
Argentina con inflación persistente y crecimiento débil

Tensión en la economía real
La economía argentina atraviesa una fase de inflación persistente combinada con crecimiento frágil. La discusión académica sobre la definición formal de estanflación convive con una realidad concreta: los precios avanzan con regularidad mientras la actividad productiva pierde impulso. Los tecnicismos estadísticos quedan en segundo plano cuando la dinámica cotidiana refleja ingresos que rinden menos y sectores estratégicos que retroceden.
El PBI del tercer trimestre de 2025 mostró un incremento marginal de 0,3% respecto del trimestre previo, luego de una leve contracción en el segundo trimestre. El Estimador Mensual de Actividad Económica registró caídas consecutivas en octubre y noviembre. Guido Zack, director de Economía de Fundar, explicó que el resultado positivo de fines del año anterior respondió en gran parte al desempeño de la intermediación financiera en un contexto electoral, con un spread elevado entre tasas activas y pasivas. Ese impulso financiero sostuvo el dato agregado, mientras la estructura productiva mantuvo señales de debilidad.
El contraste entre el movimiento de los balances financieros y la economía real resulta evidente. Industria, comercio y construcción concentran más del 40% del empleo y más de un tercio del PBI. Gonzalo Semilla, del Observatorio de Estadísticas Regionales de la Universidad Provincial del Sudoeste, señala que estos sectores acumulan dos años de deterioro relativo frente a actividades más concentradas como energía y servicios financieros. La consecuencia impacta en el mercado laboral: mayor informalidad, salarios reales rezagados y pérdida de dinamismo en la demanda interna.
Inflación sostenida y demanda en retroceso
La inflación mensual alcanzó 2,9% en enero, el registro más alto de los últimos diez meses. Desde mayo del año pasado el ritmo pasó de 1,5% a 2,9%, con una acumulación de 21,3% en nueve meses. Zack anticipa que el primer semestre mantendrá tasas elevadas, con presión adicional proveniente de ajustes tarifarios. El desafío inmediato consiste en evitar una nueva aceleración que profundice la pérdida de poder adquisitivo.
Florencia Fiorentin, economista jefe de Epyca, observa una desaceleración que se traduce en caída de actividad en manufactura, construcción y comercio, junto con pérdida de empleo formal y salarios estancados. El consumo privado pierde tracción y la inversión productiva se mantiene contenida. El desempleo abierto ronda el 7%, pero la expansión de la informalidad revela una calidad de empleo deteriorada.
El programa económico privilegia el ancla nominal y la estabilidad cambiaria como ejes centrales. Sin embargo, la recuperación prevista para 2026 se concentra en sectores con baja generación de empleo masivo. Ese perfil configura un crecimiento con impacto limitado sobre el entramado social.
La economía argentina se mueve en un terreno donde la inflación erosiona ingresos y la producción avanza con dificultad. El cuadro describe un estancamiento con suba de precios que condiciona expectativas, inversión y cohesión social. En economía política, la combinación de actividad débil e inflación sostenida redefine el margen de acción del Gobierno y marca el pulso de la disputa distributiva.







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