San Fernando: FATE lleva seis meses cerrada: sus obreros proponen que Provincia reactive la histórica fábrica

La planta de San Fernando permanece ocupada pacíficamente desde febrero. Sus 920 trabajadores fueron despedidos, pero el SUTNA asegura que la fábrica conserva materia prima y capacidad para volver a producir. Ahora impulsan una ley para que el Estado bonaerense tome temporalmente el control y la ponga nuevamente en marcha.
 
Región 18/08/2026

NOTA 3Durante décadas, decir FATE en Argentina era casi decir neumático. La marca alcanzó un nivel de reconocimiento y calidad tal que muchos consumidores ni siquiera reparaban en algo bastante menos habitual de lo que parece: esas cubiertas salían de una fábrica argentina. Hoy esa enorme planta de San Fernando lleva seis meses sin producir. Las máquinas están ahí, los trabajadores también y, según el gremio, hasta queda materia prima suficiente para arrancar. Lo que falta es una decisión.

El 18 de febrero, los 920 trabajadores encontraron cerrados con cadenas los accesos a la fábrica y la comunicación empresarial de que FATE dejaba de operar. Desde entonces mantienen, acompañados por el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA), una permanencia pacífica para preservar las instalaciones y reclamar la reapertura.

El conflicto excede por mucho la situación de una empresa. FATE es la única fábrica argentina que produce neumáticos para camiones y colectivos. Su desaparición productiva significa que un insumo fundamental para el transporte pesado queda dependiendo de producción extranjera.

Alejandro Crespo, secretario general del SUTNA, sostiene que no existe un impedimento técnico para volver a fabricar. "La planta está lista para arrancar, está llena de materia prima, puede trabajar hasta un año sin comprar absolutamente nada", aseguró. Según el dirigente, también permanecen disponibles el personal y las condiciones necesarias para reanudar inmediatamente la actividad.

La discusión, entonces, dejó de ser solamente sindical. Los trabajadores comenzaron a impulsar un proyecto para que el Estado bonaerense intervenga temporalmente la planta y la vuelva a poner en producción. Una suerte de provincialización transitoria que preserve la capacidad industrial mientras se define una salida definitiva.

 

Una fábrica parada y una discusión que llega a La Plata

El planteo obliga a mirar qué ocurrió detrás del cierre. FATE pertenece a Javier Madanes Quintanilla, propietario también de Aluar, la principal productora de aluminio del país. Desde el SUTNA vinculan directamente la decisión empresarial con el enfrentamiento entre el grupo y el Gobierno nacional por la política de apertura comercial y el ingreso de productos chinos.

Crespo lo plantea sin demasiados rodeos: atribuye el cierre a "una pelea política entre el empresario Quintanilla y el gobierno de Milei". La explicación corresponde al dirigente gremial y no modifica la decisión formal tomada por la compañía, pero introduce una dimensión difícil de ignorar: 920 familias quedaron en medio de un conflicto que excede ampliamente las puertas de San Fernando.

Y ahí aparece Provincia.

Una intervención bonaerense de estas características no sería una decisión menor. Exigiría legislación, recursos, capacidad administrativa y una estrategia que explique cómo comercializar, financiar y sostener la producción. Poner una fábrica en funcionamiento no consiste solamente en encender máquinas. Pero tampoco se está hablando de levantar una industria desde los cimientos. Hay instalaciones, conocimiento acumulado, trabajadores especializados y, según el sindicato, materia prima disponible.

Eso convierte el caso FATE en una discusión concreta sobre política industrial. ¿Qué debe hacer el Estado cuando desaparece una capacidad productiva estratégica que todavía puede funcionar? ¿Dejar que el mercado resuelva su destino, buscar otro inversor o intervenir para conservarla?

Los trabajadores ya eligieron su respuesta. Este 18 de agosto, al cumplirse seis meses del cierre, convocaron frente a la fábrica a organizaciones sindicales, sociales y de jubilados para volver a instalar el reclamo.

Hay también algo profundamente territorial detrás de los números. Una fábrica de 920 trabajadores no termina en sus portones. Hay proveedores, comercios, talleres, transportistas y familias cuyos ingresos circulaban alrededor de esa actividad. Cuando una planta semejante se apaga, el silencio industrial se escucha varias cuadras más allá.

FATE todavía está en San Fernando. Sus máquinas no fueron desmanteladas y sus trabajadores siguen reclamando volver a producir. Ellos dicen estar listos.

Después de seis meses, la pregunta ya no está solamente dentro de la fábrica. Está cruzando el portón y viajando hacia La Plata: ¿la política bonaerense también está lista?

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