Lucas Ghi en jaque: la crisis de Morón abre la discusión sobre su continuidad

La protesta vecinal en El Palomar, la ruptura del oficialismo y la citación aprobada por el Concejo dejaron al intendente frente a su crisis más delicada. La destitución todavía no está formalmente en marcha, pero la política de Morón ya empezó a discutir los mecanismos que podrían poner en juego su continuidad.
 
Región 14/09/2026

NOTA 1

Lucas Ghi consiguió hace seis meses casi el 70% de los votos en la interna del PJ de Morón y creyó haber cerrado una discusión de poder. Esta semana descubrió que ganar una elección partidaria y controlar una intendencia no garantizan tranquilidad. 

 

Una protesta por inseguridad terminó a metros de su casa, su bloque se fracturó y el Concejo Deliberante aprobó interpelarlo. Ninguno de esos hechos, por separado, pone en riesgo su cargo. Juntos empiezan a dibujar algo bastante más incómodo: un intendente políticamente cercado.

 

La chispa fue El Palomar. Un comisario mayor retirado de la Bonaerense recibió tres disparos cuando intervino durante un intento de robo frente al colegio Emaús, mientras llevaba a su hija de 10 años. Que la balacera ocurriera en horario de ingreso escolar transformó un episodio policial en una crisis política.

 

Por la noche, vecinos marcharon en Dinamarca y D'Amico, a unos cien metros de la vivienda de Ghi, y luego avanzaron hasta las inmediaciones de su casa. No hubo incidentes. Tampoco hizo falta. El dato político fue otro: el miedo consiguió sacar a familias del barrio a la calle y los dirigentes que aparecieron prefirieron mantenerse a un costado. Un concejal resumió el clima con brutal eficacia: si se mezclaban entre los vecinos, podían terminar insultados ellos también.

 

La oposición olió sangre. LLA, PRO y UCR impulsaron la interpelación y consiguieron aprobarla sobre tablas. Ghi deberá comparecer personalmente o enviar a los funcionarios correspondientes para explicar qué hizo y qué piensa hacer frente a la inseguridad.

 

La citación tiene respaldo en el artículo 108 de la Ley Orgánica de las Municipalidades. Y hay un detalle que convierte el trámite en algo más serio que una función de teatro legislativo: negarse a concurrir o a suministrar la información requerida puede ser considerado falta grave.

 

Del desgaste a una zona políticamente peligrosa

 

Eso no significa que Ghi esté hoy sometido a un proceso de destitución. Jurídicamente sería incorrecto afirmarlo. Para avanzar por esa vía el Concejo debería ingresar en otro procedimiento, encuadrar alguna de las causales previstas por la ley y constituir una Comisión Investigadora con mayorías especiales.

 

Pero la política suele llegar antes que los expedientes.

Ghi atraviesa esta crisis mientras termina de romper con el sabbatellismo que durante años fue la estructura dominante de Morón. Sus concejales abandonaron el bloque de Unión por la Patria y construyeron un espacio propio. El intendente se alineó con Axel Kicillof y decidió emanciparse definitivamente de Martín Sabbatella, que conserva seis representantes dentro del PJ local y prepara revancha para 2027.

 

Hasta hace poco, esa ruptura podía presentarse como la consecuencia natural de un dirigente que había ganado poder propio. Ahora tiene otro efecto: reduce el colchón político precisamente cuando el intendente necesita contención.

 

La oposición tiene incentivos evidentes para profundizar el desgaste. El sabbatellismo también tiene motivos para dejar que Ghi pague el costo de gobernar sin su antigua estructura. Y el massismo de Martín Marinucci observa una pelea que puede abrirle espacio dentro de un peronismo dividido.

 

En el medio está 2027. Ghi no puede volver a reelegirse y ya se mencionan dos nombres para la sucesión: su hermano José María y la jefa de Gabinete Estefanía Franco. Una sucesión ordenada necesita autoridad. Un intendente obligado a explicar inseguridad, contener protestas, administrar una fractura legislativa y defender su gestión frente al Concejo tiene bastante menos margen para elegir heredero.

 

Por eso la interpelación importa menos por las preguntas que puedan hacerle que por la fotografía que produce. Por primera vez confluyen en un mismo momento inseguridad, movilización vecinal, oposición legislativa y fragmentación del oficialismo.

 

La destitución todavía no es un proceso abierto ni existe base para presentarla como desenlace inmediato. Pero Ghi entró en esa zona previa que cualquier intendente conoce y teme: cuando los adversarios dejan de preguntarse cómo desgastarlo y empiezan a sacar cuentas sobre cuánto poder conserva para resistir.

 

En política municipal, la caída rara vez empieza el día que aparecen los votos para sacar a un intendente. Empieza bastante antes, cuando demasiados descubren al mismo tiempo que ya no necesitan salvarlo.

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