
El monotributo es la estrella de la informalidad laboral

El fin del empleo de calidad
El mercado laboral argentino atraviesa una transformación silenciosa pero profunda. La pérdida de empleo formal se compensa parcialmente con monotributo e informalidad, en un proceso que redefine la estructura productiva y la calidad del trabajo. Las cifras recientes muestran que la economía genera ocupación, pero no del tipo que consolida derechos ni estabilidad.
Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 se registró una caída de 192.000 asalariados privados y 78.800 públicos. En total, 270.800 trabajadores formales dejaron de figurar en planilla. En paralelo, el número de monotributistas aumentó en 137.400. El resultado es elocuente: por cada empleo asalariado perdido se creó medio monotributo. La matemática describe un reemplazo incompleto y, sobre todo, más frágil.
El fenómeno responde a un cambio en la dinámica empresarial y macroeconómica. Las firmas enfrentan menor demanda interna, márgenes estrechos y mayor incertidumbre. En ese contexto, la contratación permanente pierde atractivo y el esquema flexible gana terreno. El monotributo funciona como válvula de ajuste. Reduce costos laborales y traslada riesgos al trabajador. Lo que se presenta como espíritu emprendedor muchas veces encubre una relación laboral sin cobertura plena.
Más ocupados, menos estabilidad
El deterioro no se limita al empleo registrado. La Población Económicamente Activa creció en 584.200 personas entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025. Sin embargo, la cantidad de ocupados aumentó solo en 325.000. La brecha se tradujo en 241.100 desocupados adicionales y una suba de la tasa de desempleo del 5,7% al 6,6%. El mercado laboral absorbe menos de lo que necesita.
En paralelo, el pluriempleo avanza. La proporción de personas con más de un trabajo pasó del 11,0% al 11,9% en dos años. La explicación excede a las plataformas digitales. La caída del ingreso real obliga a buscar una segunda actividad para sostener el poder adquisitivo. El trabajo se multiplica para compensar salarios que rinden menos.
Desde el plano político, la estrategia económica privilegia la estabilidad nominal y la reducción del gasto. Sin crecimiento vigoroso en sectores intensivos en empleo, la recuperación se apoya en actividades de menor generación de puestos formales. El resultado es un mercado laboral más segmentado. Una parte conserva empleo registrado. Otra se desplaza hacia esquemas independientes o directamente informales.
La sustitución del empleo asalariado por monotributo no constituye un simple cambio administrativo. Implica menor protección social, aportes previsionales más bajos y mayor vulnerabilidad ante ciclos recesivos. En términos de economía política, la estructura laboral se flexibiliza sin que la productividad agregada muestre un salto equivalente.
Argentina enfrenta un proceso de precarización progresiva más que un shock de desempleo masivo. La calidad del empleo define la capacidad de consumo, la sostenibilidad fiscal y la cohesión social. Cuando el trabajo estable retrocede y el refugio se convierte en regla, la economía pierde densidad productiva. Y sin densidad productiva, el crecimiento deja de ser un proyecto y pasa a ser una estadística.


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