La guerra en Medio Oriente le costó $155.500 a cada familia con auto en Argentina

Mientras el petróleo internacional volvió a retroceder tras la distensión entre Estados Unidos, Israel e Irán, los surtidores argentinos conservaron los aumentos. El resultado fue un sobrecosto que terminó financiando el consumidor local.
Actualidad30/06/2026

NOTA ECONOMIA SURTIDOR La geopolítica parece lejana hasta que aparece en el surtidor. Durante los meses en que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán elevó la tensión sobre el mercado energético mundial, cargar combustible en Argentina dejó de ser apenas un gasto cotidiano para transformarse en uno de los costos más visibles que la economía doméstica debió absorber. Lo llamativo es que, cuando el escenario internacional comenzó a normalizarse, el alivio nunca llegó a los bolsillos.

Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) calculó que cada hogar argentino con automóvil desembolsó $155.500 adicionales desde el inicio de la crisis en Medio Oriente. Traducido al consumo mensual, el impacto rondó los $38.874 por familia, una cifra que se acumuló mientras los precios internacionales del petróleo ya comenzaban a retroceder.

 

Cuando el petróleo baja, pero el surtidor no se entera

El cálculo parte de una realidad concreta: el 46,5% de los hogares argentinos posee al menos un automóvil y consume, en promedio, 75 litros mensuales de nafta súper y otros 26,2 litros de premium. Ese consumo habitual terminó pagando un precio construido sobre un escenario internacional que ya cambió, pero cuyos efectos permanecieron en las estaciones de servicio.

Tras la reapertura del estrecho de Ormuz y la distensión entre Washington y Teherán, el mercado petrolero reaccionó rápidamente. En Estados Unidos el precio de los combustibles cayó alrededor de un 12%, mientras que en Brasil la reducción rondó el 5%. En Argentina ocurrió algo diferente: los valores prácticamente permanecieron donde habían quedado durante el pico del conflicto.

El dato adquiere una dimensión particular porque Argentina ya dejó de ser solamente un país consumidor de petróleo. Hoy también exporta hidrocarburos y Vaca Muerta se consolidó como uno de los motores de ingreso de divisas. Sin embargo, esa condición exportadora no se tradujo en un beneficio para quienes cargan combustible todos los meses.

Según el informe, cuando comenzó la escalada militar el barril cotizaba cerca de 68 dólares. Actualmente ronda los 74 dólares, apenas un 4% por encima de aquel valor. Sin embargo, la nafta medida en dólares continúa alrededor de 24,3% más cara que antes del conflicto. En otras palabras, la baja del crudo no encontró un correlato equivalente en los surtidores.

Mientras tanto, el Banco Central informó ingresos extraordinarios cercanos a US$1.983 millones provenientes del complejo petrolero durante abril, una señal de que el sector siguió aportando divisas en medio del proceso de acumulación de reservas.

 

El mercado de combustibles también empieza a mostrar otra cara. Durante mayo se comercializaron 1.419.422 metros cúbicos entre naftas y gasoil. Si bien el volumen fue apenas 0,2% inferior al registrado un año atrás, representó una mejora de 3,03% respecto de abril, un dato que algunos analistas interpretan como una estabilización luego de varios meses de fuerte caída.

En paralelo, YPF reforzó su liderazgo comercial al incrementar sus ventas 3,25% interanual, alcanzando casi 794.000 metros cúbicos despachados durante mayo.

La enseñanza económica deja una pregunta incómoda. En un país productor de petróleo, una guerra a miles de kilómetros terminó teniendo un costo concreto para millones de familias. Pero cuando el conflicto se desinfló y el precio internacional comenzó a acomodarse, la factura siguió llegando igual. Porque en Argentina, muchas veces, las subas encuentran explicaciones globales; las bajas, en cambio, suelen perderse antes de llegar al surti

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