Kicillof frenó los despidos de Granja Tres Arroyos que golpeaban a Capitán Sarmiento y Pilar

La conciliación obligatoria alcanza a 700 trabajadores de Capitán Sarmiento y 50 de Pilar. La Provincia ordenó retrotraer los despidos mientras abre una negociación para buscar una salida al conflicto.
Región 07/09/2026

NOTA 2La crisis de Granja Tres Arroyos había dejado de ser solamente un problema empresario. Con cientos de despidos distribuidos entre Capitán Sarmiento, Pilar y Esteban Echeverría, salarios atrasados y familias esperando una respuesta, el conflicto empezaba a convertirse en una mecha encendida sobre distintos puntos del mapa bonaerense. El gobierno de Axel Kicillof decidió intervenir y el Ministerio de Trabajo provincial dictó la conciliación obligatoria, que obliga a retrotraer los 1.200 despidos alcanzados por la medida mientras se abre una instancia de negociación.

La decisión comprende a 700 trabajadores de la planta de Capitán Sarmiento, otros 50 de Pilar y 450 de Esteban Echeverría. Son tres realidades diferentes, pero atravesadas por el mismo problema: una empresa importante para la actividad productiva local que avanzó con un ajuste simultáneo sobre sus dotaciones.

La dimensión del conflicto es todavía mayor. Si se agregan alrededor de 480 despidos realizados en la planta de La China, Entre Ríos, el grupo acumula cerca de 1.730 cesantías entre ambas provincias.

La conciliación obligatoria tendrá una vigencia inicial de 15 días hábiles y podrá extenderse otros cinco. Durante ese período, la Provincia busca devolver a las partes a una mesa de negociación y contener un conflicto que ya había adquirido una dimensión social considerable.

Para el jueves fue convocada una nueva audiencia entre Granja Tres Arroyos, Wade y el Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA). Como parte de las primeras conversaciones también se estableció un pago a cuenta y la entrega de 1.000 cajones de pollo destinados a los trabajadores afectados.

 

Cuando una fábrica ajusta, el impacto sale rápidamente a la calle

La empresa explicó la reducción de personal por dificultades vinculadas con la caída de las exportaciones y el impacto de la gripe aviar. El sindicato rechaza esa interpretación y sostiene que detrás de los despidos existe una estrategia para reducir el costo de las indemnizaciones. Esa discusión será justamente una de las que deberán atravesar ahora la negociación laboral.

La conciliación no resuelve quién tiene razón ni elimina los problemas económicos que pueda enfrentar la compañía. Tampoco significa que los puestos hayan quedado definitivamente garantizados. Es una herramienta para detener temporalmente las decisiones mientras trabajadores y empresa negocian bajo intervención del Estado.

Pero esos días tienen un valor concreto para las familias. Un despido industrial no termina en la puerta de una planta. Viaja hasta la casa del trabajador y desde ahí empieza a sentirse en el almacén, el alquiler, la escuela, el transporte y los comercios de cada localidad.

Por eso el conflicto había adquirido una sensibilidad particular. Capitán Sarmiento enfrenta el golpe de 700 puestos en una escala local donde semejante movimiento laboral tiene un peso enorme. En Pilar, los 50 casos se insertan dentro de uno de los principales corredores industriales del norte bonaerense. En Esteban Echeverría, otros 450 trabajadores quedaron atravesados por la misma incertidumbre en pleno Conurbano Sur.

La intervención bonaerense busca impedir que esos tres focos avancen simultáneamente mientras todavía existe margen para negociar. Y coloca sobre la mesa una discusión que excede a Granja Tres Arroyos: qué herramientas tiene una provincia cuando una crisis empresarial amenaza con trasladarse de manera inmediata al empleo y después al tejido económico de varias comunidades.

Ahora comienza la parte difícil. La empresa deberá explicar su situación y discutir alternativas, el sindicato defenderá los puestos de trabajo y la Provincia tendrá que transformar el tiempo conseguido por la conciliación en una salida sostenible. Veinte días pueden enfriar una crisis, pero no reemplazan una solución.

Por ahora, 1.200 trabajadores recuperaron algo elemental: tiempo y una mesa donde discutir antes de perder definitivamente el empleo. Cuando detrás de cada telegrama hay una familia haciendo cuentas, frenar la caída también puede ser el primer paso para encontrar dónde volver a apoyar los pies.

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