
La UCR cruzó a De la Torre por su plan para separar al Conurbano: "Es renunciar a gobernar"
La propuesta de Joaquín de la Torre de sacar al Conurbano de la provincia de Buenos Aires consiguió algo que probablemente no estaba en los cálculos iniciales: que el rechazo empezara a desbordar al peronismo. Esta vez fue Pablo Nicoletti, presidente de la Convención bonaerense de la UCR, quien cuestionó la idea de convertir los municipios metropolitanos en distritos federales dependientes de Nación. Y eligió pegar donde más duele: en la sospecha de que, detrás de la reforma, hay una renuncia a gobernar la complejidad bonaerense.
"Parece que algunos odian el Conurbano. Como no pueden transformar la Provincia, la solución que encuentran es achicarla. Eso no es audacia: es renunciar a gobernar", disparó Nicoletti.
El dato político tiene su gracia. Era previsible que el peronismo saliera a defender el territorio donde concentra buena parte de su poder electoral. Menos automático era que una voz institucional del radicalismo bonaerense cuestionara con semejante dureza una propuesta surgida de un dirigente identificado con la derecha provincial.
Porque la discusión dejó de ser solamente sobre De la Torre. Empieza a ser sobre qué hacer con el Conurbano.
Sacar el problema del mapa no resuelve el problema
La propuesta plantea que los municipios metropolitanos dejen de pertenecer a Buenos Aires y pasen a depender directamente del Estado nacional. Desaparecería allí la jurisdicción provincial y sus habitantes ya no elegirían gobernador, diputados ni senadores bonaerenses. También cambiaría por completo el esquema de recaudación y prestación de servicios.
Nicoletti llevó la lógica hasta el absurdo para mostrar el problema: "Como IOMA funciona mal, entreguemos IOMA. Como los hospitales están colapsados, entreguemos los hospitales. Como fallan la educación y la seguridad, entreguemos las escuelas y la Policía. Y, de paso, que los sueldos los pague otro".
La ironía apunta al corazón de la iniciativa. El Conurbano tiene problemas monumentales de infraestructura, seguridad, transporte, vivienda, salud y administración. Pero convertir esas dificultades en argumento para amputarlo de Buenos Aires supone una solución bastante particular: si una habitación de la casa tiene humedad, en lugar de arreglarla se modifica el plano para declarar que ya no pertenece a la propiedad.
De la Torre propone además eliminar Ingresos Brutos en los distritos federalizados. Suena atractivo hasta que aparece la segunda mitad de la cuenta: Buenos Aires perdería también una porción gigantesca de su recaudación y dejaría de financiar servicios que deberían asumir Nación o los municipios. No desaparece el costo. Cambia quién cobra y quién paga.
El cambio electoral sería todavía mayor. Millones de habitantes del GBA continuarían votando presidente e intendentes, pero quedarían afuera de la elección del gobernador y de la Legislatura bonaerense. El interior pasaría a dominar completamente la política provincial y Buenos Aires emergería como un distrito territorial, económico y electoral radicalmente diferente.
Por eso Nicoletti definió la iniciativa como "antifederal" y como un retroceso democrático. Su alternativa también tiene una carga política propia: reclamar a Nación mayores recursos para Buenos Aires y, simultáneamente, transferir más autonomía desde La Plata hacia los municipios.
Ahí aparece una discusión bastante más interesante que simplemente serruchar el mapa. Buenos Aires tiene una relación fiscal históricamente conflictiva con Nación y, hacia adentro, un centralismo provincial que también merece revisión. Discutir recursos, coparticipación, competencias municipales y representación es perfectamente razonable.
Otra cosa es construir una especie de cinturón federal alrededor de la Capital, separar a millones de bonaerenses de su provincia y vender la amputación como modernización administrativa. La analogía con un apartheid territorial puede resultar extrema porque aquí no existe segregación racial, pero ayuda a mostrar el problema político de fondo: crear ciudadanos metropolitanos sometidos a un régimen institucional distinto por el lugar donde viven.
Y quizá el mayor problema para De la Torre sea que el rechazo ya no puede presentarse simplemente como una defensa corporativa del peronismo. Cuando también desde la UCR bonaerense empiezan a preguntar quién decidió que para arreglar Buenos Aires primero hay que partirla, el debate cambia.
El Conurbano necesita una reforma profunda. Puede discutirse cómo financiarlo, gobernarlo y descentralizarlo. Lo verdaderamente difícil será explicar por qué, después de décadas prometiendo gobernar sus problemas, la gran innovación consistiría en sacarlos del mapa.



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