
Mariú Vidal se baja del PRO con discreción (no se retira)

La exgobernadora se corre del naufragio amarillo
La política no siempre se retira con escándalo. A veces se repliega en silencio, se sienta en un escritorio, prende una lámpara y empieza a escribir el próximo capítulo. Eso hizo María Eugenia Vidal. Mientras Mauricio Macri firmaba el acta de rendición del PRO ante La Libertad Avanza, ella optó por no posar para la foto. No será candidata. No hará campaña. No acompaña el acuerdo. Y no negocia lo que piensa, dijo.
La exgobernadora, que supo ser la joya electoral del macrismo cuando el país se pintaba de amarillo, ahora se corre sin ruido. Deja su banca en diciembre, pero no se va a ninguna parte. Se refugia en Pensar, el think tank que preside, donde cocina a fuego lento una línea política que la diferencie tanto del kirchnerismo como del experimento libertario. Una especie de centro racional con sensibilidad, sin estridencias ni furias tuiteras.
Lo de Vidal no es una derrota. Es un reacomodamiento. Vio el iceberg antes que muchos y se bajó del Titanic PRO con la dignidad intacta. No le gustó la alianza con Milei. No le cerraron los números ni los modales. No se banca la humillación de entrar como furgón de cola en una lista armada desde Casa Rosada. Y no quiere ser parte de un espacio que celebra el desprecio como método.
Algunos ya la ubican en una “tercera vía”: una opción modernista, republicana, con discurso liberal pero lado humano, que pueda aglutinar a los heridos del sistema: radicales incómodos, exmacristas con conciencia, peronistas sin lugar. No es un proyecto lanzado, pero sí en gestación. El voto moderado, urbano y profesional sigue existiendo. Y Vidal lo sabe.
Su informe reciente desde Pensar fue un aviso: cuestionó el rumbo económico, el ajuste brutal, la caída del salario real, el maltrato a los jubilados y los retrocesos en discapacidad. Apoyó leyes clave de Milei en el Congreso, pero marcó diferencias con claridad. “No todo vale por un cargo”, dijo. Y lo dijo mirando de reojo a Mauricio y Jorge Macri.
En la rosca interna, Vidal quedó sola pero no aislada. Ya no lidera ni es la heredera de nadie, pero tampoco le deben explicaciones. En tiempos donde el oportunismo viste peluca y el pragmatismo roza lo obsceno, ella optó por el camino menos ruidoso: salirse sin saltar, diferenciarse sin romper.
No se va del PRO, pero el PRO que conoció ya no existe. La fusión con Milei selló un nuevo orden, más cerca del algoritmo que de la gestión. La vieja guardia amarilla se mimetiza con los libertarios mientras Vidal recupera algo que pocos conservan: autonomía.
Mientras otros corren a ver si entran en una lista, Vidal se corre para pensar. En la política argentina, eso también es una jugada. Y a veces, las jugadas que no hacen ruido son las que terminan moviendo el tablero.














