Kicillof acusó a Milei por los fondos de las rutas: "Se está robando todos esos recursos"

El gobernador bonaerense escaló la pelea por casi $1,5 billones recaudados mediante el impuesto a los combustibles. Apuntó contra la subejecución de fondos con destino vial mientras Economía los utiliza para sostener el equilibrio fiscal.
Política 11/08/2026

NOTA VIAL Axel Kicillof encontró un flanco incómodo para Javier Milei y decidió meter el dedo hasta el fondo. El gobernador bonaerense se subió a la polémica por los recursos del impuesto a los combustibles que tienen destino vial y lanzó una acusación sin anestesia contra el Presidente: "Milei se está robando todos esos recursos". Detrás de la frase aparece una discusión bastante más seria que otra pelea entre Nación y Provincia: cuánto del superávit fiscal se sostiene demorando gastos que tienen financiamiento específico.

La controversia estalló por los casi $1,5 billones recaudados mediante el impuesto a los combustibles que deberían alimentar, entre otros destinos previstos legalmente, el sistema de infraestructura vial. La discusión no es si el impuesto se cobra. Se cobra cada vez que alguien carga combustible. La pregunta es cuánto de ese dinero vuelve efectivamente a las rutas.

Kicillof aprovechó la presentación de las nuevas instalaciones de Aubasa, cerca del peaje de Hudson, para contrastar la política vial bonaerense con la parálisis nacional. "Cuando cada trabajador carga combustible está contribuyendo a un fondo con asignación específica para mantener y expandir la red vial argentina", planteó. Después llegó la acusación política: esos recursos, sostuvo, no están regresando a las obras para las cuales fueron recaudados.

La ofensiva había comenzado antes con Gabriel Katopodis. El ministro de Infraestructura bonaerense viene denunciando el deterioro de rutas nacionales y cuestionando que Nación continúe percibiendo recursos mientras mantiene frenadas buena parte de las obras.

 

El superávit también se discute por lo que no se paga

El Gobierno terminó agregándole combustible al conflicto mediante su propio vocero. Adrián Ravier reconoció que una parte de los recursos se destina al sistema vial y otra queda bajo administración de Economía como parte del esfuerzo para alcanzar el equilibrio fiscal. Cuando volvió sobre el asunto evitó precisar montos y defendió un cambio de paradigma en la obra pública.

Ese reconocimiento abrió el verdadero problema. Si una partida con destino determinado permanece sin ejecutar, el gasto público naturalmente baja. Y si el gasto baja, mejora el resultado fiscal. Contablemente funciona. Políticamente también, hasta que alguien pregunta por la ruta que debía financiar ese dinero.

Eso es justamente lo que Kicillof busca instalar. No discute solamente el estado del asfalto. Ataca uno de los principales activos políticos de Milei: la calidad del superávit. Su argumento es que una parte del resultado fiscal puede estar construida no sobre mayor eficiencia estatal, sino mediante obligaciones que el Estado posterga aun cuando ya recaudó recursos para atenderlas.

La Provincia encontró además un escenario perfecto para montar el contraste. Mientras cuestionaba a Nación, Kicillof mostraba inversiones y tecnología para Aubasa y reivindicaba la obra pública como herramienta de desarrollo. La puesta en escena no tuvo nada de casual: frente al Estado nacional que abandona rutas, un Estado provincial que pretende mostrarse haciendo exactamente lo contrario.

La discusión recién comienza porque el problema excede a Buenos Aires. Las rutas nacionales atraviesan provincias, transportan producción y conectan economías regionales. Su deterioro aumenta costos logísticos, rompe vehículos y termina trasladándose al precio de lo que circula por ellas.

Milei hizo del superávit fiscal la piedra basal de su programa y cualquier cuestionamiento sobre cómo se obtiene toca el corazón de su relato económico. Kicillof lo entendió y eligió pegar ahí. Porque una cosa es explicar que no hay plata para hacer una ruta. Otra bastante más difícil es explicar por qué se cobró el impuesto destinado a mantenerla, la ruta sigue rota y la plata ayuda a cerrar las cuentas.

  

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