
San Martín, La Matanza y Morón lideran el retroceso industrial que golpea al Norte y Oeste del Conurbano
La economía bonaerense terminó una década prácticamente sin avanzar. Pero el problema no es solamente que la provincia produzca casi lo mismo que hace diez años. Lo verdaderamente preocupante es qué dejó de producir. El histórico entramado manufacturero del primer cordón del Conurbano continúa perdiendo peso mientras el crecimiento se desplaza hacia el comercio, la logística y los servicios financieros, actividades que sostienen el movimiento económico pero no reemplazan la capacidad industrial perdida.
Esa es la principal conclusión del informe Cadenas productivas en los municipios de la provincia de Buenos Aires en la última década, elaborado por Agustín Lodola y Diego Pitetti, investigadores del Laboratorio de Desarrollo Sectorial y Territorial de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, que analizó 63 cadenas productivas en los 135 municipios bonaerenses y reconstruyó la evolución económica entre 2016 y 2025.
El primer cordón industrial pierde espesor productivo
El estudio muestra una secuencia marcada por recesiones, una recuperación parcial entre 2020 y 2022, nuevos retrocesos durante 2023 y 2024 y un rebote en 2025 que no alcanzó para recuperar el terreno perdido. En términos reales, la economía provincial terminó prácticamente donde había comenzado diez años atrás.
Sin embargo, debajo de ese aparente estancamiento ocurrió una transformación mucho más profunda. Mientras actividades como logística, software, salud, turismo y algunas cadenas agropecuarias ganaron participación, la industria manufacturera perdió protagonismo en casi todas sus ramas.
Los bienes de capital aparecen como uno de los casos más sensibles. Según el informe de la UNLP, constituyen la tercera cadena productiva que más incidió negativamente sobre el desempeño provincial durante la década, detrás de la soja y la cadena láctea. No es un dato menor. Allí se concentran las empresas que fabrican máquinas, equipos, herramientas y componentes utilizados por el resto del aparato productivo.
Cuando esa cadena retrocede no solamente desaparecen fábricas. También se debilita una red integrada por talleres metalúrgicos, proveedores especializados, ingenieros, matriceros, técnicos y empresas que generan innovación industrial. Son capacidades que no vuelven automáticamente cuando mejora el ciclo económico.
La geografía del deterioro también resulta reveladora. El informe identifica al primer cordón del Conurbano como el principal foco de retroceso manufacturero. La Matanza aparece entre los municipios que más incidieron negativamente sobre el crecimiento provincial, seguida por Lomas de Zamora, Avellaneda, General San Martín, Lanús, Morón y otros históricos polos fabriles.
En cambio, parte de la segunda corona logró sostener mejores niveles de crecimiento apoyándose en actividades vinculadas a la logística, el comercio y algunos servicios asociados a la expansión metropolitana.
El trabajo también clasifica a los municipios según su evolución reciente y de largo plazo. Entre los distritos considerados rezagados aparece buena parte del núcleo económico bonaerense: La Matanza, General San Martín, Almirante Brown, Quilmes, Lomas de Zamora, Lanús, Avellaneda, La Plata, Merlo, San Fernando, San Miguel, San Nicolás y Olavarría, entre otros. En conjunto concentran el 52,2% del valor agregado bruto provincial.
El fenómeno no implica que esas ciudades hayan dejado de producir. Lo que ocurrió fue un cambio de composición. En muchos casos el comercio, los servicios financieros y la logística amortiguaron la caída industrial. Pero esa sustitución modifica el perfil económico de los distritos, reduce la demanda de empleo técnico y debilita la capacidad para producir bienes con mayor valor agregado.
La expansión de los servicios no constituye un problema en sí mismo. De hecho, actividades como el software o la logística pueden aportar innovación y productividad. El desafío aparece cuando ese crecimiento no complementa una industria dinámica sino que ocupa el lugar que deja una base manufacturera cada vez más reducida.
El informe de la Universidad Nacional de La Plata deja planteada una discusión mucho más profunda que una simple fotografía estadística. El Conurbano sigue concentrando buena parte del aparato productivo argentino, pero su perfil está cambiando.
La provincia conserva consumo, movimiento comercial y servicios, aunque pierde lentamente parte del entramado industrial que durante décadas sostuvo empleo calificado, innovación y desarrollo tecnológico. Esa erosión, silenciosa y prolongada, probablemente sea uno de los desafíos estructurales más importantes que enfrenta hoy la economía bonaerense.


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