
Tigre: todos contra Zamora por el control del peronismo local

En Tigre se rompió algo que hacía años parecía imposible de quebrar. El peronismo local, acostumbrado a convivir con tensiones internas pero sin incendiar la casa, se encamina a una disputa frontal por la conducción partidaria. Dos listas, dos proyectos y una certeza compartida: esta vez no hay síntesis posible. O sigue el zamorismo o el sello del PJ cambia de manos.
Del lado del oficialismo municipal, la jugada es clara y familiar. La lista está encabezada por Mario Zamora, hermano del intendente Julio Zamora, en un intento de conservar el control del partido aun cuando el jefe comunal arrastra un desgaste evidente. La herida sigue abierta desde que decidió competir por afuera con el sello Somos, una aventura que lo dejó con números flacos y una lectura interna lapidaria. Apenas un cuatro por ciento como candidato a senador provincial y un tercer lugar en su propio distrito. Para muchos, ese fue el momento en que dejó de ser un ordenador natural del peronismo tigrense. Aun así, Zamora conserva estructura y respaldo de más de veinte agrupaciones que siguen apostando a su liderazgo.
La verdadera novedad, sin embargo, está del otro lado del ring. Por primera vez en años, sectores que solían mirarse de reojo decidieron sentarse en la misma mesa y armar una lista común. El massismo, La Cámpora, el Movimiento Evita y los espacios alineados con Axel Kicillof confluyeron en una coalición que tiene un objetivo tan simple como ambicioso: sacar al zamorismo de la conducción del PJ local. El concejal Luis Samyn Ducó encabeza la nómina, con Nancy Ferreyra como vice y Federico Ugo en la Secretaría General. No es una lista homogénea, pero sí quirúrgica en su propósito.
En los pasillos del peronismo local repiten una idea como mantra. Zamora rompió primero cuando decidió jugar por afuera y ahora enfrenta las consecuencias. La interna no es solo una disputa de nombres sino una discusión de rumbo. El armado opositor habla de recuperar el partido, de ordenar liderazgos y de empezar a pensar el 2027 sin el intendente como eje excluyente. La unidad alcanzada entre espacios históricamente enfrentados dice más del clima político que cualquier comunicado. La tregua es general, salvo con Zamora.
Tigre, así, se convierte en la nota al pie incómoda del PJ bonaerense, que en la mayoría de los municipios busca listas únicas y fotos de consenso. Acá no. Acá hay pelea abierta. Y no es una pelea menor. Zamora viene de ganar una PASO sin boleta presidencial, apoyado apenas en la candidatura de Juan Grabois, una rareza que lo sostuvo en el poder pero también lo volvió impredecible. Esa imprevisibilidad hoy juega en su contra.
Las listas ya están en plena carrera por los avales y, aunque el calendario permite cambios hasta el 19 de febrero, nadie apuesta a un acuerdo de último momento. La disputa está lanzada y el final es incierto. En Tigre, el peronismo se parte en dos mitades desiguales pero decididas. Esta vez, no se discute una lapicera menor. Se discute quién manda y quién queda del lado de los recuerdos.














