
“Galperín usurero”: crece el repudio por las tasas de Mercado Pago y el conflicto salta a la calle
Hay momentos en que un conflicto económico deja de discutirse en una planilla y adquiere una dimensión social bastante más difícil de administrar. Eso empezó a ocurrir con Marcos Galperín. La convocatoria de Libres del Sur a no utilizar Mercado Libre, Mercado Pago ni Mercado Crédito durante este lunes 17 de agosto tuvo una consigna deliberadamente brutal: "Galperín usurero". El dato político no está solamente en cuánta gente efectivamente dejó de utilizar las plataformas durante 24 horas. Está en que la acusación comenzó a circular y encontró un terreno social dispuesto a escucharla.
El cuestionamiento tiene detrás una cifra que explica buena parte de su potencia. Los organizadores del boicot denuncian que determinados créditos ofrecidos a través de Mercado Pago pueden alcanzar costos financieros de hasta 1.300% anual. También sostienen que existe una enorme diferencia respecto de Brasil. Son cifras aportadas por quienes impulsan la protesta y, por lo tanto, no corresponde convertirlas automáticamente en una constatación judicial o regulatoria. Pero explican por qué la discusión escaló tan rápido.
Porque el crédito digital ya no ocupa solamente el espacio cómodo de financiar una compra. En una economía atravesada por salarios ajustados y endeudamiento familiar, las billeteras virtuales se transformaron para muchos usuarios en una fuente inmediata de dinero. Y cuanto mayor es la necesidad de quien pide prestado, menor suele ser su capacidad para rechazar condiciones extremadamente caras.
Cuando "usurero" deja de ser solamente un insulto
Hay además una particularidad jurídica que vuelve especialmente pesada la palabra elegida contra Galperín. La usura existe como delito en la Argentina. El artículo 175 bis del Código Penal castiga con uno a tres años de prisión a quien, aprovechándose de la necesidad, ligereza o inexperiencia de una persona, obtenga intereses o ventajas pecuniarias evidentemente desproporcionadas. La pena aumenta de tres a seis años cuando quien realiza esa conducta es un prestamista o comisionista usurario profesional o habitual.
Eso no permite afirmar que Mercado Pago o Galperín estén cometiendo ese delito. Una tasa extraordinariamente elevada no configura automáticamente usura penal: para determinarlo deben acreditarse los elementos que exige la ley y corresponde hacerlo a la Justicia. La diferencia es importante porque una cosa es una acusación política y otra, bastante distinta, una responsabilidad penal.
Pero el fenómeno que apareció alrededor de Mercado Pago merece observarse incluso antes de llegar a los tribunales. Lo relevante es que una empresa construida alrededor de conceptos como innovación, inclusión financiera y democratización tecnológica empieza a recibir una palabra proveniente del vocabulario más antiguo del crédito: usura.
Y eso sucede mientras el endeudamiento deja de estar asociado exclusivamente a comprar un auto, una heladera o financiar una inversión. Cuando una familia pide plata para atravesar el mes, el préstamo cambia de naturaleza social. Ya no financia futuro: financia presente. Y una tasa explosiva aplicada sobre esa necesidad adquiere inevitablemente otra lectura.
El Gobierno tiene una posición económica conocida: mientras las condiciones sean transparentes y voluntariamente aceptadas, corresponde que las partes decidan. El problema es que la libertad contractual resulta bastante menos abstracta cuando una de las partes necesita dinero urgentemente para pagar comida, servicios o una deuda anterior.
Ahí está probablemente el combustible más potente del boicot. Libres del Sur consiguió condensar una discusión compleja sobre tasas, fintech, regulación y endeudamiento en dos palabras que cualquiera entiende.
Puede discutirse cuánto afectó económicamente una protesta de apenas un día a una compañía gigantesca. Mucho más difícil será medir otra cosa: cuánto daño produce que una marca asociada durante años al éxito empresarial argentino comience a quedar pegada, entre sectores crecientes de la sociedad, a la idea exactamente opuesta.
Porque una aplicación puede recalcular una tasa en segundos. Lo que ninguna fintech puede recalcular con un algoritmo es el momento en que el cliente deja de verla como solución y empieza a verla como parte del problema.


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