Boulogne Sur Mer: planta paralizada y reclamo sindical en Lácteos Verónica

El centro de distribución frenó su actividad y dejó a decenas de trabajadores sin tareas y con sueldos adeudados. Denuncian lockout patronal y exigen la continuidad laboral.
Región 30/03/2026

NOTA 6Por Rodrigo Lescano

 

Batista llevaba 40 años como encargado de mantenimiento; Ernesto, 30 al volante de los camiones; Ricardo, 27; y Víctor contaba los meses para jubilarse. Una vida entera entre cajas, frío de cámara y olor a leche recién procesada. El 9 de marzo, todo se detuvo: el centro de distribución de Lácteos Verónica, en Boulogne Sur Mer, cerró sus puertas y los dejó afuera junto a medio centenar de compañeros.

Afuera de los portones, la duda inundó a los trabajadores. Días antes les habían notificado que, desde esa semana, trabajarían la mitad del turno y cobrarían también la mitad del sueldo. Pero Lácteos Verónica no cumplió con su palabra: frente a ellos había un lockout patronal y una suspensión encubierta. No entendían cómo un lugar que había sido rutina diaria durante años se convertía, de un día para otro, en una puerta cerrada.

No hubo explicaciones por parte de la empresa. La pregunta constante —qué viene ahora— no encontraba respuesta. La incertidumbre económica apareció enseguida: cuentas, alquiler, medicamentos, estudios de los hijos. No quedaba dinero en las billeteras. Les adeudaban salarios desde diciembre de 2025 y los ahorros, sostenidos con préstamos y changas, habían llegado a su fin. En los últimos tres meses, solo recibieron 58 mil pesos.

Al sentir que no se valoraron sus trayectorias de décadas ni sus oficios, los operarios convocaron a su gremio, ATILRA (Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina), y comenzaron un acampe alrededor de los portones del centro de distribución.

—Denunciamos en la Secretaría de Trabajo de la Nación a la empresa Verónica por lockout empresarial, vaciamiento y retenciones indebidas a los trabajadores. Les descuentan los aportes jubilatorios y no los depositan; lo mismo ocurre con la obra social. La empresa está haciendo un juego sucio —comentó a LA PRIMERA Gustavo Campos, secretario general de la seccional Capital del sindicato, mientras la batucada marcaba el pulso de la protesta con redobles constantes que retumbaban contra los portones.

Del otro lado de los portones, cada empleado cultivaba una sospecha: por los altos salarios del convenio lechero, la empresa intentaría reabrir con poco personal. Recordaban que el dueño en las asambleas se quejaba por pagar lo que les correspondía por derecho.

 

Panorama incierto

Sin novedades, los operarios colgaron una bandera con la inscripción “Basta de abandono a los trabajadores de Verónica” en uno de los alambrados de la planta. Un mensaje potente que también se replicaba a 410 km de allí. Los operarios del centro de distribución de Mar del Plata vivían la misma película.

El cierre del centro de distribución en Boulogne Sur Mer es parte de la profunda crisis que atraviesa la firma, propiedad de la familia Espiñeira. Sus plantas en Lehmann, Suardi y Clason (Santa Fe) no elaboran productos propios ni servicios de fasón (producción para terceros) debido a la falta de insumos y materias primas. En total, 700 familias están en riesgo.

—Ellos aducen que quieren reorganizarse en forma empresarial para poder conseguir materia prima, reestructurarse y así poder activar todo esto. Supuestamente es lo que manifestaron en varias audiencias, pero sucede totalmente lo contrario. En vez de encontrar alternativas y soluciones, nos encontramos con un panorama incierto —sumó a este medio Ariel Sánchez, delegado del centro de distribución, mientras marchaba con sus compañeros alrededor de las instalaciones.

Según fuentes empresariales, la crisis en Verónica se debe a la caída de la producción láctea nacional, el descenso del consumo interno, el aumento sostenido de costos por la inflación y otros factores internos. Sin embargo, la empresa no ha podido demostrar ante las autoridades nacionales tal crisis porque, el año pasado, le fue rechazado un proceso preventivo de crisis para poder despedir a 200 operarios.

Los propietarios continúan produciendo leche en su propio tambo, con un volumen aproximado de 80.000 litros diarios. Pero esa producción es enviada a otras industrias en lugar de procesarse en la planta de Lácteos Verónica.

—Hablamos de dueños que tienen miles de hectáreas, tambos propios y millones de dólares invertidos en el exterior. Podrían sostener la empresa y defender una marca histórica con una sola decisión: querer hacerlo. No es falta de recursos; es falta de voluntad. Miles de pymes han pedido préstamos y salieron a flote —afirmó Gustavo Campos.

 

Tensa esperanza

El conflicto en el centro de distribución en Boulogne lleva dos semanas. Los acampes y los repiques agudos de la batucada solo aparecen cuando hay audiencias entre las partes involucradas. Los colectivos que transitan la Bernardo de Irigoyen dejaron de saludar a los chóferes de los camiones. Los días pasan y las soluciones se hacen sentir por su ausencia.

Los propietarios de Lácteos Verónica buscan un comprador desde el año pasado. Son inciertas las negociaciones con Alimentos Fransro SRL, una firma ligada a la provisión de alimentos al Estado a través del ex Ministerio de Desarrollo Social, hoy Capital Humano, y que está investigada por presunta corrupción. Según pudo saber LA PRIMERA, la firma propuso, en una de las audiencias, procesar en una de sus plantas 50 mil litros de leche y solo contratar quince trabajadores. Las sospechas obreras parecieran hacerse realidad.

La esperanza se tensa en cada una de las 50 familias del centro de distribución. Se mezcla la resistencia con el deseo de que la situación se revierta. Ricardo, quien despachó miles de litros de leche y toneladas de quesos durante 27 años, decidió junto a su esposa vender huevos en su casa. Algunos de sus compañeros se convirtieron en remiseros o vendedores de feria. Se siente desprotegido por el Estado. La paciencia es su única arma: “Lácteos Verónica no me quiere indemnizar, quiere que me canse y me vaya”.

—Los trabajadores quieren volver a su puesto de trabajo y quieren tener los sueldos que les corresponden, que se los paguen. No hay otra cosa: pedimos solamente eso. —enfatizó Ariel Sánchez, delegado y miembro de la comisión directiva de ATILRA.

  

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