
Norte y Oeste del Conurbano, en el núcleo del desempleo argentino
En el Conurbano Norte y Oeste, el impacto del ajuste ya se mide en pérdida concreta de empleo. Distritos como La Matanza, Merlo y Moreno superan los dos dígitos de desocupación, en un escenario donde la caída de la industria y el comercio arrastra todo el entramado local. Fábricas que frenan, changas que desaparecen y salarios que no alcanzan configuran una presión constante sobre los hogares.
Son cifras que rememoran la crisis de 2001. Por ejemplo, en La Matanza, Merlo y Moreno la desocupación ya está en los dos dígitos, entre el 10,5 y el 11,8 por ciento. La zona Oeste del conurbano se encuentra especialmente afectada por la crisis de la industria textil y el comercio barrial. En la zona Sur, Quilmes, Lanús y Lomas de Zamora también registraron tasas de desempleo de entre 9,8 y 11,2 por ciento en el último trimestre de 2025. El derrumbe de la metalmecánica, la fundición, la construcción y el comercio explican en parte esas cifras.
La desocupación a nivel nacional subió hasta 7,5 por ciento entre octubre y diciembre de 2025, pero en los 24 partidos del GBA avanzó hasta 9,5 por ciento. Es el porcentaje más alto del país, que comparte con otras jurisdicciones como La Plata, Mar del Plata y Río Gallegos. Pero en cantidad de personas afectadas, el número es aplastante, con 142 mil nuevos desocupados en un año.
En el último trimestre de 2023, el conurbano tenía una desocupación de 7,4 por ciento, con una tasa de informalidad laboral del 37,4 por ciento. Ahora los trabajadores no registrados representan el 43,1 por ciento, lo cual consolida a la región como la de mayor precariedad laboral de la Argentina. El empeoramiento de las condiciones materiales de vida en los últimos seis meses es generalizado en el GBA.
Lo reflejan también las estadísticas de morosidad con el sistema bancario y las fintech. Mara Pedrazzoli lo retrató esta semana en este diario, en base a un informe de Provincia Microcréditos: “Hay que retroceder 21 años para encontrar niveles de morosidad como los actuales. La irregularidad financiera alcanza el 15,4 por ciento”, precisa el documento.
A nivel nacional, la imposibilidad de las familias de afrontar sus deudas se ubica en 10,6 por ciento, lo que también es récord histórico y duplica el registro de la pandemia, cuando quedó en 5,1 por ciento. “El impacto en el conurbano es más profundo dadas las características de su estructura económica y productiva, por el peso específico de la industria y el comercio, sectores especialmente golpeados por las políticas de la administración nacional”, explica el informe.
El consumo masivo no escapa a la tendencia. En febrero cayó 3,4 por ciento interanual en el total nacional, con una baja del 5,9 por ciento en supermercados y 3,8 en autoservicios. Pero en el conurbano bonaerense la contracción fue más dolorosa, con 8,3 por ciento, mientras que en las provincias el descenso fue del 4,9, según el relevamiento de Scentia. Por último, las estadísticas oficiales de cierre de empresas ubican a la región, otra vez, al frente de los datos negativos. Dejaron de operar 5.832 industrias y comercios en el GBA, sobre un total nacional de 22.608. Dentro del entramado industrial, el declive de las automotrices y la metalmecánica daña especialmente a la región.
En la construcción, la virtual paralización de la obra pública del gobierno de Milei y la baja de las obras privadas y las refacciones también tienen un impacto significativo. El comercio minorista, a su vez, agoniza por el agotamiento del crédito de las familias. El trabajador del conurbano está atrapado entre la amenaza de la suspensión o el despido en la fábrica y una tarjeta de crédito que ya no pasa en el supermercado. El modelo económico libertario se apoya en sectores extractivistas, como el petróleo y el gas, la minería y la producción agropecuaria, que dejan afuera a la mayoría de quienes viven en el conurbano.
En La Matanza residen 1,8 millones de personas, pero el encadenamiento con aquellas actividades es minúsculo en comparación con el comercio, la industria y la construcción. En Lomas de Zamora son 700 mil personas, y ocurre lo mismo. Igual que en Quilmes (640 mil habitantes), Almirante Brown (585 mil), Merlo (580 mil), Moreno (575 mil), Florencio Varela (500 mil), Lanús (465 mil), San Martín (450 mil), Tigre (447 mil), Avellaneda (370 mil), Tres de Febrero (366 mil), Berazategui (360 mil), Malvinas Argentinas (350 mil) y Esteban Echeverría (340 mil). El extractivismo tampoco mueve el amperímetro en materia laboral y productiva en Morón, donde viven 335 mil personas. Ni en San Miguel (330 mil), José C. Paz (325 mil), San Isidro (300 mil), Vicente López (285 mil), Ezeiza (205 mil), Hurlingham (190 mil), Ituzaingó (180 mil) y San Fernando (175 mil).
En las últimas elecciones, de octubre del año pasado, Fuerza Patria se impuso en los 24 partidos del GBA con el 44,8 por ciento, frente al 36,2 de La Libertad Avanza. Pero la Provincia la ganó el oficialismo nacional, con 41,4 a 40,9 por ciento de Fuerza Patria. En el balotaje de 2023, que le dio la victoria a Milei a nivel nacional, en la provincia de Buenos Aires el resultado fue 50,8 para Sergio Massa y 49,2 para el actual Presidente, pero en los 24 partidos del GBA la diferencia fue más amplia, con 55,1 a 44,9 por ciento.
Las encuestas muestran un deterioro en los apoyos al Gobierno nacional en lo que va del año, especialmente en el conurbano, donde la crisis no encuentra piso. El conurbano dejó de ser solo el termómetro social para convertirse en zona de impacto directo de la crisis. Con más desocupación, mayor informalidad y familias endeudadas para sostener lo básico, el deterioro ya es transversal. Cuando caen el trabajo y el consumo en el territorio más poblado del país, el problema deja de ser sectorial y pasa a ser estructural. Y en ese punto, lo que está en juego no es solo la economía diaria, sino la estabilidad misma del entramado social.







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