
El crecimiento existe, pero no para la mayoría de los argentinos: trabajadores, pymes y comercio están afuera
El Gobierno nacional encontró en el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) uno de los principales argumentos para defender el rumbo económico. La desaceleración de la inflación, el equilibrio fiscal y la recuperación de la actividad forman parte del núcleo del discurso oficial. Sin embargo, cuando el análisis baja del promedio estadístico a la economía que viven las familias y las pequeñas empresas, aparece una paradoja difícil de ignorar: el PBI avanza, pero el consumo cotidiano sigue sin encontrar un piso firme.
La explicación comienza por entender quiénes están impulsando el crecimiento. Los datos oficiales muestran que la recuperación se concentra en actividades como la energía, la minería, el complejo agroexportador y la intermediación financiera. Son sectores con fuerte capacidad para generar valor agregado y divisas, pero con una incidencia mucho menor sobre el empleo y el mercado interno que la industria manufacturera, el comercio o las pequeñas y medianas empresas, que todavía operan por debajo de los niveles previos al cambio de gobierno.
Las exportaciones reflejan con claridad ese fenómeno. De acuerdo con el INDEC, las ventas externas crecieron un 35,8% entre el último trimestre de 2023 y el primer trimestre de 2026, impulsadas principalmente por los sectores primarios. Al mismo tiempo, el consumo privado aparece en las cuentas nacionales con una expansión del 10,6%, convirtiéndose nuevamente en uno de los principales motores del crecimiento económico.
Sin embargo, esa mejora del consumo oficial entra en tensión con prácticamente todos los indicadores que miden lo que ocurre en la economía diaria. Allí aparece una de las principales discusiones entre economistas y consultoras privadas: mientras las cuentas nacionales muestran un consumo en expansión, la microeconomía continúa reflejando un escenario mucho más frágil.
La economía crece por arriba, pero el consumo sigue estancado
Los salarios reales dejaron de recuperar terreno durante los últimos meses y comenzaron a mostrar una tendencia al estancamiento, según distintos relevamientos privados. Ese comportamiento resulta consistente con una serie de indicadores que reflejan un consumo debilitado.
La consultora Scentia registró en junio la sexta caída mensual consecutiva del consumo masivo y una retracción acumulada del 2,9% durante el primer semestre de 2026 respecto del mismo período del año anterior. En supermercados la baja alcanzó el 4,6%, mientras que en los autoservicios mayoristas retrocedió un 3,8%.
El deterioro también aparece en otros estudios. Un informe de C-P mostró que entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 las ventas en supermercados disminuyeron un 9,1% en términos reales; los autoservicios mayoristas retrocedieron un 20,6% y las ventas de electrodomésticos se desplomaron un 36,4% hasta marzo de este año. A su vez, los datos relevados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) continúan mostrando un comercio minorista que no logra consolidar una recuperación sostenida.
¿Por qué entonces el INDEC registra un consumo en crecimiento? La respuesta está menos vinculada con una explosión de compras que con la metodología utilizada para construir las cuentas nacionales.
Especialistas en economía explican que el consumo dentro del PBI no mide únicamente lo que compran las familias en supermercados o comercios de cercanía. También incorpora gastos que crecieron de manera significativa durante el último año, como tarifas de servicios públicos, alquileres, medicina prepaga y otros consumos difíciles de evitar. Además, la medición promedia comportamientos muy distintos entre sectores sociales.
En otras palabras, una caída en la compra de alimentos puede convivir con un aumento en la adquisición de automóviles importados, viajes al exterior o bienes de alto valor por parte de los sectores de mayores ingresos. El resultado estadístico muestra un consumo agregado en expansión, aunque una porción importante de la población haya reducido sus compras esenciales.
Ese cambio también expresa una modificación en la distribución del ingreso. Mientras algunos sectores lograron recuperar capacidad de consumo, amplios segmentos de trabajadores, jubilados y pequeños comerciantes continúan ajustando gastos para sostener su economía doméstica.
La consecuencia es una economía que crece desde sectores muy específicos mientras buena parte del entramado productivo vinculado al mercado interno permanece estancado. La macroeconomía ofrece indicadores positivos, pero la microeconomía sigue enviando señales de alerta.
Esa distancia entre los grandes números y la realidad cotidiana explica buena parte del debate económico actual. El crecimiento existe y las estadísticas lo muestran. Lo que todavía no aparece es el derrame sobre el consumo popular, el comercio y las pymes, que continúan siendo el termómetro más sensible de una economía donde el PBI avanza más rápido que el bolsillo de los argentinos.


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