“La Bicicleta” Financiera (Carry Trade) volvió a ser el mejor negocio actual

La aceleración inflacionaria y los cambios en el esquema cambiario impulsaron el regreso del carry trade y un reacomodamiento de carteras hacia instrumentos en pesos, con fuerte demanda de Lecaps de corto plazo que hoy ofrecen rendimientos reales positivos y superan ampliamente al plazo fijo tradicional.

Actualidad21/01/2026
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Con la difusión del dato de inflación de diciembre, los portfolios de inversión comenzaron a reacomodarse y volvió a ganar protagonismo un viejo conocido del mercado: el carry trade. Tras la fuerte sobredolarización observada durante el proceso electoral legislativo, los inversores iniciaron un proceso de desarme de carteras excesivamente concentradas en moneda dura. A esto se sumó la modificación en el esquema cambiario, que volvió más atractivas las alternativas en pesos y abrió una ventana para diversificar posiciones.

En este contexto, los bonos en moneda local se consolidaron como una de las mejores opciones de inversión en lo que va de enero. Los títulos ajustados por inflación (CER) siguen siendo muy demandados, mientras que de manera gradual las Lecap y los Boncap comenzaron a posicionarse como una estrategia para proteger el capital frente a la inflación, apostando a que las tasas de interés reales se mantengan en terreno positivo.

Las Lecaps son instrumentos en pesos emitidos por el Tesoro Nacional que pagan una tasa fija capitalizable hasta su vencimiento y cotizan en el mercado. Esto permite comprarlas y venderlas antes de la fecha final: Son instrumentos de corto y mediano plazo, pueden venderse antes de su vencimiento, su cotización varía de acuerdo a los movimientos de la tasa de interés e odeales para inversores conservadores y moderados.

El plazo fijo, en cambio, es un instrumento de inversión bancario en donde el inversor conoce desde el inicio cuánto va a cobrar al vencimiento. El capital queda inmovilizado por 30 días y no está sujeto a variaciones de precios, lo que reduce el riesgo pero también limita liquidez y posibilidad de aumentar el rendimiento. El plazo fijo suele ofrecer tasas que corren por detrás de la inflación: Requiere tener el capital 30 días inmovilizado.

Un punto en común entre ambos es el riesgo: si el dólar y la inflación aumentan por encima de la tasa, la inversión no genera ganancias.

Tras la última licitación del Tesoro, las Lecaps recuperaron atractivo y volvieron a ofrecer rendimientos por encima del 3% de Tasa Efectiva Mensual (TEM), ubicándose claramente por encima de la inflación. En contraste, los plazos fijos tradicionales continúan con tasas reales negativas, con una TEM en torno al 2% en los principales bancos de primera línea, lo que profundizó el desarme de estas posiciones.

Esta dinámica impulsó una migración de pesos hacia las Lecaps, que se consolidaron como el instrumento más demandado para preservar poder adquisitivo y ganarle a la suba de precios. No obstante, el atractivo no es homogéneo a lo largo de la curva: a medida que se extiende la duration, las tasas tienden a comprimirse, reflejando la expectativa del mercado de una desaceleración inflacionaria en los próximos meses.

Tal como se observa en la imagen, las Lecaps exhiben rendimientos que superan holgadamente la inflación de referencia de diciembre, del 2,8% mensual. En particular, las primeras dos letras de la curva concentran el mayor interés por su corto plazo de permanencia. La S27S6, por ejemplo, vence el 27 de febrero, es decir, en poco más de un mes, combinando alta tasa efectiva con bajo riesgo de duración.

 En definitiva, el regreso del carry trade reordenó las decisiones de inversión en pesos en un contexto de menor volatilidad cambiaria y tasas reales elevadas. Las Lecaps se consolidan como una alternativa más eficiente que el plazo fijo tradicional para quienes buscan preservar el poder adquisitivo sin asumir grandes riesgos, especialmente en los tramos más cortos de la curva. No obstante, el atractivo del instrumento sigue estrechamente ligado a la estabilidad macroeconómica: cualquier cambio en la dinámica de la inflación o del tipo de cambio podría modificar rápidamente el equilibrio que hoy favorece a las estrategias en moneda local.

En paralelo, y tras varios días de fuerte volatilidad, las tasas de muy corto plazo en pesos comienzan a mostrar señales de distensión. En la jornada del miércoles, la caución en pesos retrocedió y se ubicó en un 33,98% promedio ponderado, mientras que la TAMAR se mantiene en torno al 35% TNA.

Así funciona la “Bicicleta Financiera”

La bicicleta financiera, también conocida como carry trade, es un mecanismo de ganancia basado en aprovechar las diferencias entre la tasa de interés en pesos y la evolución del dólar. No está vinculada a la producción ni a la generación de empleo: es una operatoria puramente financiera.

El esquema es simple. Un inversor ingresa dólares al país o convierte sus dólares en pesos al tipo de cambio vigente. Luego coloca esos pesos en instrumentos financieros que pagan tasas altas, como letras del Tesoro, bonos ajustados por inflación o plazos fijos. Durante ese período, el capital genera intereses en moneda local.

La clave del mecanismo está en que, mientras el dinero permanece invertido, el dólar se mantenga estable o suba menos que la tasa de interés obtenida. Si eso ocurre, al finalizar el plazo el inversor vende el activo en pesos, suma los intereses ganados y vuelve a comprar dólares. Si el tipo de cambio no se movió de manera significativa, el resultado es que obtiene más dólares que al inicio, sin haber producido bienes ni servicios.

Por ejemplo: si un inversor cambia dólares a pesos, los invierte a una tasa mensual del 3% y el dólar permanece prácticamente sin cambios durante ese mes, al volver a dolarizarse habrá incrementado su capital en moneda dura. Esa diferencia constituye la ganancia de la bicicleta financiera.

El riesgo aparece cuando el dólar se mueve bruscamente. Si el tipo de cambio sube más rápido que la tasa de interés, la ganancia se licúa o se transforma en pérdida. Por eso, la bicicleta financiera suele funcionar en contextos donde el Estado sostiene el dólar con reservas, tasas elevadas o intervención en el mercado.

A nivel macroeconómico, este mecanismo puede atraer capitales de corto plazo y generar una sensación de estabilidad, pero no impulsa el desarrollo productivo. Por el contrario, tiende a profundizar el atraso cambiario y a dejar a la economía expuesta a shocks cuando el flujo financiero se revierte.

Es una estrategia rentable para actores financieros, pero con costos estructurales para el conjunto de la economía.

 

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