
Corredor norte en tensión y 8 mil despidos: Mirgor acuerda un banco de horas
La medida refleja el delicado momento que atraviesa el corredor productivo norte bonaerense, donde la desaceleración fabril ya provocó miles de pérdidas de puestos de trabajo.
La crisis industrial que atraviesa el corredor norte de la provincia de Buenos Aires sumó una nueva señal de alerta. En medio de la caída de la actividad manufacturera, el retroceso de la demanda y la pérdida de empleo en la cadena automotriz y autopartista, Mirgor implementará desde julio un sistema de banco de horas para sus plantas de Garín y Baradero con el objetivo de evitar despidos y administrar los períodos de menor producción.
La decisión, acordada con el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA), expone las dificultades que atraviesa uno de los principales polos industriales del país. En los últimos meses, la desaceleración económica golpeó con fuerza a empresas vinculadas al complejo automotor, que comenzaron a buscar mecanismos para sostener la actividad sin recurrir a cesantías masivas.
El convenio firmado contempla la creación de un banco de hasta 200 horas por trabajador durante un período inicial de doce meses. Bajo este esquema, los empleados continuarán percibiendo sus salarios habituales cuando existan interrupciones productivas derivadas de una menor demanda, problemas de abastecimiento o caídas temporales de actividad. Las horas no trabajadas quedarán registradas y deberán compensarse posteriormente cuando la producción vuelva a incrementarse.
La medida aparece como una respuesta a una coyuntura que preocupa tanto a empresarios como a sindicatos. Según estimaciones del sector, durante los últimos seis a ocho meses se habrían perdido cerca de 8.000 puestos de trabajo en actividades vinculadas a la industria automotriz y autopartista, uno de los motores históricos del entramado fabril bonaerense.
Uno de los puntos centrales del acuerdo establece que cada hora recuperada tendrá una compensación superior para el trabajador. Por cada hora adicional trabajada durante la etapa de recuperación productiva, se descontará una hora y media del saldo acumulado en el banco, generando un incentivo para quienes deban realizar la compensación posterior.
Además, el convenio fija límites específicos para evitar abusos. La recuperación de horas solamente podrá realizarse de lunes a viernes. En caso de convocatorias durante sábados o domingos, únicamente una hora podrá computarse dentro del sistema, mientras que el resto deberá abonarse bajo el régimen habitual de horas extras previsto en el convenio colectivo.
La situación de Mirgor no es un caso aislado. Empresas radicadas en el corredor industrial norte, que abarca polos productivos estratégicos como Garín, Zárate, Campana, Pacheco, Escobar y Baradero, enfrentan una combinación compleja de menor actividad económica, caída del consumo interno, retracción de inversiones y aumento de costos operativos.
En este contexto, el banco de horas se convierte en una de las primeras aplicaciones concretas de las herramientas contempladas por la reciente reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional. La nueva normativa habilita esquemas de mayor flexibilidad para adaptar la organización del trabajo a ciclos productivos más inestables.
Desde el sector sindical reconocen que mecanismos similares ya fueron utilizados en otras terminales automotrices como Ford, Toyota, Mercedes-Benz y Volkswagen. Sin embargo, la diferencia actual radica en que la desaceleración industrial se produce en un escenario más amplio de debilitamiento económico, donde la incertidumbre sobre la recuperación de la demanda continúa siendo elevada.
Fuentes de la actividad adelantaron que podrían avanzar acuerdos similares en otras empresas automotrices y autopartistas si la situación no mejora durante los próximos meses. Entre las firmas que analizan alternativas aparecen compañías vinculadas a las cadenas de Renault, Stellantis y otros proveedores industriales.
Más allá del nombre técnico, el banco de horas refleja una realidad concreta: las fábricas buscan preservar empleo mientras esperan una recuperación que todavía no llega. En el corazón industrial del norte bonaerense, la preocupación ya no pasa por aumentar la producción, sino por evitar que la crisis siga apagando líneas de montaje y destruyendo puestos de trabajo.


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