
Conurbano Norte: crecen las deudas y el malestar económico en los hogares

La economía suele analizarse desde los grandes números: inflación, reservas, dólar o riesgo país. Pero hay otro indicador que muchas veces anticipa las crisis silenciosas: la incapacidad de las familias para pagar sus deudas. Ese fenómeno se profundiza en el Gran Buenos Aires y ya comienza a convertirse en una de las señales más preocupantes de la economía real.
Aunque el foco más crítico continúa concentrándose en el segundo y tercer cordón del Conurbano, el deterioro también empieza a sentirse en buena parte del corredor norte bonaerense, donde el freno de la actividad, la pérdida del poder adquisitivo y el aumento del endeudamiento modifican el comportamiento financiero de miles de hogares. La fotografía deja en evidencia una realidad incómoda: la recuperación macroeconómica todavía no logra traducirse en alivio para buena parte de las familias.
La deuda dejó de financiar consumo para sostener gastos básicos
Los datos muestran que el problema ya no se limita al acceso al crédito. La preocupación pasa por la capacidad de devolverlo. Un relevamiento de Analytica ubica la morosidad promedio de la provincia de Buenos Aires en el 27,7%, mientras que en el Conurbano asciende al 30,3%. En algunos municipios del oeste y sur del Gran Buenos Aires los niveles son todavía más elevados: Florencio Varela alcanza el 38,3% y José C. Paz llega al 37,3%, cifras que reflejan un deterioro financiero pocas veces visto.
Detrás de esos porcentajes aparecen hogares que recurren cada vez con mayor frecuencia a préstamos personales, tarjetas de crédito, billeteras virtuales y plataformas digitales para cubrir gastos cotidianos. Ya no se trata de financiar una compra extraordinaria. En muchos casos el crédito pasó a convertirse en una herramienta para afrontar alimentos, transporte, servicios o medicamentos.
Ese fenómeno convive con un mercado laboral debilitado. Según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, la desocupación en el Conurbano alcanza el 9,7%, mientras que la informalidad supera el 55%. La combinación resulta especialmente delicada: ingresos inestables y deudas con tasas elevadas forman una ecuación difícil de sostener en el tiempo.
A ese escenario se suma la pérdida de poder adquisitivo señalada por distintos estudios del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que identifica un deterioro persistente del salario real durante la actual gestión. Cuando los ingresos pierden capacidad de compra, las familias reducen consumo primero y, cuando eso ya no alcanza, comienzan a financiar el día a día con crédito.
En paralelo, otros costos golpean con mayor fuerza sobre el bolsillo de quienes viven lejos de los grandes centros urbanos. El aumento del transporte para quienes recorren largas distancias hasta sus trabajos y la desregulación del precio de las garrafas, esenciales en barrios sin acceso a la red de gas, profundizan la presión sobre economías domésticas ya tensionadas.
Las consecuencias también empiezan a trasladarse al plano político. Mediciones regionales de CB Consultora muestran niveles de desaprobación presidencial que oscilan entre el 58% y el 62% en buena parte del Conurbano profundo, un territorio donde el deterioro económico suele reflejarse con rapidez en el humor social.
El corredor norte del Gran Buenos Aires todavía presenta realidades heterogéneas según cada distrito, pero tampoco permanece ajeno a esta dinámica. La desaceleración del consumo, el aumento de la morosidad y el enfriamiento de la actividad muestran que la recuperación de los indicadores macro todavía no alcanzó a la economía cotidiana. Y mientras las planillas financieras hablan de estabilización, en miles de hogares la verdadera cuenta pendiente sigue siendo llegar a fin de mes sin volver a pedir prestado.






Nardini participó de la Primera Jornada de Discusión para la Reforma de la Ley de Seguridad
Región 07/07/2026



Nardini participó de la Primera Jornada de Discusión para la Reforma de la Ley de Seguridad
Región 07/07/2026



