Milei, el “Rey de los Planes”: Más de 6 millones de beneficiados

En los primeros dos años del gobierno libertario, la AUH y la Tarjeta Alimentar fueron las únicas transferencias que le ganaron a la inflación. Con datos oficiales y de observatorios independientes, el mapa de ingresos muestra una paradoja: ajuste duro sobre el trabajo y jubilaciones, y refuerzo de la ayuda directa para evitar un estallido social.
Política 21/01/2026
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El Presidente apela al populismo de la “ayuda social”

 

Los números del presupuesto social dibujan una radiografía nítida del modelo económico en marcha. Mientras el empleo formal, el salario mínimo y las jubilaciones perdieron poder adquisitivo frente a la inflación, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar se consolidaron como las únicas partidas que crecieron en términos reales durante los primeros dos años de gestión de Javier Milei. Lejos del relato del “fin de los planes”, la asistencia directa a la infancia fue el principal amortiguador del ajuste.

 

A diciembre de 2025, la AUH alcanzó a 4.114.513 titulares, entre ellos 93.453 beneficiarios por discapacidad. En paralelo, la Tarjeta Alimentar llegó a 2.546.130 familias y cubrió a más de 4,5 millones de niñas y niños. En total, más de seis millones de prestaciones activas. Se trata de un máximo histórico que habla menos de una expansión virtuosa y más de una transformación estructural: la Argentina se aleja de su viejo perfil de clase media amplia y se acerca a un esquema de protección focalizada propio de economías más desiguales de la región.

 

Los datos de evolución real refuerzan esa lectura. Informes del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP) y del Monitor de Economía Popular de la Fundación para el Desarrollo Humano Integral (FDHI) muestran que AUH y Alimentar fueron los únicos ingresos que, de manera consistente, corrieron por encima de la inflación. El salario mínimo, en cambio, perdió mes a mes y hoy cubre apenas una porción de la Canasta Básica Total. La diferencia es clave: la política social contuvo la indigencia, pero el ajuste se descargó sobre el trabajo.

 

La comparación histórica agrega contexto. En 2015, el final del segundo mandato de Cristina Kirchner dejó alrededor de 250 mil planes. Durante el gobierno de Mauricio Macri, según el Observatorio de Datos de la Fundación del Plata, ese número se triplicó hasta rozar el millón y medio. Con Alberto Fernández y la pandemia, la cobertura trepó a unos 4 millones. Lejos de revertirse, con Milei la asistencia creció en beneficiarios y, sobre todo, en poder de compra real.

 

En términos concretos, la AUH actual es 23 por ciento superior a la vigente al final del gobierno de Alberto Fernández y alrededor de 10 por ciento más alta que la de la etapa de Cristina Kirchner, cuando se creó el programa. La suba interanual real ronda el 47 por ciento y, en la medición oficial, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2024 el incremento se acercó al 100 por ciento. El dato contrasta con la devaluación del 120 por ciento de diciembre de 2023, cuyo impacto sobre salarios nunca se recompuso del todo.

 

Este esquema ayuda a entender un fenómeno político central: pese a un ajuste de magnitud histórica, no hubo estallido social masivo. El Gobierno desplazó a las organizaciones sociales de la intermediación y reforzó las transferencias directas, blindando el piso alimentario. Aun así, la mejora no alcanza para sacar a los hogares de la pobreza: AUH y Alimentar cubren la Canasta Básica Alimentaria, pero quedan lejos de la Total.

 

La contracara es el mercado de trabajo. En los dos primeros años de gestión libertaria se perdieron cerca de 180 mil empleos formales y la tendencia se agravó en 2025, con picos de destrucción mensual. En las provincias, la presión se trasladó a los gobiernos locales.

 

La paradoja queda expuesta. Mientras el discurso oficial insiste en achicar el Estado, la red de contención social no solo se mantuvo: se convirtió en la principal garantía de estabilidad. El ajuste avanzó sobre salarios y empleo; la asistencia directa quedó como el ancla silenciosa que evitó que el costo social del modelo se tradujera en conflicto abierto.

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