Nordelta quiere volver a expandirse sobre los humedales y los carpinchos regresan a la pelea

La empresa presentó un estudio ambiental que podría destrabar nuevas urbanizaciones hoy limitadas por la Justicia. El proyecto prevé pasar de unos 40.000 a 84.000 habitantes. Organizaciones ambientalistas cuestionan las medidas de mitigación y apuntan contra el Municipio de Tigre por habilitar el proceso que puede abrir otra etapa de expansión.
Región 18/08/2026

NOTA 5Durante años, los carpinchos de Nordelta fueron tratados como una curiosidad argentina: animales enormes caminando entre jardines impecables, cruzando calles privadas y apareciendo junto a piscinas de uno de los desarrollos inmobiliarios más exclusivos del país. Pero detrás de aquellas imágenes simpáticas había una discusión bastante menos pintoresca. El problema nunca fueron solamente los carpinchos. El problema era qué había ocurrido con el territorio que ocupaban antes de que allí hubiera barrios, lagos artificiales y mansiones.

Ahora la pelea vuelve al centro de Tigre. Nordelta S.A. presentó ante el Municipio un Estudio de Impacto Ambiental Acumulativo (EIAA) con el que pretende evaluar casi tres décadas de transformación territorial y establecer bajo qué condiciones podrían completarse las etapas pendientes de la urbanización.

El movimiento tiene una consecuencia concreta: sobre Nordelta pesan restricciones judiciales que impiden avanzar libremente sobre sectores todavía no consolidados. Nuevas urbanizaciones, rellenos, movimientos de suelo, drenajes, modificaciones de costas y otras intervenciones capaces de reducir superficies vegetales quedaron condicionadas por una cautelar iniciada en 2025 y posteriormente reformulada por la Cámara de Apelación en lo Contencioso Administrativo de San Martín.

Por eso el estudio ambiental importa tanto. No se está discutiendo solamente el pasado de Nordelta. Se está discutiendo su futuro.

Y ese futuro es enorme. El propio documento presentado por la desarrolladora señala que actualmente viven allí alrededor de 40.000 personas y que, una vez terminado el proyecto, podrían ser aproximadamente 84.000. Prácticamente otra Nordelta dentro de Nordelta.

La empresa sostiene que completar sectores ya transformados podría resultar compatible con el funcionamiento urbano y ambiental siempre que se apliquen medidas de manejo, monitoreo y recuperación. Pero esa conclusión pertenece al estudio encargado por la propia desarrolladora y todavía debe atravesar la evaluación correspondiente.

Ahí aparece el punto político. El Municipio de Tigre, conducido por Julio Zamora, abrió el procedimiento de participación ciudadana y convocó a una audiencia pública para este viernes 21 de agosto en Benavídez. Formalmente, se trata de la instancia institucional para escuchar observaciones antes de avanzar. Para las organizaciones ambientalistas, en cambio, el proceso debe ser observado con lupa porque puede convertirse en la puerta administrativa para destrabar una expansión inmobiliaria que la Justicia mantiene limitada.

 

El verdadero precio de seguir agrandando Nordelta

Hay un dato particularmente incómodo: el propio estudio presentado por Nordelta reconoce la profundidad de las modificaciones realizadas.

Durante casi treinta años hubo movimientos y rellenos de suelo, desaparición de sectores vegetados, impermeabilización, construcción de lagunas artificiales y alteraciones sobre el arroyo Las Tunas. También se identifican pérdida de ambientes palustres y pajonales, simplificación del paisaje y fragmentación de espacios utilizados por la fauna.

No hace falta entonces plantear una discusión romántica entre naturaleza y progreso. El territorio ya fue profundamente intervenido. La pregunta es cuánto más puede intervenirse y quién decide dónde está el límite.

El EIAA incorpora incluso un Índice de Estado Ecosistémico de 0,24. Según la metodología utilizada, el paisaje conservaría aproximadamente el 24% de las funciones ecológicas teóricas correspondientes al humedal original. Es una estimación surgida del propio estudio y no una certificación independiente de la autoridad ambiental, pero permite dimensionar el escenario sobre el cual pretende desarrollarse la siguiente etapa.

Nordelta propone como respuesta un Plan de Gestión Ambiental. Entre las medidas figura una reserva y corredor biológico de unas 42 hectáreas sobre el arroyo Las Tunas, conectando el Lago Central, el Canal Aliviador y el Delta. También plantea modificar bordes de lagunas, retirar determinados cercos y boyeros, sumar vegetación palustre, construir pasos y rampas para animales y monitorear agua, biodiversidad y conectividad.

El problema es que los ambientalistas no parten de cero en su relación con esas promesas. Silvia Soto, referente de La Voz de los Carpinchos, sostiene que medidas similares ya habían sido planteadas anteriormente y cuestiona su grado de cumplimiento. También reclama recuperar espacios degradados antes de habilitar nuevas transformaciones.

Y los carpinchos, inevitablemente, vuelven a aparecer.

El relevamiento incluido en el estudio contabilizó 803 ejemplares durante 2025. En 2021 habían sido registrados 266. El crecimiento alimentó durante años una narrativa sobre una supuesta invasión de animales dentro del complejo. Sin embargo, la discusión judicial y ambiental terminó dando vuelta la pregunta: ¿los carpinchos invadieron Nordelta o Nordelta terminó encerrando a los carpinchos dentro de un paisaje cada vez más urbanizado?

Las calles, cercos, tablestacados y modificaciones de los ambientes naturales alteraron la circulación de la fauna. De allí surgieron posiciones enfrentadas incluso entre los habitantes del complejo. Algunos vecinos reclamaron controles poblacionales. Organizaciones proteccionistas rechazaron relocalizaciones y métodos de reducción de ejemplares y exigieron preservar corredores y hábitats.

El conflicto dejó entonces de ser una extravagancia de barrio privado para transformarse en una discusión territorial mucho más seria.

Nordelta está asentada sobre una planicie vinculada ecológicamente con el humedal del Paraná inferior, el río Luján, el Delta y el Río de la Plata. Los humedales no son simplemente terrenos vacíos esperando una escritura y una excavadora. Regulan excedentes hídricos, retienen sedimentos, sostienen biodiversidad y amortiguan eventos extremos. Cuando desaparecen, esas funciones también desaparecen o deben ser reemplazadas artificialmente, cuando eso resulta posible.

Por eso la audiencia del viernes importa.

Las observaciones ciudadanas podrán presentarse hasta las 18 y la audiencia se desarrollará entre las 13 y las 18 en el Teatro Municipal Pepe Soriano de Benavídez. Allí estarán sobre la mesa el estudio ambiental, el arroyo Las Tunas, los corredores biológicos, la fauna, las áreas todavía sin consolidar y las condiciones necesarias para cualquier nueva intervención.

Pero detrás de cada término técnico aparece una discusión bastante sencilla de comprender.

De un lado existe un proyecto inmobiliario extraordinariamente rentable que todavía tiene tierra, planificación y capacidad económica para crecer. Del otro hay un ecosistema que no puede expandirse hacia ninguna parte cuando el cemento avanza.

El Municipio de Tigre tendrá que demostrar en ese escenario que su intervención no consiste simplemente en administrar el procedimiento necesario para que el negocio continúe. Si el estudio termina siendo utilizado para destrabar nuevas urbanizaciones, deberá quedar claro qué límites ambientales se exigirán, quién controlará su cumplimiento y qué ocurrirá si las promesas vuelven a quedarse sobre el papel.

Porque la discusión sobre Nordelta ya dejó hace tiempo de pertenecer exclusivamente a quienes pueden comprar una propiedad allí. El agua, los humedales, los cursos naturales y la biodiversidad forman parte de un sistema que atraviesa todo Tigre y alcanza mucho más allá de las garitas de seguridad.

Los carpinchos consiguieron algo bastante extraordinario sin presentar un solo escrito judicial: volvieron visible aquello que el desarrollo inmobiliario había logrado mantener durante años detrás de sus muros. Ahora que Nordelta quiere completar su expansión, regresan como símbolo involuntario de una pregunta que sigue abierta.

No se trata de decidir si Tigre debe desarrollarse o conservarse intacto. Se trata de decidir cuánto territorio puede transformarse para sostener un negocio privado y qué parte debe permanecer como patrimonio ambiental de todos.

Y esta vez, antes de que avance otra máquina, la comunidad tiene derecho a discutir dónde termina Nordelta y dónde empieza lo que Nordelta no puede comprar.

 

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