El super Niño amenaza al agro argentino y pone en riesgo los dólares que necesita la economía de Milei

La Universidad Austral advierte que el riesgo climático ya afecta producción, seguros, crédito e inversión. Un Niño de gran intensidad podría volver a golpear al campo y transformar un problema meteorológico en otro dolor de cabeza para las reservas.
Actualidad09/09/2026

NOTA Clima vuelve a meterse en la caja de la economía argentina. La posible llegada de un Niño de gran intensidad abre un nuevo frente para el agro después de varias campañas atravesadas por sequías, excesos hídricos y plagas. No es solamente una discusión meteorológica: si el campo pierde producción, el país pierde exportaciones, ingresan menos dólares y se achica una de las principales fuentes de recaudación y actividad del interior.

El riesgo aparece cuando el Gobierno necesita que el sector agroexportador funcione como proveedor estable de divisas. En una economía todavía condicionada por la disponibilidad de dólares, cada tonelada que no llega al puerto puede terminar teniendo consecuencias lejos del lote.

La advertencia surge de análisis del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral. La economista Lara Colombo señala que la Encuesta de Necesidades del Productor Agropecuario y el Ag Barometer ya registran una preocupación creciente por los fenómenos climáticos.

Argentina conoce esa factura. La sequía que atravesó tres campañas entre 2020 y 2023 mostró cómo un problema climático puede convertirse en un problema macroeconómico. A eso se sumó el impacto de la chicharrita sobre el maíz.

 

Del lote al Banco Central

La cadena es sencilla y menos verde que la discusión ambiental. Un evento extremo puede reducir rindes e ingresos. Un productor con ingresos más inciertos tiene menor capacidad de repago. Las aseguradoras enfrentan pérdidas más difíciles de calcular y pueden aumentar primas o restringir coberturas. Sin un seguro adecuado, prestar dinero también se vuelve más riesgoso y el crédito termina siendo más caro.

Por eso el clima empieza a incorporarse a variables que parecían financieras. Una explotación vulnerable no sólo corre riesgo de cosechar menos: puede financiarse peor, invertir menos y perder competitividad.

La Universidad Austral propone mirar suelo, agua y biodiversidad como capital natural. Traducido al idioma del productor: cuidar esos recursos no es filantropía ambiental si permite retener mejor el agua, reducir erosión, amortiguar un shock y sostener rindes. Es proteger un activo que determina cuánto podrá producirse mañana.

Allí entran agricultura de precisión, herramientas digitales y prácticas regenerativas. Su valor económico depende de si consiguen reducir vulnerabilidades. La tecnología que permite administrar mejor agua, suelo o insumos puede funcionar también como seguro productivo.

Existe, sin embargo, una distancia entre reconocer el peligro y transformar el establecimiento. Los relevamientos de la Austral indican que los productores perciben el riesgo climático, aunque esa preocupación todavía no se traduce en decisiones de manejo. Adaptarse requiere inversión, conocimiento, financiamiento. Nada de eso aparece gratis por mirar el pronóstico.

El regreso de El Niño obliga entonces a mirar 2 balances al mismo tiempo. Está el del productor, que calcula rindes, costos, seguros y crédito. Y está el del país, que necesita exportaciones para generar divisas, reservas y recaudación.

El campo argentino siempre convivió con el clima. Lo nuevo es cuánto puede amplificarse económicamente cada fenómeno extremo en un sistema que necesita dólares y producción. El próximo temporal puede empezar sobre una hectárea. La verdadera tormenta, si la cosecha falla, termina llegando hasta el Banco Central.

 

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