
El Conurbano Norte enfrenta una nueva ola de cierres industriales
Mientras la macroeconomía ofrece algunos datos que el Gobierno exhibe como señales de recuperación, en el conurbano bonaerense el termómetro sigue marcando otra temperatura. Fábricas paralizadas, despidos, pequeñas empresas que bajan sus persianas y plantas que trabajan muy por debajo de su capacidad describen una realidad que no aparece con la misma claridad en los indicadores generales de actividad.
El diagnóstico surge de un informe elaborado por el Observatorio Económico de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), construido a partir de registros oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). Los números muestran que, desde el inicio de la gestión de Javier Milei, desaparecieron 1.814 empresas y se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados. Traducido a una escala cotidiana, el estudio estima un promedio cercano a 60 empresas que dejaron de operar por día.
No se trata solamente de un problema estadístico. Detrás de cada CUIT que desaparece hay talleres, comercios, pequeñas industrias y cientos de familias que dejan de encontrar en el empleo formal el principal sostén de sus ingresos.
El conurbano, donde la crisis deja de ser un gráfico
El informe de la UNDAV, una universidad profundamente vinculada al entramado productivo del sur del conurbano, sostiene que el deterioro golpeó con mayor intensidad a los sectores históricamente más intensivos en empleo: la industria manufacturera, la construcción y buena parte de los servicios.
La economía, es cierto, muestra algunos indicadores positivos. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC registró una mejora interanual del 1,6% en abril y el Producto Interno Bruto creció 2,3% durante el primer trimestre. Sin embargo, esos datos conviven con otra realidad menos visible: el crecimiento no logra traducirse en generación de empleo formal.
Para la universidad, la recuperación aparece concentrada en actividades como la explotación de minas y canteras, sectores vinculados a las exportaciones que demandan mucha menos mano de obra que la industria tradicional. En otras palabras, puede crecer la producción sin que necesariamente crezca el trabajo.
El fenómeno también modifica la calidad del empleo. Mientras disminuye el número de asalariados registrados, aumenta la cantidad de monotributistas. Según el estudio, los inscriptos bajo ese régimen crecieron un 11,9%, una tendencia que para los investigadores refleja un mercado laboral cada vez más precarizado y con menor protección.
Los datos encuentran un correlato inmediato en la realidad industrial del conurbano. En San Fernando, la planta de FATE lleva cinco meses sin actividad y más de mil familias continúan reclamando una salida para preservar los puestos de trabajo. El sindicato impulsa una ocupación temporaria de las instalaciones para sostener la producción, mientras la empresa ratifica que el cierre responde a la pérdida de competitividad y al avance de las importaciones.
La otra postal se encuentra en Lanús, donde la planta Tenaris Siat mantiene un conflicto que permanece abierto pese a la conciliación dictada por el Ministerio de Trabajo bonaerense. La cartera laboral ordenó retrotraer provisoriamente los 150 despidos, pero la comisión interna denuncia que los trabajadores todavía no fueron reincorporados y que las negociaciones no lograron modificar la decisión empresarial.
La compañía atribuye el ajuste a la finalización de grandes contratos vinculados con Vaca Muerta y a la ausencia de nuevos proyectos de infraestructura. Sin embargo, el conflicto vuelve a instalar una pregunta que excede a una sola empresa: cuánto de esta retracción responde a un cambio coyuntural y cuánto forma parte de una nueva estructura productiva con menor demanda de empleo industrial.
A ese escenario se suma otro dato oficial del INDEC que refuerza las señales de enfriamiento. En mayo, la utilización de la capacidad instalada de la industria cayó al 58,4%, interrumpiendo la recuperación que se había observado desde comienzos del año. La metalmecánica fue uno de los sectores más golpeados, al retroceder del 46% al 38,7% de utilización, afectada principalmente por la menor fabricación de maquinaria agrícola y electrodomésticos.
La combinación de estos indicadores plantea un debate que va más allá de una coyuntura. Una economía puede estabilizar variables financieras, controlar la inflación o mejorar algunos indicadores de actividad. Pero cuando el entramado de pequeñas empresas comienza a desaparecer y la industria pierde peso como generadora de empleo, el costo deja de medirse únicamente en puntos del PBI. Se mide en barrios donde cada persiana que baja también reduce el consumo, debilita al comercio local y achica las oportunidades de trabajo. Y esa es una cuenta que ningún indicador macroeconómico puede ocultar.








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