
A 50 años de la Noche de los Lápices, estudiantes de Zona Norte marcharán en San Fernando
Cincuenta años después, esta vez serán otros estudiantes secundarios los que caminen las calles. Jóvenes de Vicente López, San Isidro, San Martín y San Fernando se movilizarán el sábado 5 de septiembre para recordar la Noche de los Lápices y, al mismo tiempo, recuperar una historia menos contada: la de los alumnos, trabajadores y militantes de Zona Norte que fueron víctimas del terrorismo de Estado durante la última dictadura.
La convocatoria está organizada por la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) de los cuatro distritos. Será una jornada regional previa a la movilización del 16 de septiembre en La Plata, cuando se cumpla medio siglo del operativo que convirtió la persecución contra estudiantes secundarios en uno de los símbolos más fuertes de la represión ilegal.
La marcha comenzará en Plaza Canal, ubicada en avenida Del Libertador y Colón, continuará por Plaza Mitre y llegará hasta la Escuela de Educación Secundaria N°6 José Gervasio Artigas. Allí habrá un acto y los estudiantes leerán un documento.
El recorrido no fue elegido para completar un mapa. Cada extremo guarda una parte de la historia de San Fernando.
Plaza Canal está señalizada como Sitio de Memoria y fue escenario de trabajos de búsqueda de restos de víctimas del terrorismo de Estado. La Secundaria N°6 conserva, por su parte, la memoria de 20 estudiantes desaparecidos. La comunidad educativa los recuerda mediante baldosas colocadas en su homenaje.
Una memoria que también tiene domicilio en Zona Norte
Cuando se habla de la última dictadura, buena parte del relato nacional queda inevitablemente concentrado en los grandes centros clandestinos, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo o los episodios que alcanzaron mayor trascendencia pública. Pero la represión tuvo una geografía concreta y el norte del Conurbano fue una de sus zonas más castigadas.
Durante aquellos años, el territorio quedó comprendido dentro de la denominada Zona 4 del dispositivo represivo militar, que tenía a Campo de Mayo como pieza central. A la vez, Vicente López, San Isidro, San Martín y San Fernando formaban parte de un corredor con fuerte actividad fabril, organización sindical y participación política.
Por eso la movilización del sábado incorpora una dimensión territorial que va más allá de la conmemoración. Los estudiantes actuales caminarán por lugares donde aquella historia ocurrió. No viajarán primero a La Plata para buscar memoria: empezarán encontrándola en sus propios barrios.
La Noche de los Lápices ocurrió el 16 de septiembre de 1976. Diez jóvenes de entre 16 y 18 años fueron perseguidos en un operativo represivo. Habían participado de la militancia estudiantil y entre sus reclamos estuvo el boleto secundario.
Pablo Díaz, Emilce Moler, Gustavo Calotti y Patricia Miranda sobrevivieron y pudieron posteriormente aportar sus testimonios. María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Claudio de Acha, Daniel Racero, Francisco López Muntaner y Horacio Ungaro continúan desaparecidos.
Medio siglo después, sus nombres pertenecen a una generación que los chicos que marcharán el sábado conocen por libros, clases, documentales, baldosas y relatos familiares. Esa distancia temporal plantea también un desafío: cómo transmitir una experiencia que para los abuelos fue presente, para muchos padres fue memoria cercana y para los adolescentes actuales ya pertenece a un pasado anterior incluso al nacimiento de sus familias más jóvenes.
Ahí aparece el valor comunitario de una actividad de estas características. La memoria deja de ser solamente una fecha del calendario escolar cuando puede vincularse con una esquina, una escuela, una plaza o el nombre de alguien que estudió en el mismo edificio.
La convocatoria busca además ser amplia y reunir sectores educativos, sociales y políticos de la región. Once días después, los estudiantes viajarán a La Plata para participar de la movilización central por el aniversario.
Antes tendrán la suya.
Y quizás ese sea el gesto más potente de la jornada de San Fernando. Cincuenta años después de una dictadura que quiso borrar personas, historias y militancias, otros estudiantes volverán a ocupar las calles con sus propios cuerpos y sus propias preguntas. Ya no para repetir exactamente las consignas de 1976, sino para hacer algo indispensable para cualquier comunidad: saber quién caminó esas mismas calles antes que ellos y conseguir que sus nombres no desaparezcan otra vez.



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