
Menos lectura, más fragmentación: el hábito de leer en la era digital
Por Nadia Luna. Fotos: Pablo Carrera Oser
¿Cuánto tiempo lográs sostener hoy la concentración en un texto sin sucumbir a la tentación de agarrar el celular? ¿Cuestionaste lo que leías o lo diste por cierto sin chequear la fuente? ¿Cuándo fue la última vez que leíste en papel?
Desde que los soportes digitales empezaron a formar parte de nuestra vida cotidiana, la lectura en el ámbito universitario ha atravesado profundas transformaciones, en medio de un contexto de digitalización de contenidos, diversificación de soportes e irrupción de la inteligencia artificial (IA) generativa. Pero estas transformaciones no inciden solo en la formación académica y profesional de los estudiantes, sino también en la formación de ciudadanos con pensamiento crítico.
Para hacer un diagnóstico de la problemática y plantear un plan de acción, investigadores del Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro (CEPPL), perteneciente a la Escuela IDAES y la Secretaría de Cultura, Comunicación y Territorio (SCCyT) de la UNSAM, trabajan en un proyecto que busca indagar en las prácticas de lectura de estudiantes y docentes de universidades de la región. El objetivo es brindar un estado de situación y generar una serie de productos de investigación y transferencia que aporten herramientas prácticas para el fortalecimiento de las políticas universitarias de lectura.
“Con este proyecto, la UNSAM busca poner el tema en agenda. Es un malestar que atraviesa conversaciones de pasillo y se discute de manera informal, pero que es transversal y sucede tanto en la Argentina como en otros países. Estudiarlo implica visibilizarlo, tratar de hacerlo comprensible y, a partir de ahí, poder intervenir con una agenda de política científica, educativa y cultural”, explica Alejandro Dujovne, director del CEPPL y autor del proyecto.
El proyecto surgió a raíz de una tendencia que se viene dando a nivel mundial en torno a la observación de que los estudiantes universitarios leen menos y distinto. Los investigadores plantean que se observa una tensión entre la lectura larga, crítica y reflexiva, históricamente asociada al libro impreso, y el consumo fragmentado y multimodal estimulado por los soportes digitales (textos breves, resúmenes, usos de la IA generativa, videos, podcast, redes sociales, etc.).
“La idea es contestar primero una pregunta más descriptiva: ¿Cómo leen los estudiantes hoy? Y la pregunta que sigue es, ¿Por qué leen como leen?, para tratar de interpretar, diagnosticar y explicar el fenómeno”, indica Dujovne. Para esto, analizarán las prácticas de lectura académica en universidades, considerando trayectorias, condiciones sociales y perspectivas de estudiantes y docentes, con el fin de aportar evidencia que permita diseñar acciones institucionales orientadas a mejorar el acceso, la equidad y la calidad educativa con base en la lectura.
Aunque aún se están terminando de definir las universidades participantes, la idea es que tenga un alcance latinoamericano, que puede hacerse extensible a la región iberoamericana. “Queremos tener un cuadro lo más amplio posible de universidades que nos permita comparar la situación entre países, contemplando distintas composiciones socioeconómicas, género, geografías y otras variables que eviten reducir de manera lineal o simplista una forma de lectura”, afirma el investigador.
Además, el proyecto apunta a estudiar no solo cómo leen los alumnos sino también los docentes, quienes enfrentan un doble desafío. Por un lado, deben incorporar las nuevas tecnologías digitales en su propia formación y en sus actividades de investigación, lo que transforma también sus prácticas de lectura. Por el otro, se ven obligados a revisar criterios de selección de materiales, formatos de entrega y estrategias pedagógicas en un ecosistema en el que conviven soportes impresos y digitales, y donde las modalidades de lectura y escritura se alejan de las formas históricamente arraigadas.
Dujovne remarca que, si bien la IA ha cambiado de forma dramática y acelerada las maneras en que se estudia, se escribe y se piensa, el fenómeno viene de antes. “Hay algo previo que tiene que ver con un desplazamiento un poco más prolongado en el tiempo, que es la relación con lo digital. Pero no hay que asumirlo como una fatalidad tecnológica y resignarnos, sino que la universidad tiene que pensar cómo va a relacionarse con esos instrumentos tecnológicos”, señala.
Uno de los aspectos que buscarán evaluar es cuánto ha cambiado la capacidad de atención frente a lecturas más largas y demandantes, partiendo de la hipótesis de que hay una seria dificultad en sostener la concentración, la abstracción y la capacidad de continuar argumentos complejos, y que hay una lectura más superficial y corta, más propia de cómo se lee en una pantalla, que dificulta un ejercicio lógico y crítico.
El proyecto se desarrollará a partir de un diseño mixto de investigación que combine enfoques cuantitativos y cualitativos, con encuestas a estudiantes, encuestas a docentes y grupos focales. El resultado final producirá un informe general comparativo, informes específicos por universidad y un plan de acción para el desarrollo de políticas de lectura.
Actualmente, los investigadores están definiendo las universidades que van a participar del estudio y cerrando acuerdos con organizaciones regionales interesadas en el tema, como el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) de la UNESCO. “Lo que interesa es tener un diagnóstico para entender la situación, pero también desarrollar políticas, estrategias y programas que se traduzcan en acciones concretas que permitan repensar el lugar de la lectura y el libro en la vida de los estudiantes”, finalizó Dujovne.





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