjera. Comprar afuera resulta barato, rápido y sin demasiados controles. Para el consumidor individual es una ventaja inmediata. Para la economía en su conjunto, un problema estructural. Cada paquete que entra por la puerta a puerta es demanda que no pasa por la industria local, ni por su red comercial, ni por el sistema impositivo.
El caso del sector textil expone con crudeza esta dinámica. En apenas tres años, China pasó de concentrar algo más de la mitad de los despachos a dominar siete de cada diez prendas importadas. Entre enero y octubre de 2024 y el mismo período de 2025, los envíos chinos crecieron 109%, por encima incluso del fuerte aumento general del sector. En tejidos de punto, la participación china alcanza el 94%. En indumentaria, el 71%. En confecciones terminadas, el 68%. No es solo volumen. Es variedad, velocidad y escala.
La explicación no se reduce a la eficiencia asiática. Hay decisiones de política económica que amplifican el fenómeno. La desregulación del sistema courier, la flexibilización aduanera y la falta de fiscalización sobre plataformas digitales configuraron un canal de ingreso prácticamente sin controles.
El impacto excede al sector textil. La expansión del modelo de venta directa al consumidor, a través de plataformas como Shein, AliExpress o Temu, redefine la lógica del comercio. Sin intermediarios, con ingreso aéreo y beneficios del puerta a puerta, estas empresas capturan renta local sin anclaje productivo. El resultado es una transferencia silenciosa de ingresos desde el mercado interno hacia el exterior, en un contexto de recesión y caída del empleo industrial.
Desde la óptica del programa económico, el fenómeno tiene una utilidad. Las importaciones baratas ayudan a contener algunos precios y a sostener el relato de desaceleración inflacionaria. Pero ese alivio es transitorio y selectivo. A cambio, se deteriora la base productiva, se pierde empleo y se achica la recaudación futura. El dólar atrasado abarata el consumo hoy y encarece la estructura económica de mañana.
La industria textil emplea a más de 500.000 trabajadores a lo largo de su cadena de valor. La presión importadora no solo amenaza fábricas, sino comercios, talleres y proveedores. No es una discusión ideológica, es una discusión de sostenibilidad económica. Sin producción local, no hay salarios que sostengan demanda ni impuestos que sostengan al Estado.














